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27/12/14

a mis veinte y diez

Cumplí 30 años el viernes 5 de diciembre. Antonia ya llevaba seis meses acá adentro, creciendo sin inconvenientes y haciéndose sentir a pataditas desde temprano; y yo me sentía verdaderamente plena, feliz. Recibí el desayuno en la cama, con las voces más lindas del mundo cantándome el "Feliz cumpleaños"; la imagen no se me borrará en la vida: Damián, parado en el umbral de la puerta de la habitación, sostenía la guitarra con una mano mientras Miguelina rasgueaba como podía con sus deditos gordos.
Desbordé de amor. Quise comérmelos a besos.
A todo esto, el celular vibraba anunciando la llegada de un mensaje tras otro al grupo "Locutores" que tenemos con mis amigos Mario y José en Whats app, me gastaban a más no poder, a sabiendas que había comenzado el día del año en el que me siento una reina y, jactándose de haber estado conmigo en las últimas diez ediciones, me torturaron con recuerdos que me sonrojaban, me irritaban y me también daban mucha risa. Portan una memoria envidiable y de una manera de decir las cosas que hace que los quiera mandar a la mierda y abrazarlos fuerte, todo al mismo tiempo.
Más tarde, pero siendo temprano aún, abrí mi cuenta de Facebook y encontré el mensaje de alguien a quién he visto contadas veces pero que está entre mis contactos por ser alguien a quien mi papá conoció y aconsejó en cuestiones del campo. "Tu viejo te está sonriendo desde el cielo", me dijo. Y eso, exactamente eso fue lo que sentí durante todo el día: su sonrisa y su mirada mancita siempre conmigo.
¿Cómo no eternizar tanta felicidad? ¿Cómo no celebrarlo?
Esa misma mañana tenía turno con mi ginecólogo, y sería otro regalo invaluable ver a mi niña y escuchar cómo su corazón, tan chiquitito, latía con la velocidad de quién se emociona por llegar a la meta. Tenía tiempo, así que antes de ir a la clínica entré a la Catedral donde ya habían armado el pesebre, y me arrodillé agradecida frente al Niño. Pocas veces en mi vida sentí tantas ganas de dar las gracias. Así que eso hice, decir gracias, gracias, gracias. Insistentemente, sí, porque me daba la sensación de estar quedándome corta.
En una de esas tantas charlas de pasillo en la facu alguien observó que la gente se saca fotos en los momentos felices, nunca en los tristes. Será una zoncera, pero es verdad, y supongo que tendrá que ver con cierta necesidad de detener la fugacidad del tiempo alegre (ya que el tiempo triste es demorón en irse). Dejar plasmada la felicidad en un foto es una manera de eternizarla.
Eso fue lo que le pedí a Jerónimo, que es un excelente fotógrafo, y a Natalia, productora de moda y dulce mujer: ayuda para preservar este instante feliz.
Damián me acompañó en la idea, dijo que ese sería su regalo para mis treinta.
Juliana, de Senderos del Monte, me abrió las puertas de esa mágica reserva que es un tesorito del litoral para que sea el entorno.
Florencia se encargó de ocultar defectos y resaltar lo bueno con la técnica y el arte del maquillaje, mientras que Rosario se abocó a crearme rizos de Deméter* en el pelo.



*La asociación con la diosa griega no fue mía, sino de mi profesora de Literatura de la secundaria, Marta Ledri.



8/10/14

para que algún día leas

Amo esos ojos (tus ojos) que me miran como nunca nadie me había mirado antes.
Amo esos abrazos gorditos en mi cuello,
                                                                y esas caricias de tu piel nueva con mi piel curtida. Tus manitos torpes, como espuma. Este amor blando, puro y suave que me desmorona.

Amé saberte dentro de mí.
Sentir tus movimientos, cantándonos.
Esperarte al sol imaginándome tu voz y preparando mi cuerpo y mi alma entera para recibirte, porque sabía que me necesitabas toda.
Amo locamente ser mamá, pero más amo que vos, rusita linda, me lo digas.
Prometo acudir a vos siempre que me llames, como hacés ahora, escandalosa, para mostrarme las "mumas" y las brujas. Seguiremos saboreando ensaladas para que papá se pregunte qué le encontramos de rico, y preparando las tortas de su cumpleaños. Y vamos a salir a caminar agarraditas de las manos hasta llegar a la plaza. 
                      Descubriendo el mundo a cada paso.
Y cuando ya no te interesen las hamacas nos sentaremos a charlar, a reír y llorar; y compraremos helado. 
           De frutos del bosque, de dulce de leche y de sambayón. 

