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17/9/14

sueño

Yo iba en un auto, supongo que en el lado derecho del asiento trasero; no lo recuerdo con exactitud así como tampoco recuerdo quién conducía ni quiénes eran los demás pasajeros porque a partir del accidente estuve sola el resto del tiempo.
El auto volcó en la curva, una curva cerrada propia de los caminos de cornisa como era ese, pero quedó sobre el asfalto. Yo, en cambio, rodé cuesta abajo unos tres metros.
Imposible saber qué tiempo estuve ahí tirada hasta reaccionar y proponerme regresar allá arriba donde todo parecía estar tranquilo. Desde abajo no lograba ver si aún estaba el auto, ni qué había sido de la suerte de las demás personas. Mucho menos si alguien había llegado a socorrerlos. También pensé que el auxilio quizás los había recogido hacía largo rato, y al no verme se habían marchado. Lo bueno es que no me desesperé; como al levantarme no sentí ningún dolor agudo que me impidiera trasladarme, resolví trepar.
Era una pendiente complicada, extremadamente arenosa y no había arbustos, ni rocas de las cuales valerme para escalar. No quedaba otra que aceptar las condiciones y subir. No tenía más que hacer y puede que de quedarme allí abajo nadie me encontrara.
Espeluznante, inquietante, estremecedora y tremenda fue mi sorpresa cuando descubrí que esa suerte de médano en la que me encontraba no era más que una manada de leones durmiendo placenteramente al sol. Había decenas, probablemente un centenar de fieras dormidas entre la ruta y yo. Al mirar hacia abajo noté que tenía mi pie derecho puesto justo delante del lomo de uno y a escasos centímetros de la cabeza de otro. Respiré hondo. Exhalé muy lentamente, y busqué un hueco donde apoyar el pie izquierdo, tratando de que eso impactara lo menos posible entre los durmientes. Tenía que pensarlo muy bien, un hueco no era igual de conveniente que otro. Preferí evitar aquellos donde los hocicos pudieran detectarme.
Iba tan concentrada en esa tarea que por un largo rato me olvidé de mirar hacia arriba. Sabía que había subido pero no cuánto. La luz del sol me encandilaba; y el calor, que hasta ese momento no había significado un obstáculo explotó sobre mis hombros, mi nuca, y me sentí al borde del desmayo. Por un instante, ahí parada, no vi nada, todo era negro y el silencio seguía siendo igual de aterrador. Creí estar sola en el mundo. Y así estaba. Sola entre leones subiendo una cuesta para llegar a una cima que aunque la consideraba incierta, era lo único que latía con esperanza. Llegar al asfalto se había convertido en mi único objetivo en el mundo. E iba bien, bastante bien. Un par de pasos más y ya sería capaz de tocar el borde de la ruta donde florecían unos arbustitos achaparrados.
Tenía que ser fuerte, a esa altura la pendiente era más pronunciada y mi cansancio sumado a la ansiedad por estar a un instante de lograr el objetivo podían jugarme en contra. Por suerte, tuve una a mi favor, o al menos eso fue lo que pensé al ver cómo una rama, o quizás parte de una raíz, sobresalía entre ese inacabable arenal. Estaba un tanto seca, pero parecía estar bien sujeta a la tierra. Vestigios de algún árbol que existió antes de al traza de la ruta, pensé. No importaba, no era momento de detenerse en ese tipo de detalles. Era el empujón que necesitaba para llegar arriba y ponerme a salvo. Me sentí contenta, orgullosa de mí por haber sorteado con astucia el camino plagado de leones.
Miré fijamente esa rama salvadora y la agarré con mi mano derecha. Súbitamente, la firmeza se volvió blanda, fría y escurridiza.
Era una serpiente.

4/7/14

Hulk

_ Papá, tenés el cuello verde - le dijo su hija la noche del cumpleaños. Él no quiso alterarse, al fin y al cabo, lo que fuera que ocasionara esa extraña pigmentación en su cuello, podía esperar al otro día. Esa noche había que celebrar la vida, Mariana era la luz de sus ojos, y si bien verla tan grande, tan mujer, hacía que los años se le derrumbaran desde el techo sobre los hombros, se sentía feliz. De todo lo hecho en la vida, su única hija era lo que más lo enorgullecía.
 
