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27/12/14

a mis veinte y diez

Cumplí 30 años el viernes 5 de diciembre. Antonia ya llevaba seis meses acá adentro, creciendo sin inconvenientes y haciéndose sentir a pataditas desde temprano; y yo me sentía verdaderamente plena, feliz. Recibí el desayuno en la cama, con las voces más lindas del mundo cantándome el "Feliz cumpleaños"; la imagen no se me borrará en la vida: Damián, parado en el umbral de la puerta de la habitación, sostenía la guitarra con una mano mientras Miguelina rasgueaba como podía con sus deditos gordos.
Desbordé de amor. Quise comérmelos a besos.
A todo esto, el celular vibraba anunciando la llegada de un mensaje tras otro al grupo "Locutores" que tenemos con mis amigos Mario y José en Whats app, me gastaban a más no poder, a sabiendas que había comenzado el día del año en el que me siento una reina y, jactándose de haber estado conmigo en las últimas diez ediciones, me torturaron con recuerdos que me sonrojaban, me irritaban y me también daban mucha risa. Portan una memoria envidiable y de una manera de decir las cosas que hace que los quiera mandar a la mierda y abrazarlos fuerte, todo al mismo tiempo.
Más tarde, pero siendo temprano aún, abrí mi cuenta de Facebook y encontré el mensaje de alguien a quién he visto contadas veces pero que está entre mis contactos por ser alguien a quien mi papá conoció y aconsejó en cuestiones del campo. "Tu viejo te está sonriendo desde el cielo", me dijo. Y eso, exactamente eso fue lo que sentí durante todo el día: su sonrisa y su mirada mancita siempre conmigo.
¿Cómo no eternizar tanta felicidad? ¿Cómo no celebrarlo?
Esa misma mañana tenía turno con mi ginecólogo, y sería otro regalo invaluable ver a mi niña y escuchar cómo su corazón, tan chiquitito, latía con la velocidad de quién se emociona por llegar a la meta. Tenía tiempo, así que antes de ir a la clínica entré a la Catedral donde ya habían armado el pesebre, y me arrodillé agradecida frente al Niño. Pocas veces en mi vida sentí tantas ganas de dar las gracias. Así que eso hice, decir gracias, gracias, gracias. Insistentemente, sí, porque me daba la sensación de estar quedándome corta.
En una de esas tantas charlas de pasillo en la facu alguien observó que la gente se saca fotos en los momentos felices, nunca en los tristes. Será una zoncera, pero es verdad, y supongo que tendrá que ver con cierta necesidad de detener la fugacidad del tiempo alegre (ya que el tiempo triste es demorón en irse). Dejar plasmada la felicidad en un foto es una manera de eternizarla.
Eso fue lo que le pedí a Jerónimo, que es un excelente fotógrafo, y a Natalia, productora de moda y dulce mujer: ayuda para preservar este instante feliz.
Damián me acompañó en la idea, dijo que ese sería su regalo para mis treinta.
Juliana, de Senderos del Monte, me abrió las puertas de esa mágica reserva que es un tesorito del litoral para que sea el entorno.
Florencia se encargó de ocultar defectos y resaltar lo bueno con la técnica y el arte del maquillaje, mientras que Rosario se abocó a crearme rizos de Deméter* en el pelo.



*La asociación con la diosa griega no fue mía, sino de mi profesora de Literatura de la secundaria, Marta Ledri.



19/8/14

luz de luna sumergida




Río marrón,
devolveme sangre abajo de tu paso
el lirio negro que quedó junto a tu orilla.
Río, río marrón,
lleva en un pez esta canción, que alguien me espera
de cara a las estrellas, cauce arriba,
río marrón.



Segmento de "Río marrón", de Jorge Fandermole.

18/1/14

en el cielo las estrellas

Lo primero que hice este año, luego de desearles un feliz 2014 a quienes tenía a mi alrededor, fue enseñarle a Esteban la constelación de Orión.
Las tres Marías son el cinturón del cazador. Aquella estrella que brilla bien derechito a la María del centro, y allá arriba, es la cabeza; y esa otra ahí abajo es uno de los pies. Al otro pie lo tiene levantado, como si estuviera corriendo, y es esa otra estrella a la izquierda. Ahora, entre el cinturón y la cabeza hay tres estrellas que desde acá se ven con menos intensidad que son: el codo, la mano y la punta de la flecha.
Y Estebanojosbellos sonrió con toda la luz del año que empezaba al descubrir la figura del hombre en las estrellas.

