29/12/12

con nuevos ojos


Estoy leyendo Rayuela. Otra vez. Y prometo que lo volveré a hacer una vez que aprenda francés. Tal como lo había previsto aquella vez, una segunda lectura en una etapa diferente de mi vida generó otras inquietudes, me sorprendió en otros aspectos, saboreé cosas que la primera vez pasé por alto. Como esta, que me hizo pensar en la tarea periodística:

"Por todo eso traigo las hojas a mi pieza y las sujeto en la pantalla de una lámpara. Viene Ossip, se queda dos horas y ni siquiera mira la lámpara. Al otro día aparece Etienne, y todavía con la boina en la mano, Dis donc, c’est épatant, ça!, y levanta la lámpara, estudias las hojas, se entusiasma, Durero, las nervaduras, etcétera.
Una misma situación, dos versiones... me quedo pensando en todas las hojas que no veré yo, el juntador de hojas secas, en tanta cosas que habrá en el aire y que no ven estos ojos..."

(Primeras líneas del capítulo 84)

11/12/12

acá estoy


La belleza se esconde en lo simple porque allí son pocos los ojos que, 
como los tuyos, la encuentran.

6/12/12

recuerdos


No había opción, había que abrir cajones y placares, cajas, bolsas y más bolsas. La casa de mamá tenía que dejar de ser el depósito de las cosas que se guardan por si acaso. Tenía que pasar algo así para que de una vez por todas me hiciera cargo de mis trastos y aceptara que aquello que no usé en dos años no lo voy a usar más, o me trajera a casa lo que por alguna razón no me soltaba.
Para organizarme mejor dispuse tres montoncitos: el de las cosas para regalar, el de las cosas para tirar y el de las cosas para llevarme a casa. Parecía sencillo, sin embargo, cada objeto con el que me reencontraba desempolvaba recuerdos y como meterse en los vericuetos de la memoria lleva tiempo, la tarea consumió dos tardes.
Hay muchas razones por las cuales la gente se empecina en guardar ciertos objetos: porque se supone que pueden ser de utilidad en un futuro, porque tienen valor material, o porque pertenecieron a seres que ya no están y a falta de ellos preservan algo de lo que dejaron; sin embargo, creo que el motivo principal por el cual la gente se resiste a deshacerse de algunas cosas son los recuerdos lindos. Sin ir más lejos, recordar los momentos en los que la pasamos bien son la razón de ser de las fotos.
Visto de esta manera, tener que haber invertido dos tardes en resolver qué hacer con tantas cosas que guardé me indica que pasé muchos ratos agradables, lo suficientemente agradables como para haber querido atesorarlos.
De todos modos, esa cantidad de papeles y chucherías no podían quedar allí y debía ponerme firme en la selección. Fui despiadada con los souvenirs de los bautismos de mis primos más chicos y con las últimas carpetas del colegio secundario pero no pude deshacerme de un cuadernito con mis primeros dibujos en el jardín de infantes, supongo que lo guardé con la idea de mostrárselo a Miguelina algún día. A las muñecas Barbies, aunque en unos años mi hija las considere un montón de plástico viejo, tampoco las pude regalar. Me traje a casa un par de álbumes llenos de fotos con gente que ya no viene a mis cumpleaños, con la idea de tirarlos a la basura en un par de meses; y mis primeras notas publicadas, porque esa emoción no tiene parangón.
Con cada decisión reviví charlas, frases puntuales que alguna vez alguien me dijo. Sensaciones. El olor a crema de coco de aquel verano con las chicas en Las Cañas. Los nervios incontenibles de los primeros días de ese noviazgo. El ramito de flores robadas. Un consejo de Luisina. Las lágrimas hirviendo en el pasillo del colegio. La canción que estaba de moda. El calor de las planchitas para el pelo antes de los cumpleaños de 15, en la casa de la Glon. El flash del boliche de Rocamora y Andrade; y más acá, la primera clase de locución y las caras afeitadas de quienes hoy siguen siendo mis amigos.
Despojarse, esa era la idea. Parar un rato, echar una mirada hacia atrás y volver, que al camino hay que seguirlo marcando y más adelante habrá nuevos montoncitos adónde acopiar trastos. Y como siempre ocurre, estarán los que a falta de valor afectivo se regalan; los que rotulados como basura se tiran, y los que por alguna razón no te sueltan.


Con la Glon, Celi, Ana, la negra y Lu en el bar del colegio. 

29/11/12

los principios

Escribir sí

Ganesha es panzón, por lo mucho que le gustan los caramelos. y tiene orejas y trompa de elefante. Pero escribe con mano de gente.
Él es maestro de indicaciones, el que ayuda a que a gente empiece sus obras. Sin él, nada en la India tendría comienzo.
En el arte de la escritura, y en todo lo demás, el comienzo es lo más importante. Cualquier principio es un grandioso momento de la vida, enseña Ganesha, y las primeras palabras de una carta o de un libro son tan fundadoras como los primeros ladrillos de una casa o un templo.

Eduardo Galeano. Espejos, una historia casi universal


Robé esto de por ahí por una frase, la que dice que cualquier principio es un grandioso momento de la vida. En historias de amor considero que si el comienzo no es grandioso entonces la historia no lo será. Directamente no será historia. Más o menos lo mismo pienso de los textos, pero de eso ya hemos hablado bastante. Ahora prefiero detenerme a pensar en principios más cotidianos que pasamos por alto sin observar su grandiosidad: 
Como el principio de cada día, con los ruidos de la calle que se acercan y se confunden con el sueño. El lento y pesado abrir de los ojos. Esa luz que entra. La almohada tibia.
Como los primeros pasos de la elaboración de una torta, cuando las yemas de los dedos se encuentran con la harina. Las pequeñitas partículas que vuelan y caen dispersas sobre la mesa. La madera de la mesa. La rugosidad que le dejaron viejas amasadas. La incorporación de los elementos húmedos. La unión. El olor a vainilla.
Las primeras palabras de una conversación, cuando el color de la voz de uno llega al otro y se reconoce; o se desconoce y se descubre.
O el primer mordisco en un durazno, cuando la lengua se encuentra sorpresivamente con la felpa fresca y seca de la fruta, cuando cruje la piel y brota el dulce. Cuando los ojos descubren el color. 
El resto de los bocados no serán tan sensacionales como este.

En abril de 1896, el señor John C. Rice (Billy Bilke) le dio a la señorita
May Irwin (Beatrice Byke) el  primer beso de la historia del cine.




20/11/12

prueba y error

Benja

Dos días antes de su cuarto cumpleaños Benja tuvo una idea, pero no se la dijo a nadie. Benja quería saber algo y sólo la experiencia le daría la respuesta.
En la casa estaban él, su hermana de seis años y sus papás. Ninguno de ellos iba a inhibirlo, pues tenía con todos la confianza suficiente como para hacerlos partícipe del experimento, de arriesgarlo todo sin temor al fracaso. Ellos no iban a quererlo menos si la cosa no salía como la esperaba.
Entonces empezó a saltar. Saltó. Saltó otra vez. Dio un salto cortito, uno hacia adelante y otro con más envión. Saltó lo más alto que sus piernitas delgadas le permitieron y siguió saltando un rato más sin dejarse vencer por la fatiga que la tarea le provocaba.
-¡Qué bien, Benja!, le dijo el papá pensando que quizás el niño buscaba llamar la atención y necesitaba algunos aplausos, ¡qué bien!.
Pero Benja no pretendía recibir halagos.
Con la respiración agitada y en su media lengua se reconoció vencido y lamentó: ¡No puedo volar!

12/11/12

querer ser chica


Para andar en la bici roja. Treparme en el pino inclinado de la plaza Ramírez. Hacer equilibrio con Petra en los alambrados de Sarandí y castillos de arena con Matías y Martín en esos extraños bulevares.
Para tomar mate cocido con la abuela Yiya y el abuelo Paco, sentados en el patio.
Para enterrar monedas con la esperanza de desenterrarlas en algún futuro habiendo recordado a cuántos pasos del árbol y en qué dirección había dispuesto dejar "el tesoro".
Para tomar la leche y comer tostadas con manteca en lo de Caro, mirando a Flavia en la tele.
Para inventar coreografías con las canciones de Los Rodríguez, a pesar de no terminar de entender muy bien las letras.
Para viajar a La Plata con mami a visitar a Claudio. Y para que cuando venga Claudio de La Plata mami haga helado casero.
Para batir un nuevo record saltando a la cuerda.
Para subirme a mi hamaca preferida de la plaza Urquiza y que papá me empuje bien fuerte. Y que después me compre en el kiosco una bananita Dolca y un paquete de pastillitas Yapa.
Para sentir el olor a humedad de la piecita del fondo de la casa de la abuela Adela, donde está lleno de libros, algunas fotos viejas y dentro de una bolsa de tela, las piezas de un juego de ajedrez.
Para escuchar el silbido del señor que afila cuchillos en las siestas sordas de Gualeguaychú en verano.
Para nadar en el río hasta que llegue la tardecita y mis dedos estén arrugados "como los de una vieja".
Querer ser chica.
Para tener ganas (y no miedo) de seguir creciendo.