Te amo y amo todo lo que implica ser tu mamá: las horas de sueño interrumpidas, las corridas al hospital, los temores, los pañales, el cansancio y sus ojeras, mis renuncias, el desorden en la casa, la ropa sin planchar, los crayones (siempre tan cerca de las paredes). Todo.

Abrazo gordito


7/3/14

sugestiones

Anoche que Miguelina se durmió temprano, con Damián pretendimos "aprovechar para dormir", ya que se trata de algo sumamente necesario y que se da muy de vez en cuando desde el 28 de septiembre del 2012. Sin embargo, los muy abombados nos enganchamos con dos películas, ambas ya empezadas, aunque no lo suficiente como para no entender la trama.
Un drama y una comedia, como para compensar con risa la angustia.
Lo que voy a contar a continuación no es algo que no haya observado antes, sólo que anoche me sorprendió más de lo habitual. En las pausas publicitarias (que siempre llegan en el mejor momento) noté que Damían hacía comentarios como si le estuviera pasando a él lo del protagonista, un tipo de empatía  algo extraña, ya que su vida y la del pobre muchacho de la película no se parecen en nada. Es así como culpa del cine mi marido siente el dolor de mi engaño y lucha porque yo le deje ver a su pequeña niña, y sobrevive a la traición de un amigo o experimenta (desde los mullidos almohadones de la cama) la aventura más extraordinaria, con estallidos, tiroteos y persecuciones. 
Como anoche me causó mucha gracia, y le advertí que probablemente lo escribiría en el blog, me confesó que siempre ha sido así. Que cuando era niño salía del cine Palma con los ojos desorbitados creyendo ver enemigos escondidos arriba de los techos y seguro de que sus bracitos morenos eran tan poderosos como los de He-Man.
Y me enamoré aún más.


18/1/14

en el cielo las estrellas

Lo primero que hice este año, luego de desearles un feliz 2014 a quienes tenía a mi alrededor, fue enseñarle a Esteban la constelación de Orión.
Las tres Marías son el cinturón del cazador. Aquella estrella que brilla bien derechito a la María del centro, y allá arriba, es la cabeza; y esa otra ahí abajo es uno de los pies. Al otro pie lo tiene levantado, como si estuviera corriendo, y es esa otra estrella a la izquierda. Ahora, entre el cinturón y la cabeza hay tres estrellas que desde acá se ven con menos intensidad que son: el codo, la mano y la punta de la flecha.
Y Estebanojosbellos sonrió con toda la luz del año que empezaba al descubrir la figura del hombre en las estrellas.

23/12/13

volar


Dios le dio al ser humano muchas ventajas por sobre el resto de los seres de la creación; como aquello del pulgar oponible, que le permite prensar objetos con solo dos de los dedos de una mano. Le dio las palabras, un alma, unos cuantos tipos diferentes de inteligencia, y la voluntad, entre otras cosas; pero no le permitió volar por su cuenta. Entonces el hombre se las ingenió (claro, también tiene ingenio) para surcar el cielo de alguna manera. 

Helicópteros-parapentes-avionetas-aviones-paracaídas-dirigibles-cohetes-globos aerostáticos. 

Gustavo es hombre, y también quiso volar. Pero para lograrlo primero tuvo que despegar(se) y echarse a trotar, sin mirar cómo tomaban carrera los demás. En este objetivo estaba sólo el. 
Por primera vez. Sólo él. 
Entonces corrió, y estiró su brazo derecho, y se agarró fuerte. El envión le permitió levantar una pierna y la fuerza de su abdomen, la otra.
Un poco más de práctica y el suelo iba quedándose lejos.
Tanto y tan lindo voló Gustavo que se confió. Un día, antes de tomar carrera se vendó los ojos. Y así igual voló. Las piernas y las telas se trenzaban y se destrenzaban y vaya a saber cómo, pero siempre lograba quedar sujetado y no hacerse añicos los huesos.

Ya quisiera yo confiar en mi Dios, en mi país, en mi padre muerto, en mi madre cerca, en el hombre que amo, o en mí misma.
Como confió Gustavo.