23/12/13

volar


Dios le dio al ser humano muchas ventajas por sobre el resto de los seres de la creación; como aquello del pulgar oponible, que le permite prensar objetos con solo dos de los dedos de una mano. Le dio las palabras, un alma, unos cuantos tipos diferentes de inteligencia, y la voluntad, entre otras cosas; pero no le permitió volar por su cuenta. Entonces el hombre se las ingenió (claro, también tiene ingenio) para surcar el cielo de alguna manera. 

Helicópteros-parapentes-avionetas-aviones-paracaídas-dirigibles-cohetes-globos aerostáticos. 

Gustavo es hombre, y también quiso volar. Pero para lograrlo primero tuvo que despegar(se) y echarse a trotar, sin mirar cómo tomaban carrera los demás. En este objetivo estaba sólo el. 
Por primera vez. Sólo él. 
Entonces corrió, y estiró su brazo derecho, y se agarró fuerte. El envión le permitió levantar una pierna y la fuerza de su abdomen, la otra.
Un poco más de práctica y el suelo iba quedándose lejos.
Tanto y tan lindo voló Gustavo que se confió. Un día, antes de tomar carrera se vendó los ojos. Y así igual voló. Las piernas y las telas se trenzaban y se destrenzaban y vaya a saber cómo, pero siempre lograba quedar sujetado y no hacerse añicos los huesos.

Ya quisiera yo confiar en mi Dios, en mi país, en mi padre muerto, en mi madre cerca, en el hombre que amo, o en mí misma.
Como confió Gustavo.


5/5/13

gotas

Una tarde que llovió, desde adentro miró hacia afuera. Por un momento también cerró los ojos. Procuró no pensar en ninguna melodía. El reto consistía en hacerlo después. 
Entonces escribió.


Es un ave extraña o un reptil voraz
que fagocita en picada 
sus inmóviles tangentes
de transparencia tenáz.

Mártires del trueno o de las mañanas
tendrán la muerte y la vida
en el romance del sol
con sus bellas amalgamas

Gota por gota va
mi reflejo enmudecido
para soltar su rugido
en un gigante de sal

Lento en la bajante siguen su destino
de calma en las grietas,
de vida en las lenguas,
de peine de linos

Comparten camino hermanas surgentes
y el salto en las correderas
eleva el arruyo
del canto simiente.


Gota por gota va
mi reflejo enmudecido
para soltar su rugido
en un gigante de sal

Damián Lemes



23/3/13

extremo inferior derecho





Hoy encontré esta foto en Facebook y como quien juega a buscar a Wally me entretuve reconociendo gente. No esperaba encontrarme a mí a pesar de que esa posibilidad existía, de manera que cuando me vi fue suspensivo. De repente vinieron muchos recuerdos. La foto fue tomada durante la marcha al puente internacional General San Martín del 2008. Fue de las más concurridas a pesar del mal tiempo. En ese entonces trabajaba para un programa de la tele local, por eso voy caminando junto a un camarógrafo. Jorge se llama. Me gustaba grabar informes y luego participar de la edición. Disfrutaba mucho de mi trabajo. Ahora también. Bueno, en realidad siepre disfruté y eso me alegra y mucho. En este oficio una se va reinventando cada día, es imposible dejar de aprender. Los temas del día de a poco van quedando atrás mientras nacen nuevos. Y ahora los testimonios son otros, otras las voces, otros los reclamos y las historias que se convertirán en noticias de  tapa. Hoy podemos hablar del hombre accidentado en la ruta y familiarizarnos con términos médicos y mañana hablaremos del aumento de salario escalonado que el gobierno ofrece a los estatales. 
Bienvenido al periodismo todo aquel que se aburre en la monotonía.
Ayer la foto me mostraba en medio de un reclamo ambiental. Mañana no sé dónde. ¿Acaso no es fascinante?