6/11/12

tecnología, bien gracias

La agenda de Damián

Mientras que el mundo moderno se desvive por avanzar en nuevas tecnologías que le permiten crear recordatorios y agendar aniversarios y cumpleaños, él insiste en anotar en pañuelitos descartables lo que no tiene que olvidarse de hacer.

25/10/12

28 de septiembre

Poco tiempo después alguien le diría que ese era el día del hincha de River, pero hasta pasado el mediodía no sólo desconocía ese dato sino cualquier otro que tuviera que ver con esa fecha pues ese era para ella un día como cualquier otro. En realidad no como cualquier otro, sino como esos días que no le recordaban a nada ni a nadie. No había cumpleaños, ni aniversarios ese día. Tampoco era feriado, ni cambio de estación. De no ser por aquello que sucedió, hubiera llegado la noche y ese hubiera pasado simplemente como un día más.
Pero quisieron las cosas que ese día se le cambiara la vida.
Después de una ligera ecografía tomaron asiento, el médico corroboró la fecha agudizando la vista frente a un almanaque de escritorio y le dijo sin preámbulos: "Tu bebé va a nacer hoy"; mirando esta vez también al hombre que venía acompañándola en cada una de las consultas agregó: "Vengan como a las cinco de la tarde que a las y media hacemos la cesárea".
Dos oraciones convirtieron ese día hasta el momento tan zonzo, en el más emocionante de todos. 
La siesta duró un siglo. 
Solos en la habitación (donde había empezado todo) se miraron a los ojos, casi no hablaron, se quitaron los zapatos y se recostaron, se abrazaron nerviosos, ella lloró un poco y creo que a él se le mojaron los ojos. También se sacaron fotos, porque en las próximas ya no habría panza y estaban acostumbrados a la panza; y luego rezaron, él arrimó su frente a la de ella, se tomaron fuerte de las manos y pidieron al cielo tranquilidad, gracia que llegó junto a la certeza de que todo iba a andar bien.
Miguelina viene llegando, recordó. Al fin lo imaginado tendría rostro, tendría olor.
Ese día, que había comenzado como cualquier otro, se fue sin que se diera cuenta. No supo cuándo amaneció de nuevo. No supo ni quiso saber nada de lo que ocurría allá afuera. 
Creía conocer el amor, estaba convencida de que lo había experimentado, que reconocía sus síntomas, pero cuando la vio por primera vez entendió que nada de lo antes sentido se comparaba con eso que ahora sentía. Esta vez el amor la desbordaba, le brotaba convertido en lágrimas y en leche. No le cabía dentro.
Ese día sintió que trascendía. 

23/10/12

un regalo para mamá


No me gusta demasiado que sea una foto de cocinas la que ilustre la noticia. 

22/10/12

no se qué hacer con tanta luz

Pocas veces he utilizado este espacio para compartir videos a pesar de que hay muchos suspensivos que se merecerían un lugarcito en este blog.
Esta grabación de la canción Diamante, de Jorge Fandermole acompañado por su guitarrista Marcelo Stenta lo merece.
Recuerdo la primera vez que escuché este tema. Fue acá en Gualeguaychú y por el mismísimo Fander. Aquella noche, antes de cantarlo él se refirió (con otras palabras) a esas cosas que en la vida nos pasan una poco de repente, sin buscarlas demasiado y que nos colman de felicidad. Esos regalos de gran valor. Esos diamantes.
Últimamente la estoy escuchando seguido, pues hay unos muchachitos por estos pagos que están preparando su propia diamantina versión.





Y si por acá anda alguien que como a mí, le gusta escuchar las canciones leyendo las letras, copio y pego:


Me han regalado un diamante y no se qué hacer con tanta luz;
abro mi mano un instante y brilla hasta el cielo limpiando el azul.
Es sobre todas las cosas mi piedra preciosa invisible en su faz
y en el envés transparente su forma latente se vuelve real.

Quién sabe por qué misterio elige mi pecho para anidar;
de qué incendiado silencio vendrá, de qué punto del mapa estelar.
Me agujereó la camisa marcándome adentro su cronicidad,
su pulsar de lejanía con relojería de puro cristal.

Ahora voy ya sin aliento planeando en el viento llevándolo al mar.
Voy a arrojarlo a la espuma entre el agua y la duna y a verlo brillar.
No puedo llevar conmigo este brillo cautivo, esta piedra lunar;
en mi campo oscurecido su luz de infinito no puede durar;
y él fulgura, fulgura, y me ciega su precioso don;
fulgura, criatura, libre de la noche de mi corazón.

A veces llega del cielo un presente que nunca nadie previó;
pero existe uno tan bello del que no quisiera tomar posesión.
Vino su luz del vacío y me duele ponerlo de nuevo a viajar;
este regalo tardío no puede ser mío sino del azar.

15/10/12

la industria del pezón

Créanme, hay muchas personas pensando en pezones; estudiando el comportamiento de los pezones, observando los tipos de piel de los pezones, las diferentes formas, tamaños y las reacciones de los pezones ante determinados factores.
Hay gente que tiene un pezón en la cabeza.
Hay gente que se ha llenado de plata los bolsillos gracias a los pezones.
Pensarán en los fabricantes de corpiños, pero no es a ellos a quienes me refiero, sino a los creadores de productos pensados pura y exclusivamente para el cuidado y sanación de los pezones cuando éstos están abocados al amamantamiento. Me refiero a los inventores de los escudos formadores del pezón, que como la palabra lo dice le dan forma de pezón al pezón poco agraciado; a quienes idearon los aireadores del pezón, que evitan el roce y permiten la cicatrización de los pezones heridos por la succión de los bebés; a quienes desarrollaron la línea de cremas de caléndula para pezones sensibles y agrietados, que alivian y suavizan a los pezones y que por ser atóxicas no le hacen mal al bebé si la mamá no se la quita antes de dar la teta; a los fabricantes de protectores mamarios, que evitan que las segregaciones de leche traspasen los corpiños y remeras de las madres, y a quienes sacaron al mercado las pezoneras siliconadas que se adaptan a los pezones y permiten así, amamantar sin dolor.
Ahora, que probablemente me hayan creído que hay gente pensando en los pezones, créanme también, mujeres, que agradecerán la existencia de esta gente cuando empiecen a dar de mamar, porque es hermoso, porque vale la pena. Porque, como dijo Maitena "es la síntesis perfecta entre mamá y amar".


12/10/12

mamá

"No tengo palabras para describir lo que siento", vaya si habré escuchado esa frase. Y cada vez que la oía pensaba que no encontrar palabras en nuestra lengua era imposible, que a quien decía aquello le hacía falta un diccionario porque si hay algo que en estas tierras abundan son las palabras.
Sin embargo la vida, una vez más, me baja el copete. Y acá estoy, dándole vueltas al asunto porque sé que algo tengo que escribir pero no se exactamente qué, ni cómo. Inventé este blog porque descubrí que nos rodean mundos sin prensa, demasiado simples como para salir publicados en los medios tradicionales pero lo suficientemente conmovedores para hacernos sonreír, asustar, o llorar; para cautivarnos, suspendernos. Cosas así nos ocurren a cada rato cada día. Ya lo dijo Borges mejor que cualquiera: “Entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza ignorar”. Entendido de esta manera, materia prima no me ha faltado nunca; pero ahora, que acabo de vivir lo más intenso y visceral de mis días, me faltan las palabras.

Miguelina y Sabina


27/9/12

Miguelina viene llegando

Hay gente, como Marga, que tiene el grandioso don de hacerle honor a nuestra lengua. Gente, como Marga, que conoce las palabras, les sabe su peso, su color, y las pone en el lugar adecuado.
Allí donde va una, no va otra. Así escribe Marga, sencillamente hermoso. Orgullosas están ellas, las palabras, porque las usa con amor. Como si vistiera a una muñeca y al finalizar la perfumara.

Hoy Marga le regaló un texto a Sabimamá, y a Sabimamá se le llenaron los ojos de lágrimas y el corazón de emoción.


Vida entre tu vida, 
remolino de luz 
viene llegando tu niña, 
ajena al tiempo, 
 a tus tiempos... 
Soles y lunas 
acunaron tus desvelos 
alargando la espera 
fogoneando el deseo 
de tenerla entre tus brazos
en tu pecho de luna llena, 
Sabi, 
Miguelina viene llegando...






26/9/12

celeste

Hoy el cielo tiene el color de sus ojos.

