Mostrando entradas con la etiqueta mmm.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mmm.... Mostrar todas las entradas

17/9/14

sueño

Yo iba en un auto, supongo que en el lado derecho del asiento trasero; no lo recuerdo con exactitud así como tampoco recuerdo quién conducía ni quiénes eran los demás pasajeros porque a partir del accidente estuve sola el resto del tiempo.
El auto volcó en la curva, una curva cerrada propia de los caminos de cornisa como era ese, pero quedó sobre el asfalto. Yo, en cambio, rodé cuesta abajo unos tres metros.
Imposible saber qué tiempo estuve ahí tirada hasta reaccionar y proponerme regresar allá arriba donde todo parecía estar tranquilo. Desde abajo no lograba ver si aún estaba el auto, ni qué había sido de la suerte de las demás personas. Mucho menos si alguien había llegado a socorrerlos. También pensé que el auxilio quizás los había recogido hacía largo rato, y al no verme se habían marchado. Lo bueno es que no me desesperé; como al levantarme no sentí ningún dolor agudo que me impidiera trasladarme, resolví trepar.
Era una pendiente complicada, extremadamente arenosa y no había arbustos, ni rocas de las cuales valerme para escalar. No quedaba otra que aceptar las condiciones y subir. No tenía más que hacer y puede que de quedarme allí abajo nadie me encontrara.
Espeluznante, inquietante, estremecedora y tremenda fue mi sorpresa cuando descubrí que esa suerte de médano en la que me encontraba no era más que una manada de leones durmiendo placenteramente al sol. Había decenas, probablemente un centenar de fieras dormidas entre la ruta y yo. Al mirar hacia abajo noté que tenía mi pie derecho puesto justo delante del lomo de uno y a escasos centímetros de la cabeza de otro. Respiré hondo. Exhalé muy lentamente, y busqué un hueco donde apoyar el pie izquierdo, tratando de que eso impactara lo menos posible entre los durmientes. Tenía que pensarlo muy bien, un hueco no era igual de conveniente que otro. Preferí evitar aquellos donde los hocicos pudieran detectarme.
Iba tan concentrada en esa tarea que por un largo rato me olvidé de mirar hacia arriba. Sabía que había subido pero no cuánto. La luz del sol me encandilaba; y el calor, que hasta ese momento no había significado un obstáculo explotó sobre mis hombros, mi nuca, y me sentí al borde del desmayo. Por un instante, ahí parada, no vi nada, todo era negro y el silencio seguía siendo igual de aterrador. Creí estar sola en el mundo. Y así estaba. Sola entre leones subiendo una cuesta para llegar a una cima que aunque la consideraba incierta, era lo único que latía con esperanza. Llegar al asfalto se había convertido en mi único objetivo en el mundo. E iba bien, bastante bien. Un par de pasos más y ya sería capaz de tocar el borde de la ruta donde florecían unos arbustitos achaparrados.
Tenía que ser fuerte, a esa altura la pendiente era más pronunciada y mi cansancio sumado a la ansiedad por estar a un instante de lograr el objetivo podían jugarme en contra. Por suerte, tuve una a mi favor, o al menos eso fue lo que pensé al ver cómo una rama, o quizás parte de una raíz, sobresalía entre ese inacabable arenal. Estaba un tanto seca, pero parecía estar bien sujeta a la tierra. Vestigios de algún árbol que existió antes de al traza de la ruta, pensé. No importaba, no era momento de detenerse en ese tipo de detalles. Era el empujón que necesitaba para llegar arriba y ponerme a salvo. Me sentí contenta, orgullosa de mí por haber sorteado con astucia el camino plagado de leones.
Miré fijamente esa rama salvadora y la agarré con mi mano derecha. Súbitamente, la firmeza se volvió blanda, fría y escurridiza.
Era una serpiente.