19/3/13

21 cuadras en 21 oraciones (y media)

1- Desde la ventana que da al oeste la mañana parecía ventosa, sin embargo al salir a la calle no me dio la misma sensación, (quizás el fresno haya exagerado un poco).
2- Miguelina tardó en dormirse lo que las tres ruedas del coche tardaron en pisar la esquina de Cervantes (¿por qué no será así de sencillo cuando yo muero de sueño?).
3- Las veredas en esta parte de la ciudad son un desastre, de manera que no me quedó otra que avanzar por la calle, (me gusta el aire coqueto que les dan los adoquines de hormigón articulado).
4- Hay una cuadra, justo antes de llegar a la sede de la Asociación de Sordos e Hipoacúsicos, en la que siempre me maravillo de escuchar cantar a tantos pájaros; (¿será porque allí encuentran muchos árboles donde posarse, o en alguna de estas casas habrá una enorme pajarera?)
5- Debo estar haciendo un movimiento nuevo, o de mala manera, porque esto de caminar empujando un coche con bolso y nena hace que me duelan partes del cuerpo que no tenía registradas, (entre las axilas y los omóplatos, por ejemplo).
6- Pasan dos, tres, cuatro autos y los conductores ni se percatan de nuestra presencia y necesidad de cruzar hacia la otra esquina; hasta que el quinto frena y con un gesto de sus manos me dice que avance, (y como en un plumazo se me voló la chinche).
7- Acercándonos al centro el tránsito se hace más denso y parecieran estar todos, automovilistas y peatones, más apurados, (se me ocurre que la señora de gris camina así porque quiere llegar a horario al médico, tiene cara de dolor).
8- Miguelina se despertó, (¡ay, cómo la amo!)
9- Al descubrir el coche, dos nenas que venían caminando con su abuela, supongo, se abalanzaron a los cachetes de mi pasajera, (contra todo pronóstico, en lugar de llorar se rió).
10- La abuela de las nenas me quiso vender la rifa de Santa Rita: "Ciento diez pesos por mes, no son nada", me dijo; y yo le contesté que tenía que consultarlo con mi marido (jajajaja).
11- Las nenas parecían mellizas pero no lo eran, se llevaban un año y un mes de diferencia, (quién sabe con qué método anticonceptivo se habrá cuidado esa madre después del parto).
12- Allá está la plaza Urquiza; siempre que la cruzo me acuerdo de mi papá conmigo esperando que mami saliera de la escuela.
13- La plaza está igual que en aquellos años, sólo han agregado cartelitos en cada esquina con el nombre de usuario y la contraseña del WIFI gratuito, (el usuario es "gchu" y la contraseña también).
14- Casi en el centro de la plaza distingo al intendente conversando con un señor mientras una chica les saca fotos con flash, (¿serán periodistas?).
15- La cartera más barata de este negocio cuesta 800 pesos, (si es que no estoy desactualizada).
16- Pienso en el programa de la tarde y me alivio al recordar que ya está casi armado, aunque llegando al mediodía no vendría mal pegarle un llamadito a Alippi, (el productor).
17- En el último bloque voy a entrevistar a un politólogo sobre las influencias que puede llegar a haber en el país tras la asunción como Papa de un argentino.
18- Hablando de Papa, Miguelina dice "papa", o "papá", (le dije a Damián que no estaba segura si era por él o por Bergoglio).
19- Bueno, ya falta menos, (por suerte el dolorcito ridículo ya no se siente).
20-  Las vidrieras exhiben ropa de abrigo en tonalidades rodeando al bordó, (era cierto lo que dijo esa comentarista de modas en la tele la otra vez, y evidentemente la gente que vive de esto se pone rápidamente al día).
21- ¡Qué lindo es llegar a lo de mamá!, la casa está hermosa, como siempre y para mí es como volver un poco a la infancia, (pero renovada).

25/1/13

city tour


La costanera estaba llena. De gente, de risas, de música, de perfumes, de plumas, de ojotas, de cerveza, de sol. En el puerto, frente a la plaza Colón se ofrecían paseos en lancha por el río Gualeguaychú y Uruguay. A un costado, interrumpiendo el tránsito de calle Del Valle se instaló la feria de artesanías, y los turistas pasaban de maravillarse con las prolijísimas pulseras de macramé, a preguntar los precios de los cuchillos y luego de los mates y más allá una señora de caderas anchas se probaba un pareo. Ahí cerquita, el bus que nos llevaría a recorrer la ciudad estaba todavía estacionado a la espera de más pasajeros, cuando un matrimonio de unos treinta años (de casados) se sumó al tour. Y entonces el chofer puso primera y arrancó:


Lento pero ininterrumpido. Había mucho para ver y también eran muchos los autos cuyos pasajeros, al igual que nosotros, paseaban por Avenida Morrogh Bernad. Fuimos bordeando el río Gualeguaychú  pasando por los obeliscos, la heladería, el hotel, la parrilla, el casino, el balneario y la piscina pública hasta llegar al puente naranja, el puente Méndez Casariego. Mientras lo cruzábamos muchos hubiéramos preferido que se detuviese en el medio, porque desde allí la vista era fantástica. A ambos lados. El sol reflejaba fuerte sobre el agua y el río parecía de plata. Y dispersos entre costa y costa flotaban veleros, kayaks, lanchas, piraguas, canoas, un catamarán y muchos de esos coloridos bicibotes. Allá a lo lejos las playas se veían abarrotadas de gente. Como hormigueros. Chiquititos, uno pegadito al otro.

Se terminó el puente y nos zambullimos en el verde del parque. Ceibos. Talas. Espinillos. Tipas. Eucaliptos. Un papá atajando penales. Una nena en bici con rueditas. Unos novios tomando mate. Bajo la sombra, una familia numerosa ocupaba una de las mesas de madera, y unos pasos más allá los restos de la leña yacían sobre una parrilla. Pocas ciudades tienen un parque tan hermoso. ¿Pensarían lo mismo el resto de los pasajeros?

El matrimonio resultó ser de Villa Libertador San Martín. Habían pasado más de diez años desde la última vez que visitaron Gualeguaychú. Para ellos el recorrido fue como conocerla de nuevo. Le sacaron fotos a la plaza y a la Catedral, descubrieron la casa más antigua de la ciudad, ponderaron el aspecto del teatro remodelado y al llegar a la avenida Rocamora extendieron la vista hasta la copa de las viejas palmeras. Él recordó que “antes los corsos se hacían acá”. Hablaron de las comparsas, de las majestuosas carrozas y de los laboriosos detalles de los trajes. La noche anterior habían estado en el carnaval, pero esta vez el corsódromo los sorprendió desnudo; como un gigante echado al sol.

El colectivo bordeó el corsódromo y tomó por Avenida Parque hasta reencontrarse con el puerto, el paseo Nicaragua primero y el muelle de los pescadores después. A la izquierda los galpones y allá enfrente, en la isla, ese extraño castillo. Y nuevamente los artesanos. Y el guía del catamarán. Y un señor ofreciendo departamento para alquilar. Y las ojotas. Y los helados. Y  los turistas probándose espaldares y tocados. Y la música. Y el sol ya más bajo.

6/8/12

los excesos de Botnia

La planta de UPM (ex Botnia) tiene una producción anual por encima del millón de toneladas que es el máximo autorizado por la Corte Internacional de La Haya.
Esto no sólo significa una violación a los acuerdos bilaterales, significa algo peor: contaminación desmedida al río Uruguay, a la tierra, al aire y a todos los seres que vivimos en los alrededores de esta inmundicia ilegal.

De acuerdo con los propios registros aduaneros de Uruguay la planta de la ex Botnia viene superando este límite prácticamente desde su inicio y a un ritmo creciente: entre noviembre de 2008 y noviembre de 2009 lo superó en 50.597 toneladas, al otro año lo hizo en 97.407 toneladas, en tanto que entre noviembre de 2010 y octubre de 2011 se excedió en 98.855 toneladas.

De tratarse, como tanto se jactan, de una prestigiosa empresa finlandesa líder en el mercado de la celulosa, no debería haberse excedido en su producción. Los Estados y las empresas que se portan bien no incumplen los tratados.
Estamos diciendo que esta planta está autorizada para producir un millón de toneladas de pasta de celulosa, utilizando gratuitamente como materia prima y fundamental el agua del río Uruguay. Ni siquiera eso debería estar pasando.
Esta empresa toma agua del río SIN PAGAR NI UN CENTAVO, se lleva el dinero y deja la contaminación y la pobreza.
No conforme con semejantes beneficios esta empresa además, excede los límites que le fueron permitidos.
Lo que ocurre con las mineras no es mera coincidencia, es lo mismo.
Llora América Latina, se desangra, se desagua.