12/9/12

el trabajo de los niños

El último día del niño, el grupo de apoyo escolar de Caritas de la Catedral de Gualeguaychú llevó al parque a los chicos de la Guardería Nazaret. Allí les entregaron los derechos del niño, conversaron un poco y les pidieron que el que quiera tome algún derecho y escriba algo.
El viernes siguiente, una nena de 11 años entregó esto:


Los derechos del niño 
Un día 5 niños que vivían en un rancho estaban solos en su rancho, sus padres se fueron a un casino a jugar. Cuando sus padres llegaron a su rancho ya era muy tarde y los chicos ya estaban dormidos, entonces su padre los disperto para que salgan a pedir comida y plata. Porqué ellos abían perdido toda la plata que les quedaba , ni los niños ni ellos tenian para comer, por eso los mandó a pedir. Aunque no era la primera vez que los chicos salian a pedir ya estaban muy acostumbrados. 
Por eso existen los derechos del niño para que los chicos no salgan a pedir y para no trabajar porque los trabajos los hacen los adultos. Los chicos trabajan en la escuela.

8/9/12

una noche como esta II

Tanta lluvia me ha vuelto memoriosa, no tanto como Funes pero sí más de lo que habitualmente soy. El 3 de septiembre no esperaba acordarme que se cumplían nueve años de la primera vez que sentí el vértigo del aire de radio y sin embargo pude revivir y dejar escritas en este blog aquellas primigenias sensaciones.
Hoy, que de casualidad me di cuenta que es ocho de septiembre, me acordé que hace tres años estaba en una de las aulas de la U.C.U defendiendo mi tesina de periodismo. Pelo planchado, brillo en los labios, pollera negra y medias can can del mismo color; camisa, tacos y sobretodo. Nervios, satisfacción y frío. Había olvidado por completo las indicaciones de la profesora de Oratoria y no dejé de mover las manos mientras explicaba el desarrollo de la investigación que me había tenido en vilo un año entero: la construcción de las noticias relativas al conflicto entre Argentina y Uruguay por la instalación de fábricas de pasta de celulosa en el río Uruguay. 
De público, además del tribunal evaluador, había un grupo de estudiantes de la carrera que probablemente hayan querido ver lo que en algún momento les llegaría; la tía Marga y el mayor de sus hijos, el inevitablemente querible Martín Ignacio. En primera fila y cerca de la puerta estaban Mariela, José y la Chula que no paraban de sacar fotos y grabar. También Jes y Clau; y en el centro del aula y con mirada expectante, mis viejos, los dos. Regalo de Dios. Les dediqué cada palabra esa noche, porque fue gracias a ellos que pude estudiar lo que quería. Vaya si se merecían verme recibida después de los esfuerzos que hicieron.
Defendí el trabajo y me aprobaron con un ocho. Volvimos a Gualeguaychú y escondidos detrás de un auto me esperaban Darío, la Glon y Rocío sacudiendo una botella de sidra que terminó toda en mi sobretodo y mi pelo planchado. En la puerta de casa habían pegado globos y un cartel que decía "felicitaciones amiga periodista". Comimos empanadas y brindamos.

3/9/12

una noche como esta

En el 2003 el 3 de septiembre cayó miércoles. Más o menos a la hora en la que escribo esto, con mi amigo José nos estábamos preparando para dar comienzo al primer programa de radio juntos. Él ya había incursionado en la radiofonía, yo no; y si bien ya llevábamos medio año de la carrera de Locutor Nacional de Radio y Televisión cursado, tenía nervios.
El programa se llamaba Escape. La radio, que según tengo entendido desapareció del dial uruguayense, era radio City, y se la encontraba a duras penas entre el 96 y el 97 de la frecuencia modulada. Era una emisora modesta, sin mucha publicidad y con la cantidad de oyentes necesarios como para nutrirse.
Al lado del estudio había una cancha de fútbol 5, y el aislamiento acústico con el que contábamos no bastaba para evitar que los pelotazos contra la pared que compartíamos salieran al aire.
Para ese primer programa llevamos material suficiente para leer y luego comentar, sobre temas livianos como diferencias entre el hombre y la mujer, efemérides, y además preparamos una interesante selección de temas musicales.
El operador era un chico del barrio, amigo de la infancia de José, que se llamaba Ricardo pero yo insistía en llamar Roberto. Buen pibe, con una paciencia enorme y una mirada buena.
Marbot, que al programa siguiente se sumaría, nos acompañaba desde el otro lado de la pecera.
Recuerdo no haber sentido el aire hasta tanto no llamó un oyente. Hasta ese momento todo se parecía a las prácticas que hacíamos en la facu, o peor, porque sin alguien que evaluara carecía totalmente de sentido. Saber que había alguien en alguna habitación de alguna casa prestando atención a nuestras palabras y participando del mundo que proponíamos fue magia pura.
Entonces parecía un juego, pero era real.
Y pensándolo bien, algo de juego hay en esto de hablarle a seres imaginarios, volátiles y sin rostro que están del otro lado, en algún lado, pero en realidad cuya presencia y atención no la podemos asegurar.

1/9/12

los beneficios y las necesidades de la mujer redonda

En Noruega las mujeres tienen un año y medio de licencia posparto paga, y el cónyuge tres meses de licencia paga obligatoria. En Argentina la licencia es bastante más corta, pero aún así, siendo mujer argentina embarazada he podido gozar de ciertos privilegios. 
La mayoría de los supermercados tienen una caja especial para personas que no están en condiciones de permanecer mucho tiempo paradas esperando, entre las que se encuentran las embarazadas. También suele haber playas de estacionamiento donde las futuras mamás cuentan con un lugar específico cerca de la puerta de acceso para dejar el auto.  Los encargados de seguridad de los bancos detectan al toque la cara de perrito mojado de una panzona ante la extensa cola hasta el cajero, y la acompañan hasta la ventanilla para avalar la justificación de tantos adelantamientos. También hay programas y planes del gobierno diagramados para las mujeres embarazadas sin cobertura de una obra social. 
Pero más allá de lo establecido por ley están la solidaridad y el sentido común de la gente. Las panzas con bebés adentro inspiran ternura. Las panzas muy grandes con bebés adentro causan compasión. Sea por H o por B, a las embarazadas se les brinda el asiento si no hay uno libre para ella, se les da paso, y hasta algún caramelito masticable en pleno centro, como me ocurrió un día.
Todos estos mimos son la manera que tiene la sociedad de dar la bienvenida al futuro ciudadano y decirle a la mamá "te acompañamos, queremos que descanses, que estés con tu hijo, que no le pase nada, que te sientas bien". Y la idea es que así sigamos, porque la hostilidad hacia las mujeres en algunas empresas (por ser justamente posibles futuras madres, con todo lo que eso implica) no me gusta nada. Por otro lado, no sé si la licencia posparto en Argentina es suficiente o si haría falta extenderla, lo sabré después de que lo viva; lo que sí creo es que después del parto se le debería dar permiso al padre para que no vuelva al trabajo a los pocos días. Porque la madre deberá abocarse al bebé pero alguien debe ocuparse de ella, de contenerla durante tan novedoso proceso. 
Las embarazadas necesitamos un mundo más tierno, más lento, suave y redondo; y algo de eso tenemos, pero siempre (y acá viene la parte en la que nos justificamos con la revolución que nos producen las hormonas), siempre, siempre, necesitamos más.


24/8/12

números penales

En Entre Ríos, en los últimos seis meses han sido condenadas 120 personas, de las cuales 11 fueron declaradas reincidentes por la Justicia.
En total son 830 los internos en toda la provincia. Hasta hace un año atrás eran 780, pero desde hace varios años la población penal promedia los 800. En los últimos días se han ido incrementando, sobre todo en Concepción del Uruguay y en Paraná.
 En Gualeguaychú hay 123 internos alojados en la Unidad Penal N°2.
Hay 24 mujeres presas en toda la provincia. Ellas se encuentran alojadas en el penal de mujeres de la ciudad de Paraná, donde como mucho han llegado a ser 32. Nunca hubo superpoblación en el penal de mujeres.

La cárcel de Gualeguaychú hoy

Internos del 1900, ¿qué delitos habrán cometido?

La cárcel de Gualeguaychú en 1900

23/8/12

nervios

Están los que se comen las uñas, los que se muerden los labios, los que hacen movimientos cortitos y repetidos con los pies, los que se suenan los nudillos de los dedos de las manos, los que encienden un cigarrillo tras otro.
Todos (creo) tenemos o hemos tenido alguno de estos hábitos que por lo general se adoptan en situaciones en las que debemos controlar los nervios.
Recuerdo a compañeros del colegio masticando la punta del lápiz capitán en la hora de matemática, incluso la de aquellos lápices que tenían una pequeña gomita rosada; pero nunca había visto a alguien dejar a las lapiceras en este estado:

Lapiceras sobre la mesa del estudio de la radio

16/8/12

las panzas de la tarde

Hasta tanto la panza de una mujer embarazada no "se salte", lo que quiere decir no se note como tal, puede que ante los ojos de la gente que no está al tanto de su gravidez parezca más bien que está un poco gordita. Sin embargo, no hay manera de malentender los motivos de la panza que le crece a los hombres.  



Con Rolo (el operador del programa de la tarde), y Pipu, mi compañero de aire.