Ya de madrugada regresó a su casa olvidándose por completo del color de su cuello, al abrir la puerta Pampa saltó del sillón y fue al encuentro moviendo enérgicamente su cola. Ella se alegraba y él se alegraba también de llegar y que hubiera alguien que lo recibiera. A Pampa se la regalaron hace poco, tras la reciente muerte de otra perrita que lo había acompañado durante años. Al principio creyó que no sería capaz de superar el dolor por la pérdida de su primera compañera, pero la pequeña Pampa lamió sus heridas y se ganó el amor (y ese rincón a los pies de la cama) que tenía la mascota anterior.
 
La historia que cuento está basada en un hecho real, aunque extremadamente condimentada con detalles propios de la imaginación. El eje central, por así decirlo, es asombrosamente cierto.
 
A Mariana le daba bronca que su papá descuidara su salud, sabía que viviendo solo y con tanto trabajo, no disponía de tiempo suficiente para prepararse platos saludables. Además estaban las peñas, los viajes, las juntadas con amigos. La intranquilizaba la vida atareada, cargada de compromisos sociales y cierta exposición mediática de su padre, pero entendía que no podía hacer nada. "Él es feliz así", se repetía como quien quiere darse consuelo. Al día siguiente, fue ella la que retomó el tema de la piel, más extrañada aún, pues notó que la pequeña Pampa también estaba verde:
_ Papá, ¡mirá, la perra está verde igual que vos!, capaz que te contagió algo.
Mariana no salía del asombro y el tampoco. Era consiente de los desarreglos alimenticios de los últimos días, de hecho ya andaba mal del hígado otra vez; pero ¿qué tiene que ver la perra?. Todo era tan extraño que no encontraba explicación lógica, ya iría al médico si la cosa empeoraba, pero por lo pronto solo pensaba en el partido contra Nigeria y la posibilidad de viajar a verlo, tal como le había propuesto un amigo. Las posibilidades de ver jugar en vivo a la Selección no es algo que se de muy a menudo, ni siquiera cada cuatro años, y esta vez el Mundial es acá nomás -pensó.
No tenía que poner un mango, lo único que tenía que hacer para estar el miércoles en Brasil era mandar la confirmación y sus datos a la agencia de viajes.
Y eso fue lo que hizo.
 
El lunes fue a trabajar con dos cuartos de cada hemisferio cerebral pensando en Di María, Lavezzi, Mascherano, ¡en Messi!. -¿¡Cuándo carajo voy a poder ver jugar a Messi!?-, se preguntaba, convencido de la decisión que había tomado, a medida que la ansiedad por ver con sus propios ojos al equipo de Sabella iban en aumento. Su garganta gritaba goles enmudecidos, censurados por la rutina del arranque de la semana en la oficina; pero de a poco, como quien va entrando en un túnel oscuro, su sueño mundialista se esfumó. Uno a uno sus compañeros de trabajo le decían que lo notaban un tanto verde, sobre todo en el cuello y en la cabeza. El se miró las manos y vio que también estaban verdes, aunque con menor intensidad. Por primera vez en esta historia, el hombre se asustó y salió de la oficina en busca de asistencia médica.
 
El medico que lo revisó advirtió la inflamación hepática e intentó quitar las manchas verdes de sus manos, fregándolas, pero no lo logró; entonces le pidió análisis de urgencia.
_ ¿Pero qué puede ser, doctor? - preguntó afligido.
_Puede ser cirrosis; aunque usted no tome alcohol, la cirrosis puede producirse por una alimentación elevada en grasas. De todos modos no nos aventuremos a diagnosticar ahora, vaya, hágase los estudios y venga cuanto antes.
El bioquímico que lo atendió también opinó:
_Puede ser pancreatitis, pero quédese tranquilo que con unos días internado y con suero se pasaría; eso sí vaya olvidándose de las comidas a las que está acostumbrado. 
 