29/5/12

con las piernas a prueba

Nadie nos creía capaces de poder viajar como mochileras al noroeste argentino. Nadie. El apoyo que recibíamos se limitaba a no poner resistencia porque en definitiva ya teníamos edad de decidir por nuestra cuenta. Mi amiga y yo ya habíamos hecho una viaje juntas cuando éramos adolescentes; un viaje del tipo convencional con agencia de turismo de por medio y paquete completo. Comodidad y seguridad garantizadas. Esta vez en cambio, todo era azar. A excepción del rumbo que tomaríamos y de ciertos lugares que nos propusimos conocer, el resto era aventura. Palabra excitante como pocas en el extenso glosario castellano. Y para nosotras aún algo más que eso: la oportunidad de que cada una se ponga a prueba con su propio espíritu y con su par de piernas, el desafío de enfrentar lo inesperado sea bueno o sea malo, las ganas de comernos al mundo y la certeza de que podíamos hacerlo.

La primera de las casi mil fotos que terminaron completando la memoria de ambas cámaras nos la tomaron nuestras madres el 3 de enero por la mañana en la terminal de ómnibus de Gualeguaychú, un rato antes de subir al colectivo que nos llevaría a Córdoba. A pesar de la mala luz de la imagen es de mis fotos preferidas, al verla recuerdo el orgullo de mí misma que sentí en ese momento.

Teniendo como objetivo destinos tan lejanos, cruzar el litoral hasta llegar al centro del país pareció un trayecto corto. En Córdoba el viaje recién empezaba, sus sierras no serían más que un trampolín hasta la puna y su “no se qué” me dejarían por siempre las ganas de volver. De todos modos, fue allí donde cumplimos el primer desafío y salimos a caminar la ruta. Sabíamos que nos deparaban esfuerzos mayores, por eso no nos quejamos demasiado durante los primeros siete kilómetros entre Villa General Belgrano y Santa Rosa de Calamuchita. Más fuerza todavía me dio recordar la socarrona carcajada de mi hermana cuando me probé por primera vez la mochila y caminé del comedor a la cocina a la velocidad que lo hizo Armstrong en la luna. Ni en ese cortísimo trayecto de la casa de mis padres, ni en toda la ciudad donde crecí hay ondulaciones en el terreno como las que en ese momento aliviaban o mortificaban mis cuádriceps, según si nos tocaba avanzar en bajada o en subida. Lo sospechábamos, pero no sabíamos a ciencia cierta que eso era apenas una entrada en calor.

Desde Córdoba capital atravesamos de sur a norte, y de noche, la provincia de Santiago del Estero hasta llegar a San Miguel de Tucumán una mañana que acababa de llover y el apático sol no lograba a secar la humedad. Desconocíamos la infantil rivalidad entre tucumanos y salteños hasta que mantuvimos la primera charla con el dueño del hostel donde pasamos la noche, un señor morocho que bien habría podido disimular su prominente vientre y sus tetillas deprimidas de no haber andado con la camisa desprendida todo el tiempo. Olvidamos sus comentarios localistas pero aceptamos una sugerencia, y al día siguiente viajamos a Tafí del Valle. Si hay algo de lo que puedan alardear los tucumanos frente a los salteños y a cuanto argentino tengan enfrente, es sin duda este lugar. Flores, muchas flores; abundante verde, aire fresco, ríos serpenteantes que vienen bajando de las montañas que rodean la ciudad, cabañas de madera, niños ricos paseando en cuatriciclos por las tranquilas calles, caballos de crines largas que parecieran haberse olvidado los príncipes azules; y para nosotras, el mejor almuerzo de todos los tiempos: queso de cabra y ciruelas disecadas sobre las gigantescas piedras que costeaban el río.

Eso también fue un precalentamiento, los lugares que nos faltaban conocer eran iguales o más hermosos. En general, el avasallante paisaje del oeste norteño vivido de la manera que elegimos me hizo sentir pequeña, me enseñó a discriminar lo esencial de lo intrascendente, a entender que también es argentina esa mujer de sobrero y trenzas largas que carga a un niño en una wawa, al fin llegué a conocerme lo suficiente como para saber de lo que soy y de lo que no soy capaz de hacer y me acercó a Dios de tantas ganas que tuve de aplaudir al autor de todo aquello; lo más impensado, quizás, es que le agregó valor a mi paisaje litoraleño de todos los días y a los inmensos ríos que allá arriba no veía.