11/8/12

ya

¿Será posible que una crema para el contorno de los ojos pueda eliminar las arrugas en 48 horas, o que ese tratamiento para adelgazar le haga perder los 25 kilos de más que lleva esa mujer, en apenas un mes y a mitad de precio si aprovecha la promoción?
Nada haría sospechar de la eficacia de la crema ni del tratamiento para bajar de peso de no ser por la promesa de la inmediatez de los resultados. Por lo visto en nuestra sociedad occidental no nos conformamos con que las cosas funcionen. Necesitamos que funcionen y rápido; y lo penoso es que de la misma manera nos exigimos a nosotras mismas, a nuestros novios o maridos, a nuestras amigas, compañeros de trabajo, a nuestros padres, a nuestros hijos. Y cuando salimos a la calle seguimos exigiendo eficacia instantánea, reaccionamos con un impaciente bocinazo ante los errores del hombre que conduce el auto que va delante del nuestro, queremos que la señora que nos atiende en el almacén no se demore tanto en cobrarnos y que el remisero acelere. Hasta los semáforos nos irritan.
¿Pero qué pasa con los tiempos que no somos capaces de modificar, con los tiempos biológicos, los tiempos de maduración, de crecimiento?
Ahora que mi atención se focaliza principalmente en todo aquello relacionado al embarazo, al parto, la lactancia  y a la maternidad voy a transcribir un párrafo del libro "La maternidad y el encuentro con la propia sombra", de la terapeuta familiar argentina Laura Gustman, sobre las presiones del mundo para la nueva mamá:

Nuestra sociedad está apurada "por volver a la normalidad". Todos queremos que la mamá "vuelva a ser la de antes", que adelgace rápido, que abandone la lactancia, que retome el trabajo, que luzca espléndida... en fin, que esté a tono con los tiempos que vivimos. Es la era de internet, del e-mail, la telefonía celular, la televisión por satélite, los aviones y las autopistas rápidas. El mundo anda a velocidad luz mientras las madres se sumergen en las tinieblas del recogimiento, conservando las redondeces y reclamando silencio.
(...)
El mundo podrá transformarse, llegaremos a Marte, Júpiter o Neptuno; pero necesitaremos siempre nueve largos meses para gestar a nuestros hijos, otros nueve meses para que inicien el desplazamiento autónomo y larguísimos años para ser capaces de enfrentar el mundo sin la ayuda de los padres.



Muchas veces sentimos que si sacamos el pie del acelerador el mundo nos va a pasar por arriba aplastándonos sin piedad, pero hay momentos en los que no queda otra, y bienvenidos sean esos momentos.

7/8/12

orgía


Caminando por una calle céntrica de mi ciudad me encontré con una escena que me hizo recordar a aquella concejal de Paraná que propuso prohibir la exhibición de maniquíes desnudos en las vidrieras porque los consideraba perturbadores. 

¿Qué hubiera pensado, pobre mujer, si se topaba con algo así? 

6/8/12

los excesos de Botnia

La planta de UPM (ex Botnia) tiene una producción anual por encima del millón de toneladas que es el máximo autorizado por la Corte Internacional de La Haya.
Esto no sólo significa una violación a los acuerdos bilaterales, significa algo peor: contaminación desmedida al río Uruguay, a la tierra, al aire y a todos los seres que vivimos en los alrededores de esta inmundicia ilegal.

De acuerdo con los propios registros aduaneros de Uruguay la planta de la ex Botnia viene superando este límite prácticamente desde su inicio y a un ritmo creciente: entre noviembre de 2008 y noviembre de 2009 lo superó en 50.597 toneladas, al otro año lo hizo en 97.407 toneladas, en tanto que entre noviembre de 2010 y octubre de 2011 se excedió en 98.855 toneladas.

De tratarse, como tanto se jactan, de una prestigiosa empresa finlandesa líder en el mercado de la celulosa, no debería haberse excedido en su producción. Los Estados y las empresas que se portan bien no incumplen los tratados.
Estamos diciendo que esta planta está autorizada para producir un millón de toneladas de pasta de celulosa, utilizando gratuitamente como materia prima y fundamental el agua del río Uruguay. Ni siquiera eso debería estar pasando.
Esta empresa toma agua del río SIN PAGAR NI UN CENTAVO, se lleva el dinero y deja la contaminación y la pobreza.
No conforme con semejantes beneficios esta empresa además, excede los límites que le fueron permitidos.
Lo que ocurre con las mineras no es mera coincidencia, es lo mismo.
Llora América Latina, se desangra, se desagua.

1/8/12

los chicos de la ENET

Los chicos de la Escuela Técnica N° 2, Presbítero José María Colombo, de Gualeguaychú, no contaminan la atmósfera con monóxido de carbono, hidrocarburos ni óxidos de nitrógeno.

Un día cualquiera en el patio de la ENET 2

Los chicos de la Escuela Técnica N° 2, Presbítero José María Colombo, de Gualeguaychú, tienen amplios conocimientos de ginecología. No así de ortografía, pues confunden el uso de la V corta y la B larga.

Pupitre de la ENET 2

31/7/12

eso no se dice



El Taboo es un juego muy divertido para jugar en equipo. Consiste en hacer que el resto de los compañeros  adivinen una palabra determinada, pero sin hacer gestos y sin pronunciar ciertas palabras taboo
Supongamos que un jugador toma una tarjeta con la palabra, "botella". Para que su equipo la adivine puede decir todo lo que se le dé la gana, exceptuando cualquiera de las otras cinco palabras que figuran en la tarjeta.  Estas palabras suelen ser sinónimos o pueden estar relacionadas de alguna manera a la palabra a adivinar. En el caso de "botella", las palabras taboo que dificultarían la tarea del jugador pueden ser "agua", "líquido", "destapar", "vaso" y "sed" por decir algunas.
La última vez que jugué al Taboo gané, pero eso no es lo importante ahora, más allá de que Damián se hubiera puesto de mal humor si perdíamos. Lo suspensivo fue tomar una tarjeta y encontrar entre los sinónimos de JUVENIL, la  palabra DELINCUENTE.



28/7/12

te estamos esperando

Detalles que nos hacen caer en la cuenta de que cada vez falta menos para el momento más soñado.


27/7/12

la frescura en cuatro patas

Para los que como yo se sorprendieron de la variedad de productos para embarazadas, puérperas y bebés, inauguramos una nueva sesión enfocada en los productos para mascotas, que también los hay y muchos. Algunos más imprescindibles que otros.

Lupe, la caniche blanca de mi amiga Yan tiene siempre un aliento fresco.

23/7/12

Remando

/A un horizonte claro 
llegaremos remando 
soy hombre y canoa que besan 
camalotes entrerrianos/

 

 Si no te admirara siquiera un poquito no insertaría una de tus canciones en mis mundos.
¡Feliz cumple Dami!

18/7/12

la maternidad en los tiempos de la practicuna

Embarazo y reposo; cuando quise acordar me encontré rodeada de revistas sobre bebés. Títulos dulces de tipografía redondeada escritos en colores pálidos. En la tapa siempre una mamá con su bebé, simplemente un bebé (el Brad Pitt de los bebés) o una sonriente embarazada.
La figura del padre aparece de modo anecdótico en algún que otro artículo, pero por lo general están dirigidos a la mamá. A una mamá débil, infantil, temerosa, soñadora y lo necesariamente manipulable para que los publicistas la convenzan de que será de extrema necesidad que su bebé cuente con un andador, caminador y jumper con bandeja de juegos, luz y sonido y frenos antiescalera cuando practique sus primeros pasitos (en este tipo de publicaciones hay un excesivo uso de los diminutivos). 
Imagino a unas cuantas mamás lectoras sintiéndose frustradas ante los costos de ciertos objetos que estas revistas muestran como fundamentales. Se suponía que las mamaderas eran todas más o menos iguales, ahora resulta que las mejores son aquellas que tienen la tetina inclinada, porque permanece siempre llena de leche y esto evita cólicos en el bebé.
¡¿Qué clase de madre sos, que le das de mamar leche con aire a tu hijo?! ¿Acaso no te importa que llore por el dolor de panza?
Estimulador musical de pancita
Por otro lado, hay artefactos que si bien no están planteados como de extrema necesidad, tientan a cualquier madre moderna por la manera en la que muestran cómo le facilitarían la vida: la nueva vaporera con licuadora integrada para preparar papillas.
¡Se ve tan feliz el bebé de la foto! Y la madre, de escultural figura, se nota que tuvo tiempo de ir al gimnasio y recuperar su silueta porque no anda perdiendo el tiempo pisando papas con un tenedor.
La debilidad física que demuestra el cuerpo de una mujer con un bebé dentro de su vientre parece que se traduce en una debilidad intelectual capaz de hacerle perder el discernimiento entre lo que verdaderamente le hará falta durante el embarazo y el puerperio, y lo que es puro y verdadero chamuyo. De lo contrario, cómo se explica que se venda un "estimulador musical de pancita", o un "detector de sonidos", para escuchar las patadas, los latidos y hasta el hipo del bebé.
En ninguna revista dice que antes de que estas cosas fueran creadas, nacieron miles de bebés (incluyendo a los inventores del estimulador musical de pancita) que ante los primeros llantos por cólicos sus mamás les movieron las piernas, se tiraron los correspondientes gases y crecieron felices.