Chau Sabella. Chau Mundial. Chau decime-que-se-siente.
 
Canceló el viaje. Buscó "cirrosis" y "pancreatitis" en Google, y los síntomas que aparecían en la pantalla poco a poco iban manifestándose en su cuerpo.
 
Pasado el mediodía regresó al laboratorio para retirar los análisis y llevárselos al médico. Le dijo que sigue con el hígado inflamado y que será conveniente que permanezca 24 horas en observación para ver cómo responde. El verdor en su piel podría deberse a una intoxicación, una alergia, o estar causada por una ropa nueva.
 
_Ropa nueva, -pensó el hombre de camino a su casa-.
 
Introdujo la llave en la cerradura de la puerta que da a la calle, saludó a Pampa, y caminó sin detenerse ni medio segundo hasta llegar a la habitación, quitó el cubrecama con decisión, tomó la sábana por su extremo inferior y se restregó las manos como si estuviera secándoselas con una toalla. Las manos quedaron verdes.
 
Nadie fue testigo de la reacción de este pobre hombre al concluir, horas antes del partido (que podría haber visto en vivo) entre Argentina y Nigeria, que lo que ocasionaba el verdor en su piel eran las sábanas. Es cuestión de imaginarla.

 

13/6/14

otra vez un cerdo en casa

Ya me pasó una vez, hace tiempo; era primavera y el árbol que habíamos plantado no era más alto que el tapial. En lugar de orégano, en ese rincón crecía en proporciones absurdas una planta de albahaca. El dinero que ganábamos no nos alcanzaba para enrejar el ventanal. Yo cocinaba peor que ahora, y aún no éramos papás. Parece que estoy hablando de un pasado lejano, pero a decir verdad, no pasó demasiado tiempo desde la vez que encontré un cerdo y una oveja en nuestro patio.
En aquel entonces me desviví sacando conclusiones, pensando cómo habían venido a parar acá, a quién pertenecían. Incluso no tenía claro qué hacer con ellos.
Hoy, que ya cocino mejor, que estamos en otoño y que la punta del ginkgo biloba se alcanza a ver desde el otro lado creo fervientemente que hemos edificado arriba de un yacimiento de animalitos de juguete.



3/6/13

un Snoopy en Magnasco al norte

 Los bichos no dejan de sorprenderme, y pareciera que en mi nuevo (aún soy nueva en esta parte de la ciudad) barrio, más todavía.
Hace un tiempo y a pocas cuadras de mi casa encontré, sin soporte que lo sostuviera, a un perro sentado sobre sus muslos manteniendo su lomo derecho y en perfecto equilibrio cual maestro de yoga. (Haga click acá para verlo).

Y ahora esto:

28/7/12

te estamos esperando

Detalles que nos hacen caer en la cuenta de que cada vez falta menos para el momento más soñado.


27/7/12

la frescura en cuatro patas

Para los que como yo se sorprendieron de la variedad de productos para embarazadas, puérperas y bebés, inauguramos una nueva sesión enfocada en los productos para mascotas, que también los hay y muchos. Algunos más imprescindibles que otros.

Lupe, la caniche blanca de mi amiga Yan tiene siempre un aliento fresco.

4/7/12

cosas de perros (¿?)

Ya de por sí es extraño ver un perro caminando por los techos...


















Pero ver un perro con remera caminando por los techos, pasa de extraño a suspensivo.


Otras de perros


Este blog tiene tres años, y desde el primer post hasta este no han sido pocas las veces que los caninos fueron protagonistas:

Al primero que recuerdo es a aquel pichicho que solía encontrar a  la vuelta de casa sentado más derecho que yo. Ese es mi preferido.
Conocimos la historia de Chonino, en honor al cual existe en Argentina el día nacional del perro.
Una noche fría de invierno encontramos a Osito, un perro comunitario que como tal no era de nadie y a la vez era de todos.
También hemos observado con gracia cómo siempre se ve a algún perro en lugares donde se supone que no deberían estar, como en una protesta  frente a Casa de Gobierno, marchando contra Botnia por el puente internacional General San Martín con una bandera argentina atada al collar, viajando en el techo de un auto frente a Banco Pelay, en pleno acto kirchnerista, o entremedio de lentejuelas y caireles en el Carnaval del País.