 Polvo, cerros secos, rojos, naranjas y amarillos; cabras, llamas, alpacas, vicuñas y vacas flacas. Cardones, adobe, miradas profundas, silencios, erkes, faldas amplias, aliento a coca, viento, salinas, noches frías, vino, ají, orégano, tunas, historias de batallas, carnavales, madretierra, procesiones. Da lo mismo si es Maimará, Purmamarca, Humahuaca o Tilcara. Toda la puna llora a los Quilmes, y le reza tanto a la Pacha como a la Virgencita de Copacabana del Abra de Punta Corral; y como ocurre en todos lados, nadie entiende muy bien qué les fascina del lugar a los que llegan de visita: “Acá vienen a pasear médicos y abogados desde Buenos Aires”, me dijo sorprendida ante el permanente paso de turistas la mujer que por cinco pesos argentinos nos dejó dormir en la entrada de su casa y usar su baño.



1/5/12

la marcha que no se detiene


El joven de la bandera, el que va de la mano con una chica rubia, tenía diez años cuando se realizó la primera marcha; sus padres le habían llevado la bicicleta y una pelota para que no se le hiciera aburrida la caminata y para que jugara con los demás chicos. Hace dos meses empezó a cursar la carrera de Abogacía porque quiere defender los derechos de los ciudadanos.
Las marchas sobre el puente internacional que une Gualeguaychú y Fray Bentos se vienen realizando desde hace ocho años el último fin de semana de abril, y el propósito de quienes participan es reclamar que la fábrica de pasta de celulosa UPM – Botnia, de capitales finlandeses, sea desinstalada; pues aseguran que su producción es altamente contaminante.
La primera fue el 30 de abril de 2005. En ese entonces Botnia era una inmensa explanada rodeada de obradores al lado del puente, lo que auguraba una fábrica de dimensiones nunca antes vistas en la zona, ni de uno ni del otro lado del río.
A pesar de los cánticos, las banderas, los cortes de ruta, los muchachos de Greenpeace jugando a salvar el mundo, los brillosos caireles de la reina del carnaval en la cumbre de presidentes en Viena, los estudios científicos y los escalofriantes testimonios de los vecinos de Valdivia y Pontevedra, la construcción concluyó y la fábrica comenzó su producción de pasta blanca para papel a fines de 2006.
Sin embargo, el siguiente abril la gente volvió a marchar.
Y el siguiente.
Y el siguiente.
Y el siguiente.
Y el siguiente.
Y hoy, el más frío de los ocho últimos domingos de fines de abril, también marchan.
En los casi cuarenta kilómetros de recorrido entre la ciudad y el puente los autos de los manifestantes se diferencian del resto por las banderas argentinas que flamean amarradas de las ventanillas; algunos muestran su asistencia perfecta a las marchas con las calcomanías que identifican a cada una de las ediciones pegadas en la luneta.
Octava marcha. Puente Gral San Martín. 29 de abril de 2012. (Foto: Gustavo Rivollier)
Cada tanto, carteles pintados a mano y colocados más allá de la banquina impactan con frases como “Salvemos al río Uruguay”, “Sí a la vida”, “Vamos al puente” y “Gobierno uruguayo violador”.
A mitad de camino, en el kilómetro 28, aún permanece el refugio de Arroyo Verde; un pequeño salón levantado al lado del arroyo donde los asambleístas se reunían, y que en los tiempos de mayor euforia fue declarado paraje histórico cultural por la Legislatura entrerriana. Ahí mismo, un acoplado y una tranquera mantuvieron cortado el tránsito durante tres años y medio.
Con tanto para ver el recorrido se hace corto. Al llegar al lugar de la protesta, los agentes de Tránsito de la Municipalidad de Gualeguaychú ordenan a los autos. También llegan los micros de larga distancia con vecinos de diferentes barrios de la ciudad, a los que las empresas trasladaron sin cobrarles un centavo.
Familias enteras cargando canastos de mimbre y reposeras van llegando a la cabecera del puente. Se ubican y empiezan el mate mientras otros van encendiendo las brasas para asar chorizos, y más allá unas señoras derriten grasa para hacer -y vender- tortas fritas. Colores, saludos y olores son traídos y llevados por el viento frío.
Los periodistas, en su mayoría de medios de comunicación de Gualeguaychú, caminan ansiosos entre la gente perpetuando testimonios en sus grabadores y blocs de notas. También está esta vez el puesto de venta que tiene la Asamblea para recaudar fondos; todo objeto al que se le pueda estampar una frase tiene escrito “No a las papeleras” o una segunda opción un tanto más amplia: “Sí a la vida”. Y como cada año, tampoco faltan los dirigentes políticos incapaces de perderse la oportunidad de quedar bien con el pueblo.
Una vez realizada la oración ecuménica a cargo de representantes de todos los credos, empieza la marcha. Al frente de la multitud van los más chicos, los integrantes de la Asamblea Juvenil, que sostienen un cartel tan ancho como la ruta, que dice: “Salvemos nuestro futuro, paremos la contaminación”. Más allá, los ambientalistas uruguayos que llegaron hace dos días desde Montevideo y La Paloma levantan la bandera oriental. Entre todos ellos camina un padre con su gurí sentado en sus hombros, el chico se saca la campera y la madre se acerca por detrás e intenta volver a ponérsela. Es en vano, más allá vuelve a quitársela y esta vez la tira al piso. Una pareja de novios comparte besos y mates, dos amigas se fotografían y una nena vestida de rosado pasa esquivando gente arriba de sus patines.
La protesta tiene poco grito y puño en alto, más bien se parece a una tarde de otoño en el parque de la ciudad.
Este es su modo. Así fue en el abril de 2005 y así fue el siguiente, y el siguiente, y el siguiente; y así dicen que seguirá siendo hasta que cumplan su objetivo.


