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19/8/14

luz de luna sumergida




Río marrón,
devolveme sangre abajo de tu paso
el lirio negro que quedó junto a tu orilla.
Río, río marrón,
lleva en un pez esta canción, que alguien me espera
de cara a las estrellas, cauce arriba,
río marrón.



Segmento de "Río marrón", de Jorge Fandermole.

16/7/14

yo

La nota de Silvina me hizo bien. Ya se lo dije, fue como hacer terapia.
Una está más acostumbrada a hacer las preguntas que a responderlas, y aunque parezca irrisorio, dar respuestas sobre la propia vida puede ser más difícil que un final. Sin embargo, conmigo Silvina logró lo que todo entrevistador anhela: que el entrevistado se olvide que hay un grabador entre los dos, que se relaje y cuente, cual charla entre amigos y con mate.
La excusa fue el día del Locutor. Justo este año que yo le había dado bastante poca bola al asunto. Soy locutora, si, la 7984 según el carnecito que me mandó el COMFER hace ocho años. Uso a la locución como herramienta para ejercer el periodismo de actualidad, cada tarde de lunes, de martes, miércoles, jueves y viernes. El resto de los días soy periodista sin locutar, pues una no puede dejar de ser lo que es cuando se apaga la luz de aire. Y viceversa. Cuando la luz de aire se enciende, en mis palabras se reflejan la mamá de Miguelina, la esposa de Damián, el duelo por mi viejo, el intensamente firme apoyo de mi madre, la vecina, la amiga, la mujer y todo lo que soy y lo que he sido. Todo se nota.
Y digamos que a eso vagamente lo sabía, o lo sospechaba, pero fue al decirlo que lo entendí. O me lo apropié.
El domingo leí la nota como si se tratara de otra persona. Alguien más contaba cosas sobre su relación con la radio, con los oyentes, hablaba de la agenda, de las malas palabras, de los juegos de la infancia...
La chica en la foto me pareció de verdad feliz, con el micrófono en una mano apuntando hacia la boca de una corneta, con la otra mano sosteniéndose los auriculares para no perder el retorno, y en la mirada la fascinación por ese pequeño murguero que esperaba ansioso debutar esa noche en el corso barrial.
Me gustó ser esa de la nota y por eso digo que me hizo bien, porque no siempre nos agrada la imagen que nos devuelven los espejos.

 

1/6/14

de criollas, dancing y urquizo

Todos los días se aprende algo nuevo. Alguien nos sentenció con esa premisa una vez y desde entonces nadie la cuestiona; por el contrario, se la repite como al Padrenuestro, sin detenerse a pensar demasiado en lo que se está diciendo. ¿De verdad aprendemos algo nuevo todos los días? No se, es probable, incluso que aprendamos más de una sola cosa por día, como también puede que pasen días sin que aportemos demasiado a nuestro capital intelectual. Depende. De lo que sí estoy convencida es de que todos los días ocurren hechos suspensivos. Vivimos a mil y no tenemos tiempo para detenernos en aquella pavadita que nos llamó la atención, que nos causó sorpresa y que por un ratito nos sacó de donde estábamos y nos elevó. Seguimos de largo.
Borges lo dijo mejor: “Entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza ignorar”.
Sin conocer esta frase y sin estar demasiado convencida de tener material, hace cinco años armé este blog con la idea de escribir sobre esos mundos lo suficientemente poderosos como para suspenderme, pero sin ese carácter de cosa pública que tienen los hechos que son convertidos en noticias. Y acá me veo, bastante más grandecita que en el abril del 2009, medianamente convencida de que todos los días aprendemos algo.
Ayer, por dar un ejemplo, aprendí que si una quiere mandarinas no basta con ir a la frutería y pedir mandarinas, porque hay varios tipos de mandarinas y no valen todos lo mismo. Ayer aprendí que en lo de Chiche pueden conseguirse mandarinas "dancing", "urquizo" y "criollas". Las dancing son de un naranja hermosamente brilloso, las criollas tienen la piel finita y pegadita al cuerpo, mientras que las urquizo son esas más fáciles de pelar porque la cáscara está como suelta, como ropa que le queda grande.


7/3/14

sugestiones

Anoche que Miguelina se durmió temprano, con Damián pretendimos "aprovechar para dormir", ya que se trata de algo sumamente necesario y que se da muy de vez en cuando desde el 28 de septiembre del 2012. Sin embargo, los muy abombados nos enganchamos con dos películas, ambas ya empezadas, aunque no lo suficiente como para no entender la trama.
Un drama y una comedia, como para compensar con risa la angustia.
Lo que voy a contar a continuación no es algo que no haya observado antes, sólo que anoche me sorprendió más de lo habitual. En las pausas publicitarias (que siempre llegan en el mejor momento) noté que Damían hacía comentarios como si le estuviera pasando a él lo del protagonista, un tipo de empatía  algo extraña, ya que su vida y la del pobre muchacho de la película no se parecen en nada. Es así como culpa del cine mi marido siente el dolor de mi engaño y lucha porque yo le deje ver a su pequeña niña, y sobrevive a la traición de un amigo o experimenta (desde los mullidos almohadones de la cama) la aventura más extraordinaria, con estallidos, tiroteos y persecuciones. 
Como anoche me causó mucha gracia, y le advertí que probablemente lo escribiría en el blog, me confesó que siempre ha sido así. Que cuando era niño salía del cine Palma con los ojos desorbitados creyendo ver enemigos escondidos arriba de los techos y seguro de que sus bracitos morenos eran tan poderosos como los de He-Man.
Y me enamoré aún más.