23/4/14

la sorpresa de Tía Rosa y Tía Estela

La tarde que mi tía me dijo que había una sorpresa para mí en su casa me desesperé por saber de qué se trataba, aún a costa de arruinar lo sorpresivo de la cuestión. Eran apenas las cinco y no iba a poder pasar por lo de las tías sino hasta pasadas las nueve. Demasiado tiempo para convivir con una intriga.
Pensé en un par de posibilidades pero nada me convencía, no era habitual que las tías me dijeran que había una sorpresa para mí en casa de ellas. Cuando por algún motivo me hacían un regalo directamente me lo daban y ya. ¿Por qué ahora se habían puesto tan misteriosas estas dos?
Dejé que pasara el día, seguí trabajando como de costumbre, y por decantación las horas pasaron y llegó la noche. La casa de las tías queda en el camino a la mía así que ir por mi sorpresa no implicaba más que hacer un alto en el recorrido. 
Tía Rosa abrió la puerta con cara de buen cómplice. La noté ansiosa, probablemente por conocer mi reacción cuando me dieran la sorpresa. En la cocina había movimiento, pero no alcancé a ver nada porque Tía Estela salió antes y evidentemente lo que traía en las manos era para mí. 
Antes de lograr dilucidar de qué se trataba me advirtieron que comerlas tibias es mejor y que tienen unas cascaritas de naranja tal como le gustaba al abuelo. 
La sorpresa fue un súbito viaje a mi infancia. Pero no a la infancia en general con mi plaza, el karting a pedal y los amigos del barrio; sino a una tarde en particular: la tarde que probé por primera vez las torrejas.
Habrán sido las seis, o un poco antes. En la casa donde hoy viven las tías, hasta hace no muchos años también vivía la abuela. Con la prolijidad que la caracterizaba, todos los días antes de que el sol cayera disponía sobre la mesa de la cocina todos los utensilios y alimentos para la merienda. Tostadas de pan francés, mermelada casera y generalmente de naranjas, la manteca en la mantequera y sobre unos platillos de vidrio grueso los enormes pocillos repletos de te con leche. Amaba merendar con la abuela Adela, nunca el momento de la merienda me pareció tan importante como entonces. Era una verdadera ceremonia. 
Esa tarde, además de las tostadas había torrejas. 
Me dijeron algo de la bisabuela Petra y de las comidas vascas, pero no lo recuerdo muy bien. No supe si agarrarlas con mis manos o si pedirle a mi mamá que me las cortara para pincharlas y llevármelas a la boca con un tenedor. Estaban almibaradas y no estaba segura de que fueran a gustarme. Lo cierto es que las comí y fue lo más dulce que conoció mi boca. Más que las pastillas Yapa y las bananitas Dolca que me compraba papá en el kiosco de la plaza Urquiza.
Cuando la tía me dijo que había una sorpresa para mí en casa de ellas jamás imaginé lo que me esperaba debajo del repasador.



2/4/14

tres años

"Nunca un all inclusive en el Caribe", le dije apenas empezábamos a alejarnos del puerto. Quise hacerlo reír, para que no sea siempre él el gracioso entre los dos, y lo conseguí. El negrito sonrió hasta llenarse de viento todos los dientes, y largó una risotada hermosa.
Habíamos ubicado a Miguelina con la Pochi y Miguel, y nos disponíamos a remar hasta el Venerato en una piragua prestada. Llevábamos algo para almorzar y algo también para brindar. Yo no sabía que llegar a destino nos tomaría algo más de dos horas, y que el regreso sería aún peor con la corriente de frente; pero igual le dije que sí cuando el día antes me propuso celebrar de esta manera nuestro tercer aniversario de casados.
Cómo no aceptar, entusiasmada, si justamente fue con sus ideas poco convencionales y sus invitaciones sencillitas que me enamoró. 
Ojalá no cambie, ojalá esto siga siendo así entre los dos, aún si algún día la corriente nos lleva hasta el Caribe.

26/3/14

audición

Llueve, lo sé porque escucho el azote de las gotas contra el techo, y contra el asfalto que no está tan lejos. No es una lluvia copiosa, de esas que ensordecen el resto de los sonidos. Es el fade in o el fade out de un chaparrón.
Ladra un perro, con insistencia. Y otro más se suma, y yo imagino que le responde. Siempre, o mejor dicho desde que ví por primera vez la película de Disney "La dama y el vagabundo", creo que los perros se contestan cuando ladran.
La lluvia ya no se escucha. Quizás esté lloviznando, pero no tengo interés en corroborarlo. Total, ya entré la ropa.
Alguien olvidó el televisor encendido en la habitación de al lado y llegan, aunque borrosas, las palabras del guión de una telenovela. Cuando vivía sola solía dejar la tele prendida para simular compañía.
Una moto pasa alborotando la tranquilidad de este barrio de noche. Y el perro reincide. Y el otro también.
Por encima del hombro, pero por debajo de mi lóbulo derecho, me llega un suspiro chiquitito. Ella duerme; ajena a la lluvia, al guión de la telenovela, a los ladridos de los perros y la moto, y sueña con cosas que está intentando nombrar. 