21/4/12

en el tercer escalón

La escalera de casa, además de servirnos para acceder a la planta alta, suele ser utilizada para dejar en sus escalones cualquier objeto (y cuando digo cualquier, es cualquier) que deberá aguardar allí hasta que alguno de los dos le de una respetable ubicación.
En este momento, sobre el cuarto escalón hay un cd de Damián y mis gotas de Reliverán. En el quinto una cámara de fotos, una billetera, un juego de llaves y mi nuevo pañuelo para el cuello. A excepción de las llaves, que no quedan tan desubicadas, el resto de los objetos debería estar en otro lado.
Sin embargo, más fuera de lugar que éstos es lo que encontré esta mañana de viento y hojas secas:



8/2/12

la visita que trajo la lluvia

Después del período de sequía finalmente llovió. Como soy una mujer del asfalto, todo lo que ocurrió después de la lluvia en los escasos metros cuadrados de césped que ahora tengo, me deslumbró.
La mañana siguiente a la primera lluvia apareció apostado en el umbral de la puerta del patio un bicho palo y se quedó allí tres o cuatro días. Casi ni se movía, y si lo hacía era cuando nadie lo veía. Ese bicho me encanta, era la segunda vez en mi vida que veía uno, me parece fantástico cómo puede confundirse con una ramita de árbol, y como no es asqueroso ni agresivo, con el bicho palo todo bien.
Lo que hacía años no veía y posterior a la lluvia vi, fue una repulsiva y rechoncha babosa. Algún repugnante instinto torturador debe haber en mí, porque sin dudarlo corrí en busca de la sal y me entretuve un buen rato viendo cómo la bicha se comprimía pizquita a pizquita. Allí quedó (porque todavía está) dura y seca, totalmente muerta.
Sigamos... la albahaca, el orégano y sobre todo el morrón que fue la última adquisición están hermosos, y lo estarían aún más de no ser por los cuatro hongos que no sé que tienen que venir a hacer a mi patio. Como si hubiera lugar para todos. Esos me joden a medias, no me agradan como el bicho palo pero tampoco me asquean tanto como la babosa.
Cuando ya creía que nada nuevo traería la humedad escuché a Damián a los gritos desde abajo preguntándome si quería ver una víbora...

¿Se ve?

Damián esperó a que yo termine de sacar fotos para empujar la víbora hasta la vereda


21/1/12

estas cosas sólo pasan en Cedelú*





*Manera abreviada y simpática de referirse a la ciudad entrerriana Concepción del Uruguay.

8/12/11

buscado

Trabajando en una radio me doy cuenta de la cantidad de cosas que pierde la gente. A diario llegan tarjetas de débito, de crédito, Documentos Nacionales de Identidad, billeteras vacías, lentes de sol, también de los recetados...
La gente pierde muchas cosas, pero sobre todo, la gente pierde perros. Por momentos me fastidio y no me explico cómo se pueden extraviar tantos perros, perros aparentemente muy queridos, porque de lo contrario sus dueños no ofrecerían recompensas a cambio de su hallazgo y devolución y no se molestarían en ir a las radios a pedir ayuda.
En fin, han sido muchas las veces que en la diversidad de papelitos que quedan sobre la mesa del estudio he encontrado alguno referido al extravío de un perro, pero el que encontré ayer fue lo más:

El perrito (de orejas muy grandes) responde al nombre de ROBERTO!!!