13/7/12

la Sodoma entrerriana

Noticia publicada hoy en elonce.com
Paraná se ha transformado en un verdadero caos. Ya es moneda corriente encontrar figuras humanas exhibiendo sin pudor su desnudes en las zonas más concurridas de la ciudad. Seres rígidos e impertérritos ante la mirada atónita de unos pocos pudorosos. Mujeres insensibles sin ánimo de ocultar sus senos y sus genitales como si pararse desnudas frente a los demás fuera lo más normal del mundo.
Demos gracias a la democracia por la labor de esta concejal que está ocupándose del asunto antes de que Dios sentencie la destrucción de Paraná por la perversión abyecta de sus habitantes.

10/7/12

protestas juguetonas

Ser testigos cercanos de un acontecimiento hace que perdamos un poco la dimensión real de los hechos. Algo así sucede cuando miramos de cerca algo demasiado grande.
Como gualeguaychuense me costaba creer cuando decían que la lucha contra la instalación de la fábrica de pasta de celulosa Botnia iba a sentar precedente en las protestas ambientales del país y la región; y sin embargo estas manifestaciones, que fueron noticia en medios de comunicación de muchos países y por un tiempo prolongado, favorecieron al resurgimiento (o surgimiento y ya) de la denominada "conciencia ambiental" y todo aquello relacionado al medio ambiente fue ocupando su lugar en la agenda pública.
No estoy en condiciones de afirmar que el mérito haya sido todo de Gualeguaychú, pero en parte colaboró.

Cuando todavía no se habían retirado de Arroyo Verde las cámaras de los medios de difusión nacional, otra ruta, la 14, se convirtió en el centro de atención del país. Allí, micrófono en mano y montado a un acoplado, un productor agropecuario descendiente de inmigrantes italianos despotricaba contra el gobierno de Néstor Kirchner. Era Alfredo De Ángeli, un entrerriano cincuentón de cachetes colorados, panza y ojos grandes que no tenía reparos en dirigirse a los gobernantes ante una multitud, con las mismas palabras que utilizaría frente a un amigo en el patio de su casa. Eso le cayó bien a la gente, los productores encontraron su voz cantante y todos esos otros vecinos que nada tenían que ver con el reclamo, que lo más cerca que estuvieron del campo fue el tablero de El Estanciero, aprovecharon la volada para cuestionar al kirchnerismo. 
Vaya si habrán hecho bulla que en las elecciones legislativas del año siguiente se abrió paso la oposición y se mudaron al Congreso los "agrodiputados". 


Ambas protestas, la ambiental y la rural, que tuvieron como epicentro las rutas de Gualeguaychú, fueron noticia en los servicios informativos de las AM, tapa  en los diarios, ocuparon el bloque principal de los programas televisivos más importantes de política, fueron tema de conversación en los taxis, almacenes, cafés, cumpleaños, redes sociales.


De lo que no tenía conocimiento, hasta ayer, es que además fueron incluidos en la última edición del popular juego de mesa "Carrera de Mente".





4/7/12

cosas de perros (¿?)

Ya de por sí es extraño ver un perro caminando por los techos...


















Pero ver un perro con remera caminando por los techos, pasa de extraño a suspensivo.


Otras de perros


Este blog tiene tres años, y desde el primer post hasta este no han sido pocas las veces que los caninos fueron protagonistas:

Al primero que recuerdo es a aquel pichicho que solía encontrar a  la vuelta de casa sentado más derecho que yo. Ese es mi preferido.
Conocimos la historia de Chonino, en honor al cual existe en Argentina el día nacional del perro.
Una noche fría de invierno encontramos a Osito, un perro comunitario que como tal no era de nadie y a la vez era de todos.
También hemos observado con gracia cómo siempre se ve a algún perro en lugares donde se supone que no deberían estar, como en una protesta  frente a Casa de Gobierno, marchando contra Botnia por el puente internacional General San Martín con una bandera argentina atada al collar, viajando en el techo de un auto frente a Banco Pelay, en pleno acto kirchnerista, o entremedio de lentejuelas y caireles en el Carnaval del País.

28/6/12

Luca y Pachoma

El título se parece al de alguna tira de historietas, o no Marbot? Sin embargo lo que aquí suspende es real.

Luca y Pachoma tienen 11 y 12 años. Se hicieron amigos hace poco, cuando Luca se mudó con sus padres al barrio donde vive Pachoma. En estas tardes de invierno, en lugar de salir a patear pelotas a la calle se juntan a mirar películas y documentales de fantasmas; pero Pachoma le tiene miedo a los fantasmas. 


-¿Por qué les tenés miedo? -preguntó Luca 
-Porque son feos- dijo Pachoma. 
-Y qué querés...no va a ser el fantasma de Jennifer López...son fantasmas.

25/6/12

el medio equivocado

En el 99,9 por ciento de las puertas de los baños públicos de mujeres hay frases dirigidas a hombres. No digo en todas porque aún existen algunas pocas, muy bien cuidadas, que no han sido víctimas del romántico vandalismo de las damas, pero las que cayeron en sus garras tienen escritas frases dirigidas a hombres.
Analicemos. La frase "Pablo te amo con locura, Lauri", es un mensaje y como tal tiene un emisor que en este caso es Lauri, y un receptor, Pablo. Hasta acá todo bárbaro; siempre y cuando tal frase sea entregada a Pablo en un papel, Lauri se la haya dejado escrita en la última hoja de su carpeta de Ciencias Sociales, en su muro de Facebook, o en un mensaje de texto enviado a su número de celular. En definitiva, el mensaje cumple su función como tal si llega al receptor.
He aquí la fundamental importancia del medio.
Si Lauri escribió esa frase en el baño de la puerta de la terminal de ómnibus de la ciudad que visitó el último verano es absurdo pensar que Pablo se entere de que lo ama. Una picardía.
Si ella se lo ha dicho, pero además se le ocurrió dejarla escrita en las puertas de todos los baños públicos a los que vaya a hacer pis, Lauri es imbécil.
La siguiente fotografía fue tomada en uno de los baños de mujeres de la terminal de ómnibus de Gualeguaychú:


Allí puede leerse "Gustavo sos un HDP".
Yo digo, si Gustavo es un hijo de puta, sería bueno que esta chica se lo hiciera saber. Quizás Gustavo elija cambiar, o no, pero al menos ella se sacaría la bronca de adentro, y como si eso fuera poco esta puerta sería más linda.
¿Qué ocurre entonces, mujeres? ¿Fallamos en la manera de comunicarnos, elegimos los medios equivocados, o simplemente somos imbéciles?



13/6/12

la última crónica

El taller de redacción de crónicas termina este viernes con la devolución del trabajo entregado el martes, y la consigna era escribir una crónica con técnica libre, de la cantidad de caracteres que quisiéramos justamente sobre el taller. Aquí va "la última crónica".

 Esperaba con ansias los viernes, y a partir del anochecer de cada domingo sentía que el reloj empezaba a aplastarla. Sabía que tenía tiempo hasta el martes, pero de todos modos, la posibilidad de no llegar a terminar la crónica a horario la inquietaba. Así, pasó dos meses. Poniendo a prueba su ortografía, su gramática y sobre todo su inspiración, que es tan fundamental como fortuita. Una puede estar segura de las reglas de puntuación y acentuación pero no puede garantizarse la inspiración antes de la medianoche uruguaya. Sin embargo, pudo entregar a tiempo los ocho trabajos encargados y disfrutarlos, como tazas de chocolate caliente al lado del fuego. Saboreando sorbo a sorbo, jornada a jornada.

Recordó aquel viaje a Villa Paranacito y escribió sobre los escalofriantes recuerdos de Juan, que en realidad se llama Marcos, pero hasta su nombre quiso resguardar “por si vuelven los militares”. Aprovechó el día de trabajo transmitiendo la octava marcha sobre el puente internacional General San Martín contra la contaminación de la pastera Botnia y la describió, cronológicamente y a su modo, en poco más de 4.500 caracteres. Dedicarse al periodismo le dio temas para contar, como ocurrió con su tercera crónica, basada en un día del juicio que tuvo sobre ascuas a la gente de su ciudad; pero después comprendió que para escribir no hace falta más que vivir. No es necesario asistir a importantes acontecimientos sociales porque, probado está, podemos ser testigos de una bellísima cantidad de cosas con tan sólo mirar un rato a través de una ventana. Lo cotidiano, por ser materia de todos los días, no es menos apasionante que un día de vacaciones en las montañas.