7/3/14

sugestiones

Anoche que Miguelina se durmió temprano, con Damián pretendimos "aprovechar para dormir", ya que se trata de algo sumamente necesario y que se da muy de vez en cuando desde el 28 de septiembre del 2012. Sin embargo, los muy abombados nos enganchamos con dos películas, ambas ya empezadas, aunque no lo suficiente como para no entender la trama.
Un drama y una comedia, como para compensar con risa la angustia.
Lo que voy a contar a continuación no es algo que no haya observado antes, sólo que anoche me sorprendió más de lo habitual. En las pausas publicitarias (que siempre llegan en el mejor momento) noté que Damían hacía comentarios como si le estuviera pasando a él lo del protagonista, un tipo de empatía  algo extraña, ya que su vida y la del pobre muchacho de la película no se parecen en nada. Es así como culpa del cine mi marido siente el dolor de mi engaño y lucha porque yo le deje ver a su pequeña niña, y sobrevive a la traición de un amigo o experimenta (desde los mullidos almohadones de la cama) la aventura más extraordinaria, con estallidos, tiroteos y persecuciones. 
Como anoche me causó mucha gracia, y le advertí que probablemente lo escribiría en el blog, me confesó que siempre ha sido así. Que cuando era niño salía del cine Palma con los ojos desorbitados creyendo ver enemigos escondidos arriba de los techos y seguro de que sus bracitos morenos eran tan poderosos como los de He-Man.
Y me enamoré aún más.


23/12/13

volar


Dios le dio al ser humano muchas ventajas por sobre el resto de los seres de la creación; como aquello del pulgar oponible, que le permite prensar objetos con solo dos de los dedos de una mano. Le dio las palabras, un alma, unos cuantos tipos diferentes de inteligencia, y la voluntad, entre otras cosas; pero no le permitió volar por su cuenta. Entonces el hombre se las ingenió (claro, también tiene ingenio) para surcar el cielo de alguna manera. 

Helicópteros-parapentes-avionetas-aviones-paracaídas-dirigibles-cohetes-globos aerostáticos. 

Gustavo es hombre, y también quiso volar. Pero para lograrlo primero tuvo que despegar(se) y echarse a trotar, sin mirar cómo tomaban carrera los demás. En este objetivo estaba sólo el. 
Por primera vez. Sólo él. 
Entonces corrió, y estiró su brazo derecho, y se agarró fuerte. El envión le permitió levantar una pierna y la fuerza de su abdomen, la otra.
Un poco más de práctica y el suelo iba quedándose lejos.
Tanto y tan lindo voló Gustavo que se confió. Un día, antes de tomar carrera se vendó los ojos. Y así igual voló. Las piernas y las telas se trenzaban y se destrenzaban y vaya a saber cómo, pero siempre lograba quedar sujetado y no hacerse añicos los huesos.

Ya quisiera yo confiar en mi Dios, en mi país, en mi padre muerto, en mi madre cerca, en el hombre que amo, o en mí misma.
Como confió Gustavo.


26/8/13

capítulo 7



Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.




Hoy, que las efemérides recuerdan su nacimiento se me dio por compartir uno de los capítulos de su gran obra, Rayuela.

7/7/13

la última vez

Quedó impregnada
en las yemas de mis dedos la suavidad
que tenía
la palma de tu mano
la última vez que la tomé,
queriendo retenerte
porque no quería
por nada en el mundo
que te fueras.

Pero (¿te fuiste?)
igual.
Porque así tenía que ser.
Porque así lo quiso Dios.
Dicen.
Que hay que saber resignar(se).

Aceptar,
confiar, que luego el sol calentará lo suficiente para secar toda esta humedad.

De mi ojos.
De mi alma.
De mi palma, buscando
febril, la suavidad de la tuya.



Porque, cómo hago ahora para perdonarte y
pedirte que me lleves a la plaza y
me hamaques fuerte hasta
tocar con mis pies la copa del árbol.

5/5/13

gotas

Una tarde que llovió, desde adentro miró hacia afuera. Por un momento también cerró los ojos. Procuró no pensar en ninguna melodía. El reto consistía en hacerlo después. 
Entonces escribió.