26/7/11

corderitos en el cielo

Los hombres observadores de la naturaleza, que por lo general son los hombres que no viven en la ciudad, tienen una chorrera de refranes meteorológicos basados en las señales que anuncian lluvia.
Que la luna, que las hormigas, que la puesta del sol, que las arañas patonas...
Yo sé de una, que cuenta mi madre que decía mi abuelo, que no falla y es muy fácil de identificar si miramos el pedazo de cielo que queda libre entre las edificaciones:  

Cielo acorderado... suelo mojado

17/7/11

Ubajay

El carpincho es el roedor más grande del mundo. Para verlos de cerquita, más que kilómetros tuvimos que hacer silencio. Los encontramos a la orilla del río Uruguay, en el Parque Nacional El Palmar, uno de las reservas naturales más hermosas de la Argentina, un paisaje cautivante, repleto de verde.
Y de palmeras. 


Así de cerquita

11/6/11

el perro que se sienta más derecho que yo



No está atado, nadie lo sostiene, nadie lo obliga y nadie le da un premio por sentarse así de derechito. Sin embargo, es en esa pose tan poco perruna que se lo encuentra cada tanto en la esquina de acá a la vuelta.

7/5/11

ALBAHACA PARA TODOS

Al descubrir el crimen del que había sido víctima mi albahaca traté inmediatamente de identificar al culpable. Tenía entre ceja y ceja a una babosa, que días antes vi desplazarse asquerosamente por la pared. Sabía que era ella, ¿sino quién? Y dispuesta a hacer justicia por mano propia, regresé con un paquete de sal fina.
Me metí el hambre y la sed de justicia en el paquete de sal cuando vi que quien se comía las hojas de mi albahaca no era una babosa sino una tucura.



Damián me sugirió que la agarrara de las patas traseras y la tirara al patio del vecino (macanudo), pero como prefiero evitar tener problemas con el barrio la dejé ahí, si total... hay albahaca para todos.


14/3/11

rec

Éste, tal cual como se ve a continuación, fue el texto que me encontré para grabar esta mañana:

 EL GOBIERNO MUNICIPAL DE LAS PALMAS UNA VEZ MAS ISO REALIDAD
 LA FIESTA POPULAR MAS IMPORTANTE DE LAS PALMAS, CON EL APORTE DEL GOBIERNO
 MUNICIPAL LOS CARNAVALES 2011 FUERON UNA REALIDAD, APORTES EN ILUMINACION,
 SONIDO, BAÑOS QUIMICOS, BALLADOS, BEEDORES, SEGURIDAD POLICIAL, LOGISTICA Y PERSONAL
 AYUDA ECONOMICA A LAS TRES COMPARSAS, SIN APOYO PROVINCIAL
 Y CON UN PORTE DE MAS DE 197.300 PESOS DESDE LA MUNICIPALIDAD DE LAS PALMAS
 UNA VEZ MAS SE DISFRUTO DE LAS FIESTA MAS POPULAR DE LAS PALMAS, PARA QUE EL

 100% DE LAS RECAUDACIONES DE VENTAS DE ENTRADAS, CANTINAS, PUBLICIDAD,
 PALCOS Y SILLAS SEAN BENEFICIADAS LAS COMPARSAS PARTICIPANTES,
 RESPUESTAS INMEDIATAS Y FABORABLES
 DEL GOBIERNO MUNICIPAL DE LAS PALMAS INTENDENCIA VIKI ARMELLA.

12/3/11

el lazarillo de Magnasco

No recuerdo exactamente la cuadra en la que se sumó a mi habitual y acelerado recorrido a pie desde casa hasta la radio, pero cuando quise acordar no iba sola. Fiel a mi derecha, o unos pasos detrás y por momentos adelantado, me acompañaba, a cambio de nada, un rubio peludo de ojitos dulces.
Cuando yo me detenía, pura y exclusivamente para observar qué hacía, él también dejaba sus patas quietas y además, levantaba la vista y me miraba.
Me entretuve el resto del camino poniendo a prueba su gratuita fidelidad. Si me retrasaba, al ratito se daba cuenta, se daba vuelta y me esperaba. Si me adelantaba, dejaba de olfatear canteros y de levantar la pata árbol por medio para mantenerse a corta distancia de mis talones. 
A su momento llegó también la prueba de fuego: dos perros desesperadamente interesados en saber si mi acompañante era macho o hembra lo interceptaron en la esquina de San Juan y lo dejaron continuar recién luego de haber concluido el incómodo estudio hocicogenital.
Pasado el trance, siguió y siguió; hasta que el abundante tránsito de autos y gente de Rivadavia me perdió de su vista y del rastro que lo venía guiando.
Ya iba yo por el centro de la plaza Urquiza cuando me di vuelta y lo vi perdido entre los guardapolvos primarios que entraban a la Gervasio Méndez del otro lado de la calle. No estoy loca, me buscaba, pero supongo que el mejunje de colonias infantiles y fragancias de Avon lo despistaron demasiado.