13/12/13

un cuento de Landó


Era lindo cuando de niñ@s algún adulto nos contaba un cuento. Los improvisados en el momento estaban buenos porque maravillosamente coincidían con nuestras propias vidas en más de un detalle; pero los otros, los que alguien había escrito, también. A mi me gustaba Hansel y Gretel porque me resultaba de una astucia deslumbrante de parte de los niños eso de ir tirando miguitas de pan para reconocer luego el camino, más allá de que se las comieran luego los pájaros.
El martes por la mañana me dieron ganas de que me contaran un cuento, y la red social del momento fue la clave para encontrar al autor. Se llama Jorge Landó, es  un señor muy alto, de barba blanca, gualeguaychuense y anticlerical. Escribe hermoso. El cuento que me mandó es el siguiente, y se llama "Paraje La Garza Mora".
Que lo disfruten, como yo.




No me va a crer Don Luis, bah, si a mí nadie me cree. Pero había como docientos pa verlo al Nene Brunner en persona . Vinieron de todos laus, del Médano de Ceibas, de Paranacito, hasta de Gualeguaychú vinieron.

Y no mentía el viejo Aguinaldo Cevallos, se había acercado mucha gente al Paraje Garza Mora, caserío de unos setenta habitantes, pero con destacamento policial, capilla, posta sanitaria, y otros adelantos infrecuentes en la zona y en una población tan pequeña. Pero el Torcido Menoyo había nacido allí, y hoy era Diputado Provincial, jugaba sus influencias en beneficio de su pago el Torcido, su nombre de pila era Pío Papa, le decían Torcido porque de chico lo pateó una yegua y le dejó mal todo el costado izquierdo, desde entonces vivía medio de perfil, casi como los egipcios.
-

Pa verlo al Nene llegaron Don Luis, pa verlo de cuerpo presente, la Rosa Aizpurúa estaba que se salía de la vaina. Hacía como tres años que no lo veia. La pista ´el cieguito estaba llena ´e gente.

La Rosa Aizpurúa, vasca de madre, y padre desconocido, era la “pareja” del Nene Brunner. El cieguito Artidoro Pereyra era ciego de nacimiento el pobre, pese a ello con la menguada herencia de su padre había edificado el emporio de la diversión del paraje. Boliche de copas, cancha de taba, pista para cuadreras, cancha de bochas. Y tres piecitas al fondo, que tanto servían de alojamiento para infrecuentes viajeros, como para que allí se prostituyera su hermana, la bizca Eudosia Sanjurjo, hermana de madre solamente. La bizca estaba siempre allí a disposición de quien la requiriera, no tan siempre se le sumaba alguna viajera, del oficio, que recalaba para retomar fuerzas y hacerse unos pesos. Y menos siempre cualquier mujer del pago que precisaba recomponer sus finanzas, o remediar sus carencias de afecto. En estos últimos casos trataban con Artidoro para que las ubicara en la pieza del fondo, la que no tenía luz, de modo que los clientes entraran sin saber con quien ni con que se encontrarían. Bastaba con disimular la voz ante el ciego y los clientes.
-