El ejercicio de escribir le aceitó los dedos y le desaplomó la imaginación. Este otoño, por ser la segunda vez que participaba del taller, se permitió desajustarse el cinto, quitarse las botas y volar. No es fácil dejarla conforme, por tal motivo hubo un tiempo que pensó que se quedaría soltera a pesar de la Susanita interna que le reclamaba los abrazos de un novio. Siempre le resultaron mediocres los profesores poco exigentes, tanto el de vóley como el de geografía, y se amargaba por el resto de la charla si el disertante demostraba cierta inseguridad o falta de conocimiento sobre el tema. Tras presenciar una obra de teatro, o un espectáculo musical, prefiere quedarse con las ganas de más antes que salir empalagada de la sala. Y de los libros pretende que la consuman, que la secuestren y la mantengan presa hasta la última letra del último párrafo.

Le seduce la inteligencia y el sentido del humor, pero la conmueven como ninguna otra cosa en el mundo la capacidad de encontrar belleza en lo simple. Algo de eso detectó en los ocho correos electrónicos de Hernán y en los otros ocho de Laura, sino no estaría pensando a quiénes sugerirles hacer estos talleres o deseando que allá en Nueva Palmira inventen un tercero.


12/6/12

Alma

3 de junio 2012

Que este mundo te lastime sólo lo necesario para volverte una mujer fuerte y puedas comprender al que sufre.
  Que tus ojazos reflejen siempre una mirada pura, virgen de mezquindades. 
Y que a tu alrededor, querida Almita, sigas encontrando sonrisas.

10/6/12

decálogo del cronista

Ya casi sobre el final del taller de redacción de crónica, Hernán López Echagûe nos envió el decálogo del cronista escrito por el cubano Michel Contreras. Una suerte de reglas simples y básicas para redactar una crónica.

1- Sentir una emoción y emocionarse de veras
Esto parece un reclamo baladí, pero es el huevo del asunto. Todo el mundo se irrita, se enamora, se ruboriza o se estremece, pero no todo el mundo —o mejor, casi nadie— es capaz de experimentar la necesidad de perpetuar esa emoción, de darle la inmortalidad a ese momento en que una cabellera de mujer rompió a batir, o a aquel en que un anciano lo miró con los ojos helados y levantó su tembloroso dedo recriminatorio.

 2- Expresar esa emoción de manera (casi) instintiva
La crónica es una pasión, y requiere de espacio para desbordarse con naturalidad. Si la pensamos demasiado, la perdemos, porque su cuerpo ha de fluir por las arterias, y no debe brotarnos del cerebro. Más que materia gris, reclama sangre. Obviamente, hay momentos en que se hace preciso meditarla, pero su esencia hay que plasmarla con el impulso irracional de lo instintivo. Una cosa no admite discusión: cronicar se parece a tener sexo, porque exige de ciertas facetas animales. Sentado ante su computadora, el buen cronista está —como Vallejo, como Borges o Quevedo— poseído por Dios, que habla a través suyo. Luego, pensar excesivamente el texto, viene a ser algo así como desconfiar del propio Dios.

3- Alimentar debidamente el don
Podemos haber venido al mundo con una voz poética especial, pero hay que darle vino para que sea más clara y perdurable. El cronista debe ser un lector por vocación, y en el afán de perpetrar su poesía tendrá que maltratarse la vista ante los libros. Si no lo hace, su voz se irá poniendo ronca, y acaso acabará por apagarse definitivamente un día.

4- No ahorrar la corriente del detector de mierda
Tenerlo encendido permanentemente, como enseñara Hemingway. Depurar sin piedad, que es bien difícil, porque el que escribe tiende a enamorarse de ciertas imágenes fútiles. Un adjetivo de más puede aniquilar la criatura, lo mismo que una metáfora forzosa o un aluvión de símiles. Dicho de un tajo: la hojarasca apesta. O damos las imágenes en cuotas moderadas, o sucede como decía Guyau: “Oled mucho una flor y acabaréis por ser insensibles a su perfume”. Así que revise cuanto pueda. Relea y, otra vez, relea. Total, si Flaubert martillaba sobre cada palabra, no hay razones para avergonzarse de hacerlo.

5- Imitar sin complejos
No dejar que las influencias nos angustien; por el contrario, al principio resulta provechoso dejar que nos arrastren, pero velando siempre por frenar en las inmediaciones del plagio. A estas alturas no hay nada nuevo bajo el sol, y nadie puede armarse de un estilo completamente propio. ¿No hay evidentes ecos vallejianos en los temas de Silvio, o de Azorín en las maravillosas crónicas de Manuel González Bello? Deje olvidado el miedo en el camino: García Márquez se inventó Macondo a partir del Yoknapatawpha, de Faulkner, y no por ello podemos acusarlo de plagiario. Eso sí, mucho ojo: si al cabo del tiempo, después de completar centenares de cuartillas, aún no hemos podido fundar nuestra poética —llena de resonancias ajenas, pero al fin y al cabo nuestra—, entonces lo indicado será renunciar al empeño de hacer crónicas. Tenga siempre presente que al cronista de raza se le identifica sin necesidad de ver su firma. “El estilo —sentenció Alfonso Reyes— es como la manera de caminar de una persona: uno lo ve desde atrás y dice: 'Ese es Fulano'”.

6- Respetar la fragilidad del discurso
Cada crónica lleva su tono y tiene un ritmo: el aura con que nace en la primera línea, no se puede extinguir hasta la última. Hay quien empieza cabalgando sobre el lomo de los ángeles, y después baja de golpe a tierra, en medio de un estallido colosal. A la postre, en los labios del lector queda tan solo el regusto árido del polvo.

7- Ser breve
Recordar que lo bueno, si es breve, suele ser dos veces bueno, porque lo que se gana en extensión se pierde en intensidad. El paralelo con la literatura arroja que la novela se equipara con el reportaje, y el cuento con la crónica. Admitido esto, recordemos a Cortázar: en el eterno combate entre el lector y el texto, la novela puede ganar por puntos; pero el cuento tiene que hacerlo por nocaut. La crónica, pues, viste mejor de minifalda que de traje de novia.

8- No pensar en el lector
Si adecuamos el discurso (o el recorrido del discurso) a las posibilidades intelectuales del lector, la criatura llegará deforme al mundo. Reducir la “altura del vuelo” ha sido un mal histórico de nuestros “aviadores” de la crónica. Y en el fondo de tal actitud se esconde un enfermizo menosprecio hacia la inteligencia del que va a leernos. Los versos de La tierra baldía y El barco ebrio desconciertan a menudo, pero así y todo se disfrutan y agradecen.

9- Haber vivido
La vida bulle en las calles y cantinas, los parques y el “camello”. Ahí —más que en la soledad de los desiertos quevedianos— está la materia prima de la crónica. Habitualmente, ese será el cuadro para pintar con los colores que le escamoteamos a los libros. 10- Temer siempre a la página en blanco Esto es, respetar a la crónica. Nunca puede sentirse ese extraño “deber profesional” que conmina a llenar la cuartilla con las primeras cuatro naderías que nos asalten. Desde Ícaro sabemos que las alas postizas no llegan al Sol. De manera que vale acordarnos todo el tiempo de aquel viejo consejo de Rilke: “Si puedes vivir sin escribir, no escribas”. ¿Tienes los dedos romos? Deja el piano.

Este texto fue escrito para el Festival Nacional de la Crónica Miguel Ángel de la Torre in memoriam, realizado en Cienfuegos.

7/6/12

periodismo

Estamos condenados a este oficio del diablo.

datos del tiempo


Congelo la imagen que me muestra la página Web del Servicio Meteorológico Nacional y la subo sólo para recordarla cuando algún día cualquiera de los próximos veranos se me cruce por la cabeza la posibilidad de quejarme del calor.

5/6/12

crónica de un lunes de junio

Desde hace un tiempo, cada vez que la alarma del celular le recuerda que hay que levantarse ella se encuentra prácticamente en la misma posición en la que se quedó dormida. La panza, que ha crecido notablemente los últimos días le impide conciliar el sueño de espaldas al techo como lo ha hecho toda su vida. Prende el velador que está sobre la mesita a su derecha y busca a tientas, entre libros y potecitos de crema, los anteojos de siempre, los que sólo han visto quienes la sorprenden entrecasa; más tarde, cuando los ojos logren despegarse del todo, se pondrá los lentes de contacto. Al mismo tiempo pero sin tanto escándalo se despierta Damián. Es lunes, ni la noche ni el fin de semana alcanzaron para descansar lo que pretendían, el ringstone elegido como alarma es tan irritante como los otros treinta que propone el aparato y sin embargo él se despierta de buen humor. Él no entiende como a ella le cuesta ser amable esos primeros minutos de cada día y a ella no le cabe la posibilidad de sonreír ante tales circunstancias. Aún así, cada mañana han sabido negociar a quién le toca hacer el desayuno y quién puede remolonear unos minutos más.