4/1/11

epidemia de mal gusto azota al Parque Unzué, de Gualeguaychú

 Los primeros afectados fueron los perros, que una mañana de mayo amanecieron "dalmatizados".

Hoy, en las puertas de la temporada estival, los efectos de un nuevo brote endémico llegaron al resto de las estáticas figuras del lugar.


25/10/10

el perro y el pato


Me da risa ver perros en lugares donde se supone que no deberían estar, ajenos (por supuesto) a lo que los rodea.
Inerte ante el calor del asfalto y los cánticos victoriosos de los asambleístas de Gualeguaychú, un perro descansaba frente a la Casa de Gobierno provincial. La rusa Patt, que como movilera de Radio Máxima estuvo allí, sacó la foto y me la mandó sabiendo que iba a terminar en estos mundos.

"EL PATO (así apodan al gobernador Urribarri) TAMBIEN TIENE SU PICHICHO EN CASA DE GOBIERNO!!! SÓLO QUE NO SE PARA NI PARA AULLAR EL HIMNO!", escribió la rusa; a lo que agrego que cualquier similitud con la actitud del primer mandatario provincial ante la algarabía de los vecinos de Gualeguaychú, es pura coincidencia

12/10/10

encontré un cerdo y una oveja en el patio de mi casa

Mi patio no es grande, y menos el sector con tierra.
Me senté al sol después de comer y me molestó la presencia de un yuyo desordenado entre el pastito lindo. De reojo lo descubrí.
No pude con mi genio, no pude ignorarlo y seguir. Tuve que arrancarlo y, parece mentira pero, una vez que saqué ese noté que había otro, y otro más allá.
Me acordé del mito aquel que dice que si arrancás una cana nacen otras siete. Bueno, algo así ocurrió con los yuyos desordenados esta siesta.
Los arranqué a todos y además despejé de cascotes y restos de escombros el sector de tierra que tiene el patio.
Cuando llegué a la zona de la albahaca mis ojos no podían creer lo que veían: una oveja. Por un instante creí que era el feto de algún bicharraco pero no, era una oveja, o más bien una ovejita. De plástico, chiquita y bastante fea como para pensar que haya sido juguete en el pasado, por eso supuse que quizás se trate de la pieza de un pesebre de mal gusto y que vaya a saber por qué razón llegó a mi albahaca.
Mis ojos no salían del asombro cuando veinte centímetros más allá encontré un chancho. Sin gracia e igual de pequeño y descolorido que la oveja. Entonces descarté la hipótesis del pesebre, pues hasta hacerse grande Cristo fue judío y los judíos no comen cerdos. Qué iba a hacer pues, un chancho en el establo aquel.
Pensé en la infancia de Damián, que transcurrió en la casa de al lado y me lo imaginé pequeño jugando a la granja. Pensé en los movimientos de la tierra. Recordé esas monedas que casi sin querer salir de la infancia enterramos con mi amiga Luisina en el Parque Unzué y me pregunté la cantidad de boludeces que debe haber bajo la tierra.
Y poniéndome más seria, pensé en el mastodonte que hallaron acá cerquita en abril de este año y en los investigadores del CONICET que excavaron un poco más la semana pasada. Intenté pero casi que no pude hacerme una idea clara de lo que debió haber sido lo que hoy llamamos Gualeguaychú hace miles de años, ocho mil antes de Cristo, diez mil antes que Damián y mi albahaca, antes de que llegaran los cerdos, las ovejas, los judios, el plástico, Luisina, yo... el CONICET.