Llena la pista Don Luis, quién iba a decir, por ese asunto del libro. ¿Qué les importaba el libro? si casi ninguno sabía ler. Era pa verlo al Nene.
Otra verdad del viejo Don Aguinaldo, al que nadie le creía a causa de su fama de mentiroso y borracho. Pero esta vez decía la verdad.
La Comisión de Fomento, todos amigos del Torcido, había conseguido un subsidio de la provincia para organizar algo que moviera un poco la vida del paraje.
Y a instancias del maestro, director y ordenanza de la escuela, organizaron un certamen literario. Los participantes debían presentar un libro de cincuenta páginas que versara sobre el Paraje Garza Mora. La extensión fue provincial, y el género podía ser cualquiera, cuento, novela, teatro, ensayo histórico, poesía. El único premio era la edición de doscientos ejemplares del libro, de los cuales el vencedor recibiría cien. El jurado lo integraban el presidente vitalicio de la Comisión de Fomento: Don Aparicio Fagúndez, el maestro Don Heraclio Paredes y el propio Torcido Menoyo.
Poco debió trabajar el jurado, pues se presentó una sola obra, que resultó ganadora por fallo unánime, el seudónimo empleado fue “Flor Silvestre”. La poca convocatoria del concurso fue cuidadosamente ocultada por los organizadores, que dijeron haber recibido más de cien trabajos.
Cuando se abrió el sobre para develar los datos del, o de la agraciada/o, todos los presentes quedaron helados. El triunfador fue el Nene Brunner.
Arduas fueron las pesquisas para dar con su paradero a fin de invitarlo para la entrega del premio.
Más arduas las gestiones para lograr que se confirmara la asistencia del triunfador. Pero al fin hubo una respuesta positiva y se fijó la fecha.
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Quién le iba a decir Don Luis, el Nene autor de libro, nunca le conocí esas mañas. Él sabía ser güeno pa cartear en el truco, cargar una taba, o hallar algún lazo antes que el dueño lo pierda. Habilidoso pa encontrar una soga y llevársela pa su casa, sin darse cuenta que había un ternero en la otra punta.
Pero escribir libro ni pa nada.
La fama del Nene Brunner estaba bien cimentada, tanto que debió mudarse de pago ante las reiteradas y sabias sugerencias del Torcido, su amigo de la infancia.
Poco se supo de él luego, ni la Rosa tenía noticias del amor de su vida.
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La cosa es que se ha juntao toda esta multitú pa verlo al Nene con libro. El cieguito ha puesto mesas en la pista y está despachando bebida a lo pavote.
El negocio de Artidoro Pereyra marchaba viento en popa, desde la mañana temprano, vino en especial, ginebra y refrescos. En una parrilla humeaban los chorizos. Había también truco y taba, para matizar la espera.
Las piecitas del fondo trabajaban a pleno. La bizca y dos forasteras hacían lo suyo a destajo, y el cieguito iba con su parte en todo.
Lo único que empañaba su dicha era que cada tanto el torcido invitaba una vuelta para todos, y a esas vueltas jamás las pagaba.
Un par de matronas del lugar rumoreaban entre ellas mientras se hacían cruces denostando la actividad ilícita e inmoral de las tres mujeres de las piecitas.
Pasado el mediodía la concurrencia vio llegar una camioneta, en las puertas un escudo y una sigla IPPSF. Los que sabían, medianamente, leer identificaron las letras pero se quedaron sin saber su significado.
Entre otras tres personas que descendieron del vehículo vieron azorados al Nene Brunner, riguroso ambo azul marino, camisa blanca, corbata verde y zapatos bien lustrados. Como recién afeitado y el pelo corto a la moda. Era preciso detenerse en su cara para reconocerlo. Era, sin duda, el Nene Brunner que todos conocían de sobra. Tez morena, facciones simiescas y la sonrisa que nunca se le fugaba del rostro. Nunca nadie supo por qué sonreía siempre.
-

Y yo, Don Luis, ya estaba mamau por unanimidá. Pero tengo tantos años de mamau que no se me escapa nada.
El Nene se reia por algo, lo conozco de gurí, algo se maliciaba.
Mirelón al Nene Brunner con libro, con su pinta ´e tape y su apellido alemán que nunca supo ´e dónde lo había sacau, porque a su padre no lo conoció.
Los recién llegados se plegaron al jolgorio general, la Rosa se colgó del pescuezo del Nene y lo miraba embobada. Los acompañantes del laureado querían comer, y el Torcido en persona se encargaba de atenderlos. Unas tiras de asado, chorizos y ensalada aparecieron en la mesa que tenían reservada desde el comienzo. El vino, tinto y blanco, se destacaba por ser de buena marca, entre tanto vino de damajuana que circulaba por toda la pista.
Había tiempo antes del acto protocolar de la entrega del premio y la presentación del libro del Nene.
De un colectivo de línea que hizo un alto en la ruta llegó, caminando, un hombre alto y muy flaco, del hombro le colgaba un portafolios negro, de lona.
El Torcido lo presentó, era un poeta y cuentista de Gualeguaychú, también profesor de Lengua, Literatura y Latín. Algunos se quedaron pensando si Latín era una lata chiquita.
El mismo Torcido, apelando al remanente de una partida destinada a la ampliación de una letrina pública que se construía sobre la ruta, lo había contratado para que se hiciera cargo de la presentación y análisis de la obra del Nene Brunner.
El profesor no dudó en sentarse en la mesa donde estaba el vino bueno y el asado. Hizo honores proverbiales a ambos elementos entre comentarios y carcajadas cada vez más estridentes.
-

Le juro Don Luis que el profesor ese chupaba como ladrillo ´e cuarta y comía como lima nueva, ni que se fuera a acabar el mundo, era un desaforau pal tinto, no le duraba en el vaso.
La parte formal del acto estaba prevista para las cinco de la tarde. A eso de las cuatro y media los acompañantes del Nene se dirigieron a las piecitas, y cada uno en una se encerraron bien acompañados.
Como la plata no había alcanzado para contratar equipo de sonido un megáfono hacía las veces de tal.
El presidente vitalicio de la Comisión de fomento abrió el acto exaltando las virtudes cívicas del Torcido, ciudadano preclaro le dijo, benefactor de la comunidad. Al Nene lo calificó de poeta por “autonomacia”, y le cedió el megáfono al profesor que se lanzó al comentario de la obra. Le costaba articular las palabras a causa de la profusa ingesta alcohólica previa, no obstante citó en abundancia a Virgilio y a Borges, ilustres antecedentes del Nene Brunner. Habló de tropos y metáforas, de hipérbaton y metonimia, de paráfrasis y oxímoron, para terminar leyendo una cuarteta del libro que, solícito, le alcanzó Don Ricardo, el encargado de la edición.
“En los campos de La Garza
  ande relincha el peludo
  levanta cola la iguana
  con una flor en el culo”
Los aplausos lo alentaron para leer otra, el vino también lo alentó. Después de una parrafada en la que elogió la concisión y economía de lenguaje del Nene Brunner, comparándolo con Quevedo y Lugones, leyó este terceto:
“En el pago de La Garza
no hay animal que se pierda
¡Flor mierda!”
La ovación fue generalizada, la concurrencia deliraba de gozo, agitando pañuelos y sombreros, lo que le indicó al profesor que era tiempo de convocar al vencedor para ceñirle la corona de laurel que habían preparado las niñas del lugar.
El nene Brunner no aparecía, lo buscaron con empeño y nada. Unos chicos que, ajenos al acto, jugaban a la pelota muy cerca dijeron haberlo visto con la Rosa caminando hacia la ruta.
Los tres hombres que habían arribado con el Nene aparecieron demudados.
-