30/9/11

cinco oraciones a la hora de la siesta

Té de de manzanilla con anís, dulce de membrillo, la ventana de la sala abierta y generosa al viento que trae la lluvia.

El árbol del patio de al lado ya muestra unos tentadores ramilletes de nísperos y el otro de más acá una rosa china rosada.

Cierro los ojos para ejercitar mis oídos y escucho el motor de un auto, el trino de los pájaros y el aviso de un mensaje nuevo en mi celular.

No llueve más.

Estoy lista para lo que viene (que venga lo que venga, acá esto yo).


28/9/10

el oriental del fondo


El árbol que plantamos en el patio de casa dio sus primeros brotes. Hay vida nueva ahí afuera.

Se trata de un ginkgo biloba.

El gingko, o árbol de los cuarenta escudos, es un árbol único en el mundo, sin parientes vivos. Contiene una única especie: el ginkgo biloba que constituye uno de los mejores ejemplos de relicto o fósil viviente conocido.

Es originario de China y puede llegar a vivir mil años. Puede florecer en diferentes climas del mundo, sin embargo, crece principalmente en China y Corea, en el sur y el este de Estados Unidos, el sur de Francia, y en ciudades de Uruguay, Argentina y Chile.

Mi patio está en Gualeguaychú, una ciudad de Entre Ríos, Argentina; por eso floreció acá un ginko.

Sigo. Desde hace siglos se ha utilizado por sus acciones terapéuticas, especialmente por la medicina tradicional china, y las hojas del árbol se usan en la herbolaria moderna.

Después de la bomba atómica de Hiroshima, fue uno de los pocos árboles que quedó en pie en las cercanías del epicentro, por eso se lo conoce como portador de esperanza.

Cuando anden por La Plata, observen los árboles de la calle que conduce al Museo de Ciencias Naturales; y sino vengan al patio de mi casa.

23/8/10

sin timón ni timonel

Marbot estaba fotocopiando "Las Venas abiertas..." de Galeano, y vio al pasar una frase que lo suspendió:

"El desarrollo es un barco con más náufragos que navegantes"

Entonces la escribió y me la mandó por mail con el asunto "para tus mundos".

Al leerla no pude más que pensar en el ejemplo más cercano: Botnia, el barco que apenas zarpó dejó naufragando a centenares de trabajadores fraybentinos que se subieron al barco del desarrollo, el progreso, el futuro próspero, la riqueza, el crecimiento descomunal, la abundancia.