Es un ave extraña o un reptil voraz
que fagocita en picada 
sus inmóviles tangentes
de transparencia tenáz.

Mártires del trueno o de las mañanas
tendrán la muerte y la vida
en el romance del sol
con sus bellas amalgamas

Gota por gota va
mi reflejo enmudecido
para soltar su rugido
en un gigante de sal

Lento en la bajante siguen su destino
de calma en las grietas,
de vida en las lenguas,
de peine de linos

Comparten camino hermanas surgentes
y el salto en las correderas
eleva el arruyo
del canto simiente.


Gota por gota va
mi reflejo enmudecido
para soltar su rugido
en un gigante de sal

Damián Lemes



31/3/13

a Damián

Primero habrá sido tu mirada, como casi siempre sucede. No me costó, a pesar de la música fuerte y la gente alrededor, darme cuenta de que eras un tipo bueno. Y para colmo hiciste eso de bajar el mentón y mantener fijo en mí a ese par de bolillones tan oscuros, tan brillantes. El corazón me latió un poco más fuerte y probablemente se hayan enrojecido y mucho mis cachetes, pero lo disimulé. Cómo podía ser que así como si nada se me moviera de esa manera la estantería.
Siempre fui enamoradiza, está bien, lo admito, pero tarde o temprano (y muchas veces más temprano que tarde) encontraba ese "algo que no me cerraba". Con decirte, Negrito mío, que minutos antes había resuelto quedarme sola, feliz y sola, alejada de cagones inmaduros que-no-saben-lo-que-quieren y de aquellos otros, la mayoría, que sólo tienen espuma de fernet con Coca y entradas free para el boliche en la cabeza.
Me gustaron tus manos. Luego el timbre de tu voz, tu sonrisa con todos tus dientes, y esas cosas que decías que me hacían reír. 
Me tenés encandilau, como  a una vizcacha. 
Percibí de inmediato tu inteligencia, y entonces, estalló un grito de gol de domingo en la Bombonera. Sin embargo hacían falta unas buenas charlas para encontrar lo fundamental, porque hay diferencias que mucho no cuentan, que son divertidas y hasta diría que es saludable que las haya, pero hay otras cuestiones en las que hay que coincidir para caminar juntos.
Como ya te he dicho: la tenés re clara, más que yo. En las reglas ortográficas y en las ideas. Te has equivocado y feo (porque sos imperfecto), y tus miserias te duelen (porque nivelás para arriba). Sabés quererte y así querés a los demás, con la dosis justa: sin egolatría, sin idolatrías, y sin desprecio.
En algún momento de aquellas charlas de calor y cerveza pensé que serías un buen compañero más allá del verano, que tus chistes eran lo suficientemente buenos como para transformar en sonrisa mis duelos, que me llevaría bien con tu familia a pesar de no cantar ni tocar instrumento alguno y que le caerías muy bien a los míos, que podría aprender muchísimas cosas y conocer rincones de verdes y de aguas dulces de por acá cerca porque me dijiste que te gustaba esta ciudad (como a mí), que me acompañarías a rezar sin cuestionar por qué lo necesito tanto, que serías capaz de casarte conmigo y que me ayudarías muy bien a transmitirle valores a los hijos que pudieran llegar.
Tres años desde aquel encuentro entre la música fuerte y el amanecer inminente no son muchos, menos aún los dos de matrimonio, pero bien vale la pena celebrar en el alma el acierto.
Te amo.