Tenemos que llevarlo de vuelta al penal de Coronda, si no nos decapitan.
Algunos comprendieron la sigla pintada en las puertas de la camioneta. “Institutos Penales Provincia de Santa Fe”.
-

¿Sabe Don Luis? el nene estaba guardau en Coronda, intentó asaltar una compañía de seguros, pero era tan chambón que lo agarraron.
Las gestiones del Torcido habían logrado que le permitieran asistir a la entrega de premios, ya que era el único y principal  premiado.
La policía local rastrilló en vano la zona. Cuando empezaron la búsqueda el Nene Brunner ya estaba a bordo de una lancha rápida por el arroyo Martínez.
A la noche bebía vino blanco helado en una suntuosa residencia isleña, junto al propietario, que no era otro que el Torcido mismo, la Rosa y la bizca.
El cieguito Pereyra contaba sus ganancias palpando con cuidado los billetes.
Los oficiales santafecinos optaron por mamarse y repartirse a las dos forasteras que quedaron, igual los iban a castigar luego.
-

Ya sabía Don Luis, el nene Brunner es capaz de joderlo al mismo Judas. Y si se junta con el Torcido Menoyo, ¡Pior!.
En el Paraje Garza Mora se sigue hablando hasta hoy de la ingeniosa fuga, aunque los diarios no dijeron ni mu.

Los lugares y personajes de esta historia pertenecen a la ficción. Cualquier parecido con sitios o personas reales es producto de la casualidad, que tantas veces acierta.

Jorge F. Landó

24/10/13

la noche que Verónica regresó

Verónica se había ido, lejos. Para enseñar y para aprender, porque ella quiere que el mundo sea un lugar mejor para todos. Quiere que nadie explote a nadie. Quiere personas libres. Quiere justicia.
Cuando regresó, Verónica estaba llena de cosas nuevas. Tantas vivencias le habían agrandado el mundo, y las palabras se le salían solas por la boca.
La noche que Verónica regresó la luna también estaba llena, y flotaba blanca sobre el campo entrerriano.
Entonces Verónica escribió:

El cinturón de Orión apenas se insinúa. Hay fondo de cielo azul clareado y velos de nubes trazados al descuido, como plumazos desparramados, suspendidos entre el espacio y el suelo.
El campo también está velado; masas oscuras de árboles se acercan y se alejan mientras viajo de regreso. De a ratos, las claridades a ras de tierra se me figuran linares florecidos, aunque... ni siquiera sé si es el tiempo del lino. Solo sé que me gusta su color sobre el campo, cielos de lino ensayando giros entre los dedos del viento. Y el frescor tan verde de los alfalfares. Y las masas rojizas y densas del sorgo...


Pero el sorgo es de marzo, pensó.
Verónicasoledad.
Verónicasilencio.
Alguna luz a lo lejos.


Y la luna redonda y blanca se adueñó de todas sus visiones.

26/8/13

capítulo 7



Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.




Hoy, que las efemérides recuerdan su nacimiento se me dio por compartir uno de los capítulos de su gran obra, Rayuela.

18/5/13

palabras encarnadas



Las palabras tienen dueño, por ejemplo: la palabra "epíteto" es de mi madre. Sucede que los dueños de las palabras no son plenamente conscientes de su pertenencia. Con seguridad puedo afirmar que mi madre no sabe que "epíteto" le pertenece. Lo sé yo, y quizás alguien más. Y lo sé porque leyendo una página de un libro encontré esa palabra. Entonces se fue Horacio y el Club y la Maga enfermera de Pola y apareció mi madre pronunciándola. "Epíteto". Sólo esa, ni la que le antecedía y la que proseguía. La dijo, porque era su palabra, y se fue.
Las palabras se les encarnan a sus dueños en la piel de la cara, y cuando esto sucede ya no hay nada que hacer. Todos nos iremos con nuestras palabras encarnadas, en la comisura de los labios, debajo de los ojos, entre la ceja y el párpado. Eso depende de cada palabra. Están a las que les sientan bien los pómulos y a las que no.

