Mi patio no es grande, y menos el sector con tierra.
Me senté al sol después de comer y me molestó la presencia de un yuyo desordenado entre el pastito lindo. De reojo lo descubrí.
No pude con mi genio, no pude ignorarlo y seguir. Tuve que arrancarlo y, parece mentira pero, una vez que saqué ese noté que había otro, y otro más allá.
Me acordé del mito aquel que dice que si arrancás una cana nacen otras siete. Bueno, algo así ocurrió con los yuyos desordenados esta siesta.
Los arranqué a todos y además despejé de cascotes y restos de escombros el sector de tierra que tiene el patio.
Cuando llegué a la zona de la albahaca mis ojos no podían creer lo que veían: una oveja. Por un instante creí que era el feto de algún bicharraco pero no, era una oveja, o más bien una ovejita. De plástico, chiquita y bastante fea como para pensar que haya sido juguete en el pasado, por eso supuse que quizás se trate de la pieza de un pesebre de mal gusto y que vaya a saber por qué razón llegó a mi albahaca.
Mis ojos no salían del asombro cuando veinte centímetros más allá encontré un chancho. Sin gracia e igual de pequeño y descolorido que la oveja. Entonces descarté la hipótesis del pesebre, pues hasta hacerse grande Cristo fue judío y los judíos no comen cerdos. Qué iba a hacer pues, un chancho en el establo aquel.
Pensé en la infancia de Damián, que transcurrió en la casa de al lado y me lo imaginé pequeño jugando a la granja. Pensé en los movimientos de la tierra. Recordé esas monedas que casi sin querer salir de la infancia enterramos con mi amiga Luisina en el Parque Unzué y me pregunté la cantidad de boludeces que debe haber bajo la tierra.
Y poniéndome más seria, pensé en el mastodonte que hallaron acá cerquita en abril de este año y en los investigadores del CONICET que excavaron un poco más la semana pasada. Intenté pero casi que no pude hacerme una idea clara de lo que debió haber sido lo que hoy llamamos Gualeguaychú hace miles de años, ocho mil antes de Cristo, diez mil antes que Damián y mi albahaca, antes de que llegaran los cerdos, las ovejas, los judios, el plástico, Luisina, yo... el CONICET.