A las ocho arranca el programa de radio. El conductor también está de buen humor, o al menos eso demuestra a los oyentes. En el transcurso de la mañana ella realiza las intervenciones que cree necesarias y enfoca su atención en tomar notas de las entrevistas y subir noticias a la página Web que no deja de reclamar actualización. El juez de instrucción resolverá en los próximos días la situación procesal del imputado por la presunta violación de una menor. Inspección municipal clausuró un comercio de la ciudad. El campo convocó a un paro agropecuario. Organizan actividades por el día mundial del medio ambiente. La mañana la consume. De no ser por las cada vez más frecuentes ganas que le dan de hacer pis, no se levantaría de la silla hasta la hora de irse. Últimamente su cuerpo manda más que su mente, su voluntad quedó supeditada a aquello que no le haga mal a la bebé que lleva adentro. Recuerda que ayer se cumplieron cinco meses, y de repente, todo lo que pasa en el estudio más la misérrima producción para el programa que conduce a la tarde le importan un bledo. Las pataditas de Miguelina le dan cosquillas, se lleva la mano a la panza y nadie lo nota, pero está sonriendo y es la mujer más feliz sobre la tierra.

Un mensaje de texto de “Ma” llega en el momento justo como para quitarse una preocupación de encima: “Hice croquetas de pollo. ¡Vienen a comer?”. Cómo negarse a tan delicioso mimo. Aunque tuviera la heladera llena de opciones para el almuerzo no desaprovecharía la oportunidad de comer lo elaborado por las manos de mamá. Y Damián tampoco, porque seguro liga un plato más calórico y elaborado que el que ella pueda hacerle.

Tras el almuerzo, la vida en las ciudades pequeñas le da una segunda oportunidad a la fiaca y eso se llama siesta. Los negocios cierran y las calles se aquietan por unas horas, y entre las cuatro y las cinco de la tarde todo recobra movimiento. A esa hora regresa a la radio. La luz de “aire” se enciende a mitad de una enérgica cortina musical y su voz se escucha diciendo: “Muy buenas tardes a todos, bienvenidos a la tarde de radio Máxima, bienvenidos a esto que es: ‘Más tarde que nunca”. Al igual que la mañana, la tarde también se escurre, aunque con más adrenalina. Este lunes, al despedirse de los oyentes se sintió satisfecha con el programa, a pesar de ese entrevistado que surfeaba entre las preguntas que no le gustaba responder.

Afuera hace mucho frío y ella detesta las bajas temperaturas. No ve las horas de llegar a la casa, bañarse, comer algo y acostarse. Se consumió la mañana, como esas velitas petizas que se usan en decoración. También la tarde, y así los días. De no ser por ese trabajo de redacción que le encargaron no hubiera sido consciente de todo lo que ocurre entre que se pone y se quita los lentes. Mientras escribe su lunes como si lo hubiera vivido otra persona, lamenta no disponer de más caracteres para no tener que obviar tantos detalles. Tenía razón Borges, piensa; y en una página cualquiera de la agenda copia textual: “Entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza ignorar”.

29/5/12

con las piernas a prueba

Nadie nos creía capaces de poder viajar como mochileras al noroeste argentino. Nadie. El apoyo que recibíamos se limitaba a no poner resistencia porque en definitiva ya teníamos edad de decidir por nuestra cuenta. Mi amiga y yo ya habíamos hecho una viaje juntas cuando éramos adolescentes; un viaje del tipo convencional con agencia de turismo de por medio y paquete completo. Comodidad y seguridad garantizadas. Esta vez en cambio, todo era azar. A excepción del rumbo que tomaríamos y de ciertos lugares que nos propusimos conocer, el resto era aventura. Palabra excitante como pocas en el extenso glosario castellano. Y para nosotras aún algo más que eso: la oportunidad de que cada una se ponga a prueba con su propio espíritu y con su par de piernas, el desafío de enfrentar lo inesperado sea bueno o sea malo, las ganas de comernos al mundo y la certeza de que podíamos hacerlo.

La primera de las casi mil fotos que terminaron completando la memoria de ambas cámaras nos la tomaron nuestras madres el 3 de enero por la mañana en la terminal de ómnibus de Gualeguaychú, un rato antes de subir al colectivo que nos llevaría a Córdoba. A pesar de la mala luz de la imagen es de mis fotos preferidas, al verla recuerdo el orgullo de mí misma que sentí en ese momento.

Teniendo como objetivo destinos tan lejanos, cruzar el litoral hasta llegar al centro del país pareció un trayecto corto. En Córdoba el viaje recién empezaba, sus sierras no serían más que un trampolín hasta la puna y su “no se qué” me dejarían por siempre las ganas de volver. De todos modos, fue allí donde cumplimos el primer desafío y salimos a caminar la ruta. Sabíamos que nos deparaban esfuerzos mayores, por eso no nos quejamos demasiado durante los primeros siete kilómetros entre Villa General Belgrano y Santa Rosa de Calamuchita. Más fuerza todavía me dio recordar la socarrona carcajada de mi hermana cuando me probé por primera vez la mochila y caminé del comedor a la cocina a la velocidad que lo hizo Armstrong en la luna. Ni en ese cortísimo trayecto de la casa de mis padres, ni en toda la ciudad donde crecí hay ondulaciones en el terreno como las que en ese momento aliviaban o mortificaban mis cuádriceps, según si nos tocaba avanzar en bajada o en subida. Lo sospechábamos, pero no sabíamos a ciencia cierta que eso era apenas una entrada en calor.

Desde Córdoba capital atravesamos de sur a norte, y de noche, la provincia de Santiago del Estero hasta llegar a San Miguel de Tucumán una mañana que acababa de llover y el apático sol no lograba a secar la humedad. Desconocíamos la infantil rivalidad entre tucumanos y salteños hasta que mantuvimos la primera charla con el dueño del hostel donde pasamos la noche, un señor morocho que bien habría podido disimular su prominente vientre y sus tetillas deprimidas de no haber andado con la camisa desprendida todo el tiempo. Olvidamos sus comentarios localistas pero aceptamos una sugerencia, y al día siguiente viajamos a Tafí del Valle. Si hay algo de lo que puedan alardear los tucumanos frente a los salteños y a cuanto argentino tengan enfrente, es sin duda este lugar. Flores, muchas flores; abundante verde, aire fresco, ríos serpenteantes que vienen bajando de las montañas que rodean la ciudad, cabañas de madera, niños ricos paseando en cuatriciclos por las tranquilas calles, caballos de crines largas que parecieran haberse olvidado los príncipes azules; y para nosotras, el mejor almuerzo de todos los tiempos: queso de cabra y ciruelas disecadas sobre las gigantescas piedras que costeaban el río.

Eso también fue un precalentamiento, los lugares que nos faltaban conocer eran iguales o más hermosos. En general, el avasallante paisaje del oeste norteño vivido de la manera que elegimos me hizo sentir pequeña, me enseñó a discriminar lo esencial de lo intrascendente, a entender que también es argentina esa mujer de sobrero y trenzas largas que carga a un niño en una wawa, al fin llegué a conocerme lo suficiente como para saber de lo que soy y de lo que no soy capaz de hacer y me acercó a Dios de tantas ganas que tuve de aplaudir al autor de todo aquello; lo más impensado, quizás, es que le agregó valor a mi paisaje litoraleño de todos los días y a los inmensos ríos que allá arriba no veía.

 Polvo, cerros secos, rojos, naranjas y amarillos; cabras, llamas, alpacas, vicuñas y vacas flacas. Cardones, adobe, miradas profundas, silencios, erkes, faldas amplias, aliento a coca, viento, salinas, noches frías, vino, ají, orégano, tunas, historias de batallas, carnavales, madretierra, procesiones. Da lo mismo si es Maimará, Purmamarca, Humahuaca o Tilcara. Toda la puna llora a los Quilmes, y le reza tanto a la Pacha como a la Virgencita de Copacabana del Abra de Punta Corral; y como ocurre en todos lados, nadie entiende muy bien qué les fascina del lugar a los que llegan de visita: “Acá vienen a pasear médicos y abogados desde Buenos Aires”, me dijo sorprendida ante el permanente paso de turistas la mujer que por cinco pesos argentinos nos dejó dormir en la entrada de su casa y usar su baño.



26/5/12

el principio

Todos, alguna vez empezamos algo. Una conversación, una comida, una historia de amor, un dibujo, la composición de una canción, un viaje, un día, un texto...

“Puro engaño de inocentes y desprevenidos, el principio nunca ha sido la punta nítida y precisa de un hilo, el principio es un proceso lentísimo, demorado, que exige tiempo y paciencia para percibir en qué dirección quiere ir, que tantea el camino como un ciego, el principio es sólo el principio, lo hecho vale tanto como nada”.

Pasaje de La Caverna, de José Saramago.

24/5/12

el alma del payador

Augusto Romero era la persona indicada. El profesor de investigación periodística nos había propuesto entrevistar a alguien que estuviera fuera del sistema por elección propia, y dudo que exista ser humano que cuaje más con tal descripción. Lo había visitado un par de años atrás, también por un trabajo de la facultad, pero no recuerdo qué surgió de aquella charla, lo cierto es que esa vez volví dónde suponía encontrarlo y allí estaba, tan voluntariamente indigente al lado de la ruta como la primera vez que lo vi.