5/5/13

gotas

Una tarde que llovió, desde adentro miró hacia afuera. Por un momento también cerró los ojos. Procuró no pensar en ninguna melodía. El reto consistía en hacerlo después. 
Entonces escribió.


Es un ave extraña o un reptil voraz
que fagocita en picada 
sus inmóviles tangentes
de transparencia tenáz.

Mártires del trueno o de las mañanas
tendrán la muerte y la vida
en el romance del sol
con sus bellas amalgamas

Gota por gota va
mi reflejo enmudecido
para soltar su rugido
en un gigante de sal

Lento en la bajante siguen su destino
de calma en las grietas,
de vida en las lenguas,
de peine de linos

Comparten camino hermanas surgentes
y el salto en las correderas
eleva el arruyo
del canto simiente.


Gota por gota va
mi reflejo enmudecido
para soltar su rugido
en un gigante de sal

Damián Lemes



14/2/13

la historia que cuenta Cristina

antes, cuando jugábamos este juego llamado histeria que nunca se me dio bien, porque las reglas se me escapan, me entretenía pensando en "el día después". después de que finalmente estuviéramos juntos, después de tanto dar vueltas para decirnos lo que, para mi, era obvio: que estábamos muerrrtos de amor, que pasabámos horas y horas juntos y siempre nos resultaban pocas, porque en los abrazos nos podíamos quedar a vivir, parecía. yo me imaginaba siempre una habitación, con mucha luz, los dos en la cama, vos acostado, yo boca abajo, apoyandome en mis codos, con el pelo, largo, abrigando la espalda, mientras te cuento de las veces que me mordí los labios para no decirte, para no besarte, para disimular, ponele, y vos te reís, y me decís que vos también, que aquella vez, si, esa vez, vos también. y asi pasa la mañana, entre descubrimientos e historias. y yo, capaz no ese primer después, pero si más adelante, pensaba contarte de la vez que, mientras me mostrabas fotos de tu familia, y me decías que tenía que ir a conocerlos un día, como un rayo, un terremoto, un tsunami de claridad me invadió y pensé: este es. este es el hombre de mi vida. y la certeza fue tal que empecé a temblar, me apuré a despedirme, dejandote desconcertado porque nuestras despedidas usuales eran eternas, siempre se estiraban con unos mates, otro tema, música, cualquier cosa, y yo con la certeza esta inesperada, tan clara, ella, que me tuve que ir porque no podía mirarte, no supe qué hacer con esa emoción salvo esconderla. ahora, que ya pasaron tantas cosas, tanta vida entre ese momento y este, y que ese después no llegó nunca, te miro, mientras le cambio la yerba al mate, y me doy cuenta que te estuve buscando en todos los que conocí después. o mejor dicho, entendí que ya no es a vos, particularmente vos, querido flaco, sino a tu calidez, tu consuelo y la comodidad que se instala entre nosotros como si no nos hubiéramos ido nunca del otro. son tus abrazos estrujadores y plenos, de entrega total y, por tanto, de contención total. hoy, que estoy triste por otras ausencias, y no hubo ni habrá habitación con luz, ni sol, ni charla en la cama ni besos con sabor a mañana, me alegro profundamente de que estés en mi vida así, como estás, medio cerca, medio lejos, para recordarme que, aunque pocos, hay como vos hombres posibles, amables, tarados y abiertos, para mujeres posibles, queribles y rayadas. como yo.


A este texto lo encontré hoy, en un blog que vengo a conocer justo ahora y no antes como me hubiera gustado. Vino bien, en medio de tanta bulla por el día de los enamorados.

21/1/13

un nuevo blog

Enhorabuena, señoras y señores, se enredaron las margaritas. 

10/1/13

nada el pájaro y vuela el pez

Hace dos años murió María Elena Walsh, integrante del grupo de seres que no se van cuando fallecen. Digo yo. Porque han dejado huellas, que no se borran, a través de su obra. En este caso de sus canciones, y de sus textos, como este que habla sobre la pena de muerte:

Fui lapidada por adúltera. Mi esposo, que tenía manceba en casa y fuera de ella, arrojó la primera piedra, autorizado por los doctores de la ley y a la vista de mis hijos.
    Me arrojaron a los leones por profesar una religión diferente a la del Estado.
    Fui condenada a la hoguera, culpable de tener tratos con el demonio encarnado en mi pobre cuzco negro, y por ser portadora de un lunar en la espalda, estigma demoníaco.
    Fui descuartizado por rebelarme contra la autoridad colonial.
    Fui condenado a la horca por encabezar una rebelión de siervos hambrientos. Mi señor era el brazo de la Justicia.
    Fui quemado vivo por sostener teorías heréticas, merced a un contubernio católico-protestante.
    Fui enviada a la guillotina porque mis Camaradas revolucionarios consideraron aberrante que propusiera incluir los Derechos de la Mujer entre los Derechos del Hombre.
    Me fusilaron en medio de la pampa, a causa de una interna de unitarios.
    Me fusilaron encinta, junto con mi amante sacerdote, a causa de una interna de federales.
    Me suicidaron por escribir poesía burguesa y decadente.
    Fui enviado a la silla eléctrica a los veinte años de mi edad, sin tiempo de arrepentirme o convertirme en un hombre de bien, como suele decirse de los embriones en el claustro materno.
    Me arrearon a la cámara de gas por pertenecer a un pueblo distinto al de los verdugos.
    Me condenaron de facto por imprimir libelos subversivos, arrojándome semivivo a una fosa común.
    A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar. Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas.