2/4/2011  -  2/4/2013

14/2/13

la historia que cuenta Cristina

antes, cuando jugábamos este juego llamado histeria que nunca se me dio bien, porque las reglas se me escapan, me entretenía pensando en "el día después". después de que finalmente estuviéramos juntos, después de tanto dar vueltas para decirnos lo que, para mi, era obvio: que estábamos muerrrtos de amor, que pasabámos horas y horas juntos y siempre nos resultaban pocas, porque en los abrazos nos podíamos quedar a vivir, parecía. yo me imaginaba siempre una habitación, con mucha luz, los dos en la cama, vos acostado, yo boca abajo, apoyandome en mis codos, con el pelo, largo, abrigando la espalda, mientras te cuento de las veces que me mordí los labios para no decirte, para no besarte, para disimular, ponele, y vos te reís, y me decís que vos también, que aquella vez, si, esa vez, vos también. y asi pasa la mañana, entre descubrimientos e historias. y yo, capaz no ese primer después, pero si más adelante, pensaba contarte de la vez que, mientras me mostrabas fotos de tu familia, y me decías que tenía que ir a conocerlos un día, como un rayo, un terremoto, un tsunami de claridad me invadió y pensé: este es. este es el hombre de mi vida. y la certeza fue tal que empecé a temblar, me apuré a despedirme, dejandote desconcertado porque nuestras despedidas usuales eran eternas, siempre se estiraban con unos mates, otro tema, música, cualquier cosa, y yo con la certeza esta inesperada, tan clara, ella, que me tuve que ir porque no podía mirarte, no supe qué hacer con esa emoción salvo esconderla. ahora, que ya pasaron tantas cosas, tanta vida entre ese momento y este, y que ese después no llegó nunca, te miro, mientras le cambio la yerba al mate, y me doy cuenta que te estuve buscando en todos los que conocí después. o mejor dicho, entendí que ya no es a vos, particularmente vos, querido flaco, sino a tu calidez, tu consuelo y la comodidad que se instala entre nosotros como si no nos hubiéramos ido nunca del otro. son tus abrazos estrujadores y plenos, de entrega total y, por tanto, de contención total. hoy, que estoy triste por otras ausencias, y no hubo ni habrá habitación con luz, ni sol, ni charla en la cama ni besos con sabor a mañana, me alegro profundamente de que estés en mi vida así, como estás, medio cerca, medio lejos, para recordarme que, aunque pocos, hay como vos hombres posibles, amables, tarados y abiertos, para mujeres posibles, queribles y rayadas. como yo.


A este texto lo encontré hoy, en un blog que vengo a conocer justo ahora y no antes como me hubiera gustado. Vino bien, en medio de tanta bulla por el día de los enamorados.

12/11/12

querer ser chica


Para andar en la bici roja. Treparme en el pino inclinado de la plaza Ramírez. Hacer equilibrio con Petra en los alambrados de Sarandí y castillos de arena con Matías y Martín en esos extraños bulevares.
Para tomar mate cocido con la abuela Yiya y el abuelo Paco, sentados en el patio.
Para enterrar monedas con la esperanza de desenterrarlas en algún futuro habiendo recordado a cuántos pasos del árbol y en qué dirección había dispuesto dejar "el tesoro".
Para tomar la leche y comer tostadas con manteca en lo de Caro, mirando a Flavia en la tele.
Para inventar coreografías con las canciones de Los Rodríguez, a pesar de no terminar de entender muy bien las letras.
Para viajar a La Plata con mami a visitar a Claudio. Y para que cuando venga Claudio de La Plata mami haga helado casero.
Para batir un nuevo record saltando a la cuerda.
Para subirme a mi hamaca preferida de la plaza Urquiza y que papá me empuje bien fuerte. Y que después me compre en el kiosco una bananita Dolca y un paquete de pastillitas Yapa.
Para sentir el olor a humedad de la piecita del fondo de la casa de la abuela Adela, donde está lleno de libros, algunas fotos viejas y dentro de una bolsa de tela, las piezas de un juego de ajedrez.
Para escuchar el silbido del señor que afila cuchillos en las siestas sordas de Gualeguaychú en verano.
Para nadar en el río hasta que llegue la tardecita y mis dedos estén arrugados "como los de una vieja".
Querer ser chica.
Para tener ganas (y no miedo) de seguir creciendo.



22/10/12

no se qué hacer con tanta luz

Pocas veces he utilizado este espacio para compartir videos a pesar de que hay muchos suspensivos que se merecerían un lugarcito en este blog.
Esta grabación de la canción Diamante, de Jorge Fandermole acompañado por su guitarrista Marcelo Stenta lo merece.
Recuerdo la primera vez que escuché este tema. Fue acá en Gualeguaychú y por el mismísimo Fander. Aquella noche, antes de cantarlo él se refirió (con otras palabras) a esas cosas que en la vida nos pasan una poco de repente, sin buscarlas demasiado y que nos colman de felicidad. Esos regalos de gran valor. Esos diamantes.
Últimamente la estoy escuchando seguido, pues hay unos muchachitos por estos pagos que están preparando su propia diamantina versión.





Y si por acá anda alguien que como a mí, le gusta escuchar las canciones leyendo las letras, copio y pego:


Me han regalado un diamante y no se qué hacer con tanta luz;
abro mi mano un instante y brilla hasta el cielo limpiando el azul.
Es sobre todas las cosas mi piedra preciosa invisible en su faz
y en el envés transparente su forma latente se vuelve real.