Augusto Romero
Don Augusto nació y creció en La Pampa , en Jacinto Araos. Al menos eso es lo que él dice, y de querer conocer su historia no hay más opción que creer en su relato aunque por momentos parezca inventado. Se describe como un hombre andariego que sin nada que lo ate a su tierra y guiándose por sus impulsos de peregrinar decidió hacer “unas andanzas por el Uruguay”. Nada de transportes tradicionales y confortables para él. Un amigo le prestó tres caballos y, montado en uno y cargando lo necesario en los otros dos, llegó a Entre Ríos. Sin embargo, su plan de cruzar al país vecino se frustró por problemas aduaneros y otros de salud, por lo que debió permanecer un tiempo más de este lado del río. Hace nueve años, cuando conversé con él por primera vez había pasado poco más de una década desde su llegada y hasta el día de hoy no ha pisado tierra oriental.

Como la idea era pasar sólo un tiempo, nunca buscó un lugar para alquilar o comprar. Por el contrario, ocupó parte de un terreno en venta al costado de la ruta hacia el balneario El Ñandubaysal y construyó allí un rancho endeble de no más de un metro y medio de alto. Un montón de chapas atadas con alambre y reforzadas con algunas tarimas para que no se las tumbara el viento del sureste. Nadie que lo haya visto puede creer cómo un hombre puede vivir allí. Sin luz, sin agua, sin cloaca. La gente se compadece al verlo, pero él no necesita la compasión de nadie, no le gusta dar lástima; no quiere limosna y de hecho no la pide, parece estar conforme con todo como si nada le faltara. Sin embargo, basta una sola charla con él para saber que no es así.

Cuando alguien llega a visitarlo no pide explicaciones, satisfecho con sólo saber el nombre de quienes se interesan por él, ofrece de asiento cualquier corte de tronco o cajón de frutas que tenga a mano y empieza a conversar. Tiene una voz inconfundible, quizás la más singular de todas las voces. Una especie de ronquera en tonos agudos y las típicas cadencias de los hombres de campo. Augusto habla mucho, dice lo que se le da la gana y si no quiere responder alguna pregunta sabe bien cómo zafar. Justifica no seguir su recorrido ni regresar a La Pampa señalando con sus dedos enfermos a los perros que lo rodean, que entre los que nacen y los que mueren de hambre o carcomidos por la sarna nunca llegan a ser menos de quince. Como puede también los alimenta, y de paso también alberga a algún gatito guacho.

Su aspecto asusta. Sus olores apestan. Y aún así no han sido pocos los que han ido a conocerlo. El bajista Ricardo Iorio, hombre del heavy metal argentino, le compuso una canción que incluyó en uno de los discos de Almafuerte; y tal “homenaje”, pues así se llama la canción, lo pone feliz, despierta una sonrisa de niño en el rostro usado y curtido de Augusto.

Al fin un reconocimiento para este payador.

Todos pretendemos al menos algo en esta vida. Augusto Romero también, por eso hay dignidad debajo de tantos harapos. Es peregrino y es cantor, y quiere que sus coplas también caminen; que escuchen todos los que este payador tiene para contarles. En algún rincón debajo de esas chapas, este hombre guarda coplas, coplas y más coplas que él escribió y alguna vez alguien le hizo el favor de imprimirlas y fotocopiar las suficientes como para regalárselas a los visitantes. Algunas hablan del río Uruguay, del general Artigas, de San Martín, del gaucho y el gringo, y entre tantas también hay una dedicada, con destacable respeto, a la mujer.

Al igual que un niño alborotado de alegría porque le están prestando la atención que tanto esperaba, se desespera por mostrarlo todo y que al final de la charla no quede copla sin recitar. Por eso, ni bien reparte sus papeles en un despilfarro de generosidad, entra nuevamente al rancho y regresa con un estuche negro de curvas gordas como las de la guitarra que hay adentro. Es increíble cómo en medio de ese barullo de troncos, perros, chapas, nylon, latas, espinillos y pulgas pueda algo conservarse tan pulcro y lleno de brillo. Recién después de conocer su guitarra puede alguien decir que conoce al gaucho Romero. Que conoce el alma del payador.

18/5/12

te siento



Como un pececito de color, o como una patadita de rana.

Como el aleteo de una mariposa, como la que sienten los enamorados pero un poco más abajo, unos tres centímetros debajo del ombligo.
O como burbujas.
Me equivoqué cuando dije que ya había vivido lo más suspensivo.
Y quizás ahora me esté equivocando también y sean los ojos o la voz de ese pececito lo que más me llene el alma.

13/5/12

todos los hombres son iguales bajo el sol

Cuando el Tribunal ingresó a la sala se pararon todos y recién volvieron a tomar asiento cuando el presidente lo permitió. Como en las misas. Todo allí adentro era rígido, puntiagudo, lustroso y de dimensiones exageradas. Predominaba el marrón de los muebles y la blancura de las paredes. Además de la puerta de ingreso, había tres en cada una de las paredes laterales, o sea: seis. Todas iguales, todas capaz de permitir el paso de un ser humano de dos metros y medio, todas con cerraduras de bronce y algo parecido a la flor de lis tallado tanto en una como en otra hoja. De una de estas puertas, la primera del lado izquierdo, ingresó el Tribunal. Primero el presidente, un abogado de no más de 45 años; y detrás los vocales, un hombre morocho y de bigotes y una mujer rubia con corte carré. Abogados también, claro. Permanecieron sentados sobre unas sillas giratorias de respaldo alto y de cuero también marrón, tomando nota cada tanto, saboreando alguna pastilla, hasta el cuarto intermedio de las 12:50. Detrás de ellos, pero un metro por sobre la tupida cabellera del presidente de la Cámara – que estaba en el centro-, colgaba un escudo gigante de la provincia de Entre Ríos, un enorme chapón ovalado pintado con una pobre gama de colores de pintura látex. Y rompiendo con tanta simetría, sólo a uno de los lados, las banderas nacional y provincial.

De frente al suntuoso escritorio de los camaristas pero en el otro extremo de la sala era el lugar del público, unas doce personas de rictus menos juicioso que el de los letrados y bastante menos nervioso que el de los imputados. Entre ellos estaban los periodistas, que eran los más relajados de la sala pero no por ello los menos atentos. Sobre el lado derecho, dándole la espalda a las puertas trillizas, se ubicaban los cuatro imputados con sus respectivos abogados defensores. Una prolija hilera de hombres de saco oscuro, camisa blanca y corbata. De frente a ellos, de espalda a las otras tres puertas, más o menos lo mismo: más hombres de traje oscuro, camisa blanca y corbata. Eran la querella y su joven ayudante; el fiscal de la causa, y entre éste y de costado a la vocal de corte carré, el secretario dactilógrafo.

En el centro de la ronda permaneció vacía durante todo el día la silla que fueron ocupando a su debido momento los testigos y los enjuiciados. Esta vez sólo tenían la oportunidad de hablar el abogado querellante y el fiscal. Al primero le llevó dos horas y media explicar bajo qué doctrina del derecho y con qué argumentos resolvió solicitarle al señor debajo del escudo la pena de catorce años y seis meses de prisión para uno de los cuatro imputados y porqué motivo decidió pedirle el levantamiento de la acusación para los otros tres. Su disertación fue impecable, merecedora de toda la atención posible y, si se hubiese podido, de un aplauso al final. Se trataba de un reconocido doctor en leyes y de renombre nacional que dado su histrionismo tranquilamente pudiera haberse dedicado a los escenarios. Cuando el discurso lo requería elevaba la voz y al hacer una pausa no volaba una mosca. En aparente plena furia golpeaba con su puño derecho el escritorio, y cuando pretendía mostrarse indignado bajaba los hombros y exponía las palmas de sus manos como pidiendo explicación.

Sin embargo, tal disertación por más elevado nivel que haya tenido, no anuló las necesidades fisiológicas humanas que también tienen los abogados. Sin quitarle los ojos de encima y sin perderse detalle, el fiscal, cuyo turno era después del mediodía, se metía a la boca pedazos exagerados de turrón, que le inflaban la delgada mejilla. Tal cosa sólo distraía al público, sobre todo a los periodistas que se codeaban entre sí; el resto de los presentes parecía no haber reparado en el cargado cachete del fiscal. Sin aplausos y ya sin turrones a la vista, concluyó la exposición del llamativo querellante, entonces el presidente de la Cámara del Crimen dispuso el cuarto intermedio dando la posibilidad a los presentes de buscar un lugar donde comprar algo para almorzar. Como en toda ciudad pequeña las posibilidades no abundaban, un restorán de comidas rápidas era la única opción y quedaba del otro lado de la plaza, frente al histórico edificio donde habían pasado la mañana. De manera que hacia allí marcharon todos, en caravana y a paso lento; con sus sacos oscuros y zapatos lustrados.

Sobre las cuadriculadas baldosas de la plaza Constitución no había formalismos ni rangos institucionales, allí todos eran iguales, a todos los acariciaba el sol y todos tenían hambre.