Y de regalito, para ponerle play, una de sus canciones: "Sábana y mantel"


29/11/12

los principios

Escribir sí

Ganesha es panzón, por lo mucho que le gustan los caramelos. y tiene orejas y trompa de elefante. Pero escribe con mano de gente.
Él es maestro de indicaciones, el que ayuda a que a gente empiece sus obras. Sin él, nada en la India tendría comienzo.
En el arte de la escritura, y en todo lo demás, el comienzo es lo más importante. Cualquier principio es un grandioso momento de la vida, enseña Ganesha, y las primeras palabras de una carta o de un libro son tan fundadoras como los primeros ladrillos de una casa o un templo.

Eduardo Galeano. Espejos, una historia casi universal


Robé esto de por ahí por una frase, la que dice que cualquier principio es un grandioso momento de la vida. En historias de amor considero que si el comienzo no es grandioso entonces la historia no lo será. Directamente no será historia. Más o menos lo mismo pienso de los textos, pero de eso ya hemos hablado bastante. Ahora prefiero detenerme a pensar en principios más cotidianos que pasamos por alto sin observar su grandiosidad: 
Como el principio de cada día, con los ruidos de la calle que se acercan y se confunden con el sueño. El lento y pesado abrir de los ojos. Esa luz que entra. La almohada tibia.
Como los primeros pasos de la elaboración de una torta, cuando las yemas de los dedos se encuentran con la harina. Las pequeñitas partículas que vuelan y caen dispersas sobre la mesa. La madera de la mesa. La rugosidad que le dejaron viejas amasadas. La incorporación de los elementos húmedos. La unión. El olor a vainilla.
Las primeras palabras de una conversación, cuando el color de la voz de uno llega al otro y se reconoce; o se desconoce y se descubre.
O el primer mordisco en un durazno, cuando la lengua se encuentra sorpresivamente con la felpa fresca y seca de la fruta, cuando cruje la piel y brota el dulce. Cuando los ojos descubren el color. 
El resto de los bocados no serán tan sensacionales como este.

En abril de 1896, el señor John C. Rice (Billy Bilke) le dio a la señorita
May Irwin (Beatrice Byke) el  primer beso de la historia del cine.




22/10/12

no se qué hacer con tanta luz

Pocas veces he utilizado este espacio para compartir videos a pesar de que hay muchos suspensivos que se merecerían un lugarcito en este blog.
Esta grabación de la canción Diamante, de Jorge Fandermole acompañado por su guitarrista Marcelo Stenta lo merece.
Recuerdo la primera vez que escuché este tema. Fue acá en Gualeguaychú y por el mismísimo Fander. Aquella noche, antes de cantarlo él se refirió (con otras palabras) a esas cosas que en la vida nos pasan una poco de repente, sin buscarlas demasiado y que nos colman de felicidad. Esos regalos de gran valor. Esos diamantes.
Últimamente la estoy escuchando seguido, pues hay unos muchachitos por estos pagos que están preparando su propia diamantina versión.





Y si por acá anda alguien que como a mí, le gusta escuchar las canciones leyendo las letras, copio y pego:


Me han regalado un diamante y no se qué hacer con tanta luz;
abro mi mano un instante y brilla hasta el cielo limpiando el azul.
Es sobre todas las cosas mi piedra preciosa invisible en su faz
y en el envés transparente su forma latente se vuelve real.

Quién sabe por qué misterio elige mi pecho para anidar;
de qué incendiado silencio vendrá, de qué punto del mapa estelar.
Me agujereó la camisa marcándome adentro su cronicidad,
su pulsar de lejanía con relojería de puro cristal.

Ahora voy ya sin aliento planeando en el viento llevándolo al mar.
Voy a arrojarlo a la espuma entre el agua y la duna y a verlo brillar.
No puedo llevar conmigo este brillo cautivo, esta piedra lunar;
en mi campo oscurecido su luz de infinito no puede durar;
y él fulgura, fulgura, y me ciega su precioso don;
fulgura, criatura, libre de la noche de mi corazón.

A veces llega del cielo un presente que nunca nadie previó;
pero existe uno tan bello del que no quisiera tomar posesión.
Vino su luz del vacío y me duele ponerlo de nuevo a viajar;
este regalo tardío no puede ser mío sino del azar.