11/8/10

clorofila

Cuando compramos el ginkgo biloba, en el vivero nos dijeron que cuando floreciera sus hojas iban a ser amarillas.
Jamás pensé que este árbol tuviera tan particular proceso de fotosíntesis.



Bienvenidos los pintores.

26/6/10

mi Osito

La de este viernes fue una noche helada, no menos de cero pero tampoco más de cuatro grados de temperatura; y la sensación térmica en la calle, con el vientito que se burlaba de cualquier refugio, era aún más baja.
Esperé donde los perros, pues ellos siempre saben encontrar la parte más fría del piso en verano y el sitio más calentito en invierno, que la gente de La Sincopada desarmara el escenario callejero.
En uno de los rincones del ingreso a una zapatería de calle 25 estaba Osito, un perro resfriado que no es de nadie en particular y es de todos a la vez. Fue raro/suspensivo encontrar un perro comunitario. Por un rato, al enterarme que de cierto modo también era mío sentí responsabilidad sobre él y lo mimé hasta que del escenario no quedó nada.


Al irme, Osito ya no era mío. ¿De quién será ahora? ¿De quién mañana?

6/6/10

para el fernet, para bañarse o para pelar chancho

Esto parece la sección de la revista Viva en la que se publican las anécdotas chistosas sobre niños que mandan los lectores, pero es que mis primitos los mellis me dan letra! Hace un tiempo fue Vero, ahora es Esteban:

El papá pregunta: "¿En qué tres estados puede estar el agua?"
Esteban responde: "Fría, tibia y caliente"

¿Qué tan errado está Esteban?
¿Acaso en estado SÓLIDO no está fría, se derrite al ponerse tibia hasta volverse LÍQUIDA, y luego de tan caliente se hace VAPOR?


Ahora pasemos de la fisicoquímica a la religión, porque me acordé otra anécdota de Esteban.
Salíamos de la misa de 15 de Emi, en la Basílica de Concepción del Uruguay. Al subir al auto Esteban confiesa que en la parte en la que los feligreses dicen "Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme", él entendía que decía: "Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para CENAR", y lamentaba haber estado equivocado tanto tiempo.

31/5/10

de fucsia, amarillo, verde y violeta claro

Este hombre se sentía tan pero tan feliz, que se puso a pintar los copitos de nieve a medida que bajaban del cielo pasando por su ventana. Primero me generó algo así como ternura, supongo. Después me colgué pensando en la felicidad, como meta que cuando llega se aleja para que la sigamos persiguiendo. Y eso está bueno. Es un estado sublime tan pasajero que apenas se deja empezar a saborear. Después se disuelve, como los copos de nieve, como azúcar, como sal. Me alegra ese hombre y recuerdo haber tenido ganas, otras veces y esta mañana, de pintar el mundo de fucsia, amarillo, verde y violeta claro. 

27/5/10

which is the odd one out?



En los libros de inglés suele encontrarse una actividad de esas que sirven para fijar el vocabulary que se llama "which is the odd one out?". El objetivo es señalar cuál es, entre cuatro o cinco opciones, la que sobra. Ejemplo. En la secuencia "cat - dog - apple - horse", el odd one out es apple, por ser fruta y el resto ser animales.
Pregunto: which is the odd one out en la fotografía de ahi arriba?
Río Uruguay - vegetación - fábrica de pasta de celulosa - cielo

19/5/10

¿Y la propuesta superadora?

El corte de la ruta internacional 136, en el kilómetro 28 por donde cruza un arroyo de tonalidad verdosa (y de ahi su nombre de "Arroyo Verde") sigue. Así se resolvió en la asamblea ampliada del domingo 16 de mayo, en Gualeguaychú. El objetivo era que quienes concurrieran pudieran exponer ideas sobre la metodología en la lucha que tiene un propósito claro: que se vaya Botnia.
Mociones hubo y de todo tipo: de las que se aprobaron por unanimidad, de las que no lograron el levantamineto de una sola mano, de las que requirieron del trabajo de los asistentes para contar las manos alzadas porque parecía haber tantas por el sí como por el no; pero faltó la superadora.
No se si es SIGUE BOTNIA, ENTONCES SIGUE EL CORTE, o si es SIGUE EL CORTE Y SIN EMBARGO SIGUE BOTNIA. Lo cierto es que SIGUE BOTNIA Y SIGUE EL CORTE.