Quién sabe por qué misterio elige mi pecho para anidar;
de qué incendiado silencio vendrá, de qué punto del mapa estelar.
Me agujereó la camisa marcándome adentro su cronicidad,
su pulsar de lejanía con relojería de puro cristal.

Ahora voy ya sin aliento planeando en el viento llevándolo al mar.
Voy a arrojarlo a la espuma entre el agua y la duna y a verlo brillar.
No puedo llevar conmigo este brillo cautivo, esta piedra lunar;
en mi campo oscurecido su luz de infinito no puede durar;
y él fulgura, fulgura, y me ciega su precioso don;
fulgura, criatura, libre de la noche de mi corazón.

A veces llega del cielo un presente que nunca nadie previó;
pero existe uno tan bello del que no quisiera tomar posesión.
Vino su luz del vacío y me duele ponerlo de nuevo a viajar;
este regalo tardío no puede ser mío sino del azar.

23/7/12

Remando

/A un horizonte claro 
llegaremos remando 
soy hombre y canoa que besan 
camalotes entrerrianos/

 

 Si no te admirara siquiera un poquito no insertaría una de tus canciones en mis mundos.
¡Feliz cumple Dami!

12/6/12

Alma

3 de junio 2012

Que este mundo te lastime sólo lo necesario para volverte una mujer fuerte y puedas comprender al que sufre.
  Que tus ojazos reflejen siempre una mirada pura, virgen de mezquindades. 
Y que a tu alrededor, querida Almita, sigas encontrando sonrisas.

5/6/12

crónica de un lunes de junio

Desde hace un tiempo, cada vez que la alarma del celular le recuerda que hay que levantarse ella se encuentra prácticamente en la misma posición en la que se quedó dormida. La panza, que ha crecido notablemente los últimos días le impide conciliar el sueño de espaldas al techo como lo ha hecho toda su vida. Prende el velador que está sobre la mesita a su derecha y busca a tientas, entre libros y potecitos de crema, los anteojos de siempre, los que sólo han visto quienes la sorprenden entrecasa; más tarde, cuando los ojos logren despegarse del todo, se pondrá los lentes de contacto. Al mismo tiempo pero sin tanto escándalo se despierta Damián. Es lunes, ni la noche ni el fin de semana alcanzaron para descansar lo que pretendían, el ringstone elegido como alarma es tan irritante como los otros treinta que propone el aparato y sin embargo él se despierta de buen humor. Él no entiende como a ella le cuesta ser amable esos primeros minutos de cada día y a ella no le cabe la posibilidad de sonreír ante tales circunstancias. Aún así, cada mañana han sabido negociar a quién le toca hacer el desayuno y quién puede remolonear unos minutos más.

A las ocho arranca el programa de radio. El conductor también está de buen humor, o al menos eso demuestra a los oyentes. En el transcurso de la mañana ella realiza las intervenciones que cree necesarias y enfoca su atención en tomar notas de las entrevistas y subir noticias a la página Web que no deja de reclamar actualización. El juez de instrucción resolverá en los próximos días la situación procesal del imputado por la presunta violación de una menor. Inspección municipal clausuró un comercio de la ciudad. El campo convocó a un paro agropecuario. Organizan actividades por el día mundial del medio ambiente. La mañana la consume. De no ser por las cada vez más frecuentes ganas que le dan de hacer pis, no se levantaría de la silla hasta la hora de irse. Últimamente su cuerpo manda más que su mente, su voluntad quedó supeditada a aquello que no le haga mal a la bebé que lleva adentro. Recuerda que ayer se cumplieron cinco meses, y de repente, todo lo que pasa en el estudio más la misérrima producción para el programa que conduce a la tarde le importan un bledo. Las pataditas de Miguelina le dan cosquillas, se lleva la mano a la panza y nadie lo nota, pero está sonriendo y es la mujer más feliz sobre la tierra.

Un mensaje de texto de “Ma” llega en el momento justo como para quitarse una preocupación de encima: “Hice croquetas de pollo. ¡Vienen a comer?”. Cómo negarse a tan delicioso mimo. Aunque tuviera la heladera llena de opciones para el almuerzo no desaprovecharía la oportunidad de comer lo elaborado por las manos de mamá. Y Damián tampoco, porque seguro liga un plato más calórico y elaborado que el que ella pueda hacerle.