12/10/12

mamá

"No tengo palabras para describir lo que siento", vaya si habré escuchado esa frase. Y cada vez que la oía pensaba que no encontrar palabras en nuestra lengua era imposible, que a quien decía aquello le hacía falta un diccionario porque si hay algo que en estas tierras abundan son las palabras.
Sin embargo la vida, una vez más, me baja el copete. Y acá estoy, dándole vueltas al asunto porque sé que algo tengo que escribir pero no se exactamente qué, ni cómo. Inventé este blog porque descubrí que nos rodean mundos sin prensa, demasiado simples como para salir publicados en los medios tradicionales pero lo suficientemente conmovedores para hacernos sonreír, asustar, o llorar; para cautivarnos, suspendernos. Cosas así nos ocurren a cada rato cada día. Ya lo dijo Borges mejor que cualquiera: “Entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza ignorar”. Entendido de esta manera, materia prima no me ha faltado nunca; pero ahora, que acabo de vivir lo más intenso y visceral de mis días, me faltan las palabras.

Miguelina y Sabina


27/9/12

Miguelina viene llegando

Hay gente, como Marga, que tiene el grandioso don de hacerle honor a nuestra lengua. Gente, como Marga, que conoce las palabras, les sabe su peso, su color, y las pone en el lugar adecuado.
Allí donde va una, no va otra. Así escribe Marga, sencillamente hermoso. Orgullosas están ellas, las palabras, porque las usa con amor. Como si vistiera a una muñeca y al finalizar la perfumara.

Hoy Marga le regaló un texto a Sabimamá, y a Sabimamá se le llenaron los ojos de lágrimas y el corazón de emoción.


Vida entre tu vida, 
remolino de luz 
viene llegando tu niña, 
ajena al tiempo, 
 a tus tiempos... 
Soles y lunas 
acunaron tus desvelos 
alargando la espera 
fogoneando el deseo 
de tenerla entre tus brazos
en tu pecho de luna llena, 
Sabi, 
Miguelina viene llegando...






12/9/12

el trabajo de los niños

El último día del niño, el grupo de apoyo escolar de Caritas de la Catedral de Gualeguaychú llevó al parque a los chicos de la Guardería Nazaret. Allí les entregaron los derechos del niño, conversaron un poco y les pidieron que el que quiera tome algún derecho y escriba algo.
El viernes siguiente, una nena de 11 años entregó esto:


Los derechos del niño 
Un día 5 niños que vivían en un rancho estaban solos en su rancho, sus padres se fueron a un casino a jugar. Cuando sus padres llegaron a su rancho ya era muy tarde y los chicos ya estaban dormidos, entonces su padre los disperto para que salgan a pedir comida y plata. Porqué ellos abían perdido toda la plata que les quedaba , ni los niños ni ellos tenian para comer, por eso los mandó a pedir. Aunque no era la primera vez que los chicos salian a pedir ya estaban muy acostumbrados. 
Por eso existen los derechos del niño para que los chicos no salgan a pedir y para no trabajar porque los trabajos los hacen los adultos. Los chicos trabajan en la escuela.

11/8/12

ya

¿Será posible que una crema para el contorno de los ojos pueda eliminar las arrugas en 48 horas, o que ese tratamiento para adelgazar le haga perder los 25 kilos de más que lleva esa mujer, en apenas un mes y a mitad de precio si aprovecha la promoción?
Nada haría sospechar de la eficacia de la crema ni del tratamiento para bajar de peso de no ser por la promesa de la inmediatez de los resultados. Por lo visto en nuestra sociedad occidental no nos conformamos con que las cosas funcionen. Necesitamos que funcionen y rápido; y lo penoso es que de la misma manera nos exigimos a nosotras mismas, a nuestros novios o maridos, a nuestras amigas, compañeros de trabajo, a nuestros padres, a nuestros hijos. Y cuando salimos a la calle seguimos exigiendo eficacia instantánea, reaccionamos con un impaciente bocinazo ante los errores del hombre que conduce el auto que va delante del nuestro, queremos que la señora que nos atiende en el almacén no se demore tanto en cobrarnos y que el remisero acelere. Hasta los semáforos nos irritan.
¿Pero qué pasa con los tiempos que no somos capaces de modificar, con los tiempos biológicos, los tiempos de maduración, de crecimiento?
Ahora que mi atención se focaliza principalmente en todo aquello relacionado al embarazo, al parto, la lactancia  y a la maternidad voy a transcribir un párrafo del libro "La maternidad y el encuentro con la propia sombra", de la terapeuta familiar argentina Laura Gustman, sobre las presiones del mundo para la nueva mamá:

Nuestra sociedad está apurada "por volver a la normalidad". Todos queremos que la mamá "vuelva a ser la de antes", que adelgace rápido, que abandone la lactancia, que retome el trabajo, que luzca espléndida... en fin, que esté a tono con los tiempos que vivimos. Es la era de internet, del e-mail, la telefonía celular, la televisión por satélite, los aviones y las autopistas rápidas. El mundo anda a velocidad luz mientras las madres se sumergen en las tinieblas del recogimiento, conservando las redondeces y reclamando silencio.
(...)
El mundo podrá transformarse, llegaremos a Marte, Júpiter o Neptuno; pero necesitaremos siempre nueve largos meses para gestar a nuestros hijos, otros nueve meses para que inicien el desplazamiento autónomo y larguísimos años para ser capaces de enfrentar el mundo sin la ayuda de los padres.



Muchas veces sentimos que si sacamos el pie del acelerador el mundo nos va a pasar por arriba aplastándonos sin piedad, pero hay momentos en los que no queda otra, y bienvenidos sean esos momentos.

25/6/12

el medio equivocado

En el 99,9 por ciento de las puertas de los baños públicos de mujeres hay frases dirigidas a hombres. No digo en todas porque aún existen algunas pocas, muy bien cuidadas, que no han sido víctimas del romántico vandalismo de las damas, pero las que cayeron en sus garras tienen escritas frases dirigidas a hombres.
Analicemos. La frase "Pablo te amo con locura, Lauri", es un mensaje y como tal tiene un emisor que en este caso es Lauri, y un receptor, Pablo. Hasta acá todo bárbaro; siempre y cuando tal frase sea entregada a Pablo en un papel, Lauri se la haya dejado escrita en la última hoja de su carpeta de Ciencias Sociales, en su muro de Facebook, o en un mensaje de texto enviado a su número de celular. En definitiva, el mensaje cumple su función como tal si llega al receptor.
He aquí la fundamental importancia del medio.
Si Lauri escribió esa frase en el baño de la puerta de la terminal de ómnibus de la ciudad que visitó el último verano es absurdo pensar que Pablo se entere de que lo ama. Una picardía.
Si ella se lo ha dicho, pero además se le ocurrió dejarla escrita en las puertas de todos los baños públicos a los que vaya a hacer pis, Lauri es imbécil.
La siguiente fotografía fue tomada en uno de los baños de mujeres de la terminal de ómnibus de Gualeguaychú:


Allí puede leerse "Gustavo sos un HDP".
Yo digo, si Gustavo es un hijo de puta, sería bueno que esta chica se lo hiciera saber. Quizás Gustavo elija cambiar, o no, pero al menos ella se sacaría la bronca de adentro, y como si eso fuera poco esta puerta sería más linda.
¿Qué ocurre entonces, mujeres? ¿Fallamos en la manera de comunicarnos, elegimos los medios equivocados, o simplemente somos imbéciles?



13/6/12

la última crónica

El taller de redacción de crónicas termina este viernes con la devolución del trabajo entregado el martes, y la consigna era escribir una crónica con técnica libre, de la cantidad de caracteres que quisiéramos justamente sobre el taller. Aquí va "la última crónica".

 Esperaba con ansias los viernes, y a partir del anochecer de cada domingo sentía que el reloj empezaba a aplastarla. Sabía que tenía tiempo hasta el martes, pero de todos modos, la posibilidad de no llegar a terminar la crónica a horario la inquietaba. Así, pasó dos meses. Poniendo a prueba su ortografía, su gramática y sobre todo su inspiración, que es tan fundamental como fortuita. Una puede estar segura de las reglas de puntuación y acentuación pero no puede garantizarse la inspiración antes de la medianoche uruguaya. Sin embargo, pudo entregar a tiempo los ocho trabajos encargados y disfrutarlos, como tazas de chocolate caliente al lado del fuego. Saboreando sorbo a sorbo, jornada a jornada.

Recordó aquel viaje a Villa Paranacito y escribió sobre los escalofriantes recuerdos de Juan, que en realidad se llama Marcos, pero hasta su nombre quiso resguardar “por si vuelven los militares”. Aprovechó el día de trabajo transmitiendo la octava marcha sobre el puente internacional General San Martín contra la contaminación de la pastera Botnia y la describió, cronológicamente y a su modo, en poco más de 4.500 caracteres. Dedicarse al periodismo le dio temas para contar, como ocurrió con su tercera crónica, basada en un día del juicio que tuvo sobre ascuas a la gente de su ciudad; pero después comprendió que para escribir no hace falta más que vivir. No es necesario asistir a importantes acontecimientos sociales porque, probado está, podemos ser testigos de una bellísima cantidad de cosas con tan sólo mirar un rato a través de una ventana. Lo cotidiano, por ser materia de todos los días, no es menos apasionante que un día de vacaciones en las montañas.

El ejercicio de escribir le aceitó los dedos y le desaplomó la imaginación. Este otoño, por ser la segunda vez que participaba del taller, se permitió desajustarse el cinto, quitarse las botas y volar. No es fácil dejarla conforme, por tal motivo hubo un tiempo que pensó que se quedaría soltera a pesar de la Susanita interna que le reclamaba los abrazos de un novio. Siempre le resultaron mediocres los profesores poco exigentes, tanto el de vóley como el de geografía, y se amargaba por el resto de la charla si el disertante demostraba cierta inseguridad o falta de conocimiento sobre el tema. Tras presenciar una obra de teatro, o un espectáculo musical, prefiere quedarse con las ganas de más antes que salir empalagada de la sala. Y de los libros pretende que la consuman, que la secuestren y la mantengan presa hasta la última letra del último párrafo.

Le seduce la inteligencia y el sentido del humor, pero la conmueven como ninguna otra cosa en el mundo la capacidad de encontrar belleza en lo simple. Algo de eso detectó en los ocho correos electrónicos de Hernán y en los otros ocho de Laura, sino no estaría pensando a quiénes sugerirles hacer estos talleres o deseando que allá en Nueva Palmira inventen un tercero.