Tras el almuerzo, la vida en las ciudades pequeñas le da una segunda oportunidad a la fiaca y eso se llama siesta. Los negocios cierran y las calles se aquietan por unas horas, y entre las cuatro y las cinco de la tarde todo recobra movimiento. A esa hora regresa a la radio. La luz de “aire” se enciende a mitad de una enérgica cortina musical y su voz se escucha diciendo: “Muy buenas tardes a todos, bienvenidos a la tarde de radio Máxima, bienvenidos a esto que es: ‘Más tarde que nunca”. Al igual que la mañana, la tarde también se escurre, aunque con más adrenalina. Este lunes, al despedirse de los oyentes se sintió satisfecha con el programa, a pesar de ese entrevistado que surfeaba entre las preguntas que no le gustaba responder.

Afuera hace mucho frío y ella detesta las bajas temperaturas. No ve las horas de llegar a la casa, bañarse, comer algo y acostarse. Se consumió la mañana, como esas velitas petizas que se usan en decoración. También la tarde, y así los días. De no ser por ese trabajo de redacción que le encargaron no hubiera sido consciente de todo lo que ocurre entre que se pone y se quita los lentes. Mientras escribe su lunes como si lo hubiera vivido otra persona, lamenta no disponer de más caracteres para no tener que obviar tantos detalles. Tenía razón Borges, piensa; y en una página cualquiera de la agenda copia textual: “Entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza ignorar”.

26/5/12

el principio

Todos, alguna vez empezamos algo. Una conversación, una comida, una historia de amor, un dibujo, la composición de una canción, un viaje, un día, un texto...

“Puro engaño de inocentes y desprevenidos, el principio nunca ha sido la punta nítida y precisa de un hilo, el principio es un proceso lentísimo, demorado, que exige tiempo y paciencia para percibir en qué dirección quiere ir, que tantea el camino como un ciego, el principio es sólo el principio, lo hecho vale tanto como nada”.

Pasaje de La Caverna, de José Saramago.

18/5/12

te siento



Como un pececito de color, o como una patadita de rana.

Como el aleteo de una mariposa, como la que sienten los enamorados pero un poco más abajo, unos tres centímetros debajo del ombligo.
O como burbujas.
Me equivoqué cuando dije que ya había vivido lo más suspensivo.
Y quizás ahora me esté equivocando también y sean los ojos o la voz de ese pececito lo que más me llene el alma.

21/4/12

en el tercer escalón

La escalera de casa, además de servirnos para acceder a la planta alta, suele ser utilizada para dejar en sus escalones cualquier objeto (y cuando digo cualquier, es cualquier) que deberá aguardar allí hasta que alguno de los dos le de una respetable ubicación.
En este momento, sobre el cuarto escalón hay un cd de Damián y mis gotas de Reliverán. En el quinto una cámara de fotos, una billetera, un juego de llaves y mi nuevo pañuelo para el cuello. A excepción de las llaves, que no quedan tan desubicadas, el resto de los objetos debería estar en otro lado.
Sin embargo, más fuera de lugar que éstos es lo que encontré esta mañana de viento y hojas secas:



13/4/12

mitos de la gravidez

No sé si habrá otro tema sobre el cual existan tantos mitos como los hay en torno a los embarazos. Una más ridícula que la otra son las conjeturas que he escuchado sobre el género de la criatura y las explicaciones ante los malestares de toda futura madre.
De tan insólitas, estas conjeturas y explicaciones terminan siendo adorables, graciosas, dignas de recordar:


  • Si tenés acidez estomacal es porque le está creciendo el pelo.
  • Si el padre tiene más hermanas que hermanos, entones será nene; pero si tiene más hermanos será nena.
  • Si quedaste embarazada el día de la ovulación, es nene.
  • Arrancate un pelo, colgá de éste un anillo de oro y suspendelo sobre tu ombligo. Si realiza movimientos pendulares estás embarazada de un varón, pero si forma círculos... adentro hay una niña.
  • Sumá la edad que tendrá el padre y la que tendrá la madre cuando se produzca el parto. Si el resultado es un número par, como los testículos son dos... nacerá un niño.
  • La mujer embarazada de una nena se pone fea porque su hija le quita la belleza.
  • Si la panza está en punta, nene... de cabeza que es nene!