31/10/13

ojos que no ven

Ayer de tarde conocí a Eduardo. Adolfo, el señor gordo de la dirección de Tránsito municipal, me lo presentó y propuso que saliera al aire en el espacio de la columna de Educación Vial para hablar de accesibilidad en la vía pública y la responsabilidad que tenemos todos en este espacio que compartimos.
Eduardo tiene 53 años. A los diez, en un recreo en la escuela, quedó ciego. Un juego, una gresca, un puntero, un golpe entremedio de sus ojos y el mundo se le apagó.
Siendo joven se fue a Buenos Aires a estudiar cuestiones relacionadas con la mecánica de los autos en un instituto para ciegos, allí primero que nada le enseñaron a trasladarse por sí solo y a escribir usando el sistema Braille.
Desde hace años es la única persona ciega que camina sola por las calles de Gualeguaychú (también es capaz de hacerlo en la capital de los argentinos). Quien lo ve intenta unos segundos imaginarse como sería caminar sin ver donde se pisa, quien viene por la otra cuadra, qué tan altos están los árboles de la plaza...
Eduardo marcha a paso ligero, muy cerca de las paredes de las viviendas dando golpecitos con su bastón blanco. Dice que los obstáculos que encuentra más a menudo son los postigos de las ventanas abiertos hacia la calle, motos y bicicletas estacionadas arriba de la vereda y bolsas de arena, pozos y obras en construcción sin señalizar. Así y todo, igual camina solo. Todas las tardes da clases de orientación y Braille a un grupo de ciegos y disminuidos visuales de todas las edades.
"Toda persona ciega necesita ayuda, el que dice que no, está mintiendo" asegura, y le pide a la gente que cuando vea a un ciego por la calle le ofrezca su ayuda sin miedo, que no le va a decir que no, y menos enojarse.
Hay que ponerse delante, dejar que coloque una mano sobre nuestro hombro y caminar. Nada más. Ellos saben percibir así cuando se sube o se baja un escalón.
Y lo ayudé a salir del estudio de la radio. De la silla frente al micrófono hasta la vereda. Y lo vi marcharse ligerito por calle Maipú hasta perderse de mi vista.

9/10/13

carta para un primer cumpleaños

Deseo que siempre encuentres luz, aún en la tristeza más honda.
Y que tengas abrazos y besos a tiempo.
Quisiera alejarte de todo riesgo y amenaza, y que nada te duela;
pero no es así como se vive. Los rasguños, y los tropiezos, y las angustias, también son parte de todo esto y aunque no lo parezca, sirven.
Espero darte lo necesario, ni menos ni más.
Para flotar, llegar a tierra. Sembrar, y esperar. Y detenerte luego a disfrutar y compartir la cosecha. Quiero que siempre encuentres libros y hojas en blanco. Para volar.
Que conozcas muchas historias y que construyas la tuya. Que mezcles colores. Que te engrudes las manos.
Que suene la música. ¡Que hagas música sonar!
Que siempre que puedas bailes libre, sin zapatos y sin reglas. Como ayer a la siesta.
Quiero que ames. Con todas tus fuerzas, que ames.
Que te enternezcan los bebés y que respetes profundamente a los viejitos.
Los animales, las plantas, los ríos, tus hermanos, tus vecinos; incluso las personas que no conocerás jamás son parte de la creación (como vos); y como tales, tenés que cuidarlos.
Procurá no lastimar a nadie, y si alguna vez lo hacés, no te quedes con la culpa ni el temor, sé valiente y pedí perdón.
No te olvides nunca de la sonrisa, es el elemento principal de la hermosura.
Tampoco te quedes con la duda, preguntá; así vas a evitar malentendidos y a la vez vas a aprender muchísimo.
Y en el camino, me enseñás vos también a mí.



23/6/13

pasos

Fueron tres.
Chiquititos.
Titubeantes primero, decididos después. Firmes un segundo. Débiles al fin.
Nacieron con una canción del negro Aguirre de fondo, entre variopintos objetos indefensos.
Con papá en la largada y mamá en la meta.

5/5/13

gotas

Una tarde que llovió, desde adentro miró hacia afuera. Por un momento también cerró los ojos. Procuró no pensar en ninguna melodía. El reto consistía en hacerlo después. 
Entonces escribió.


Es un ave extraña o un reptil voraz
que fagocita en picada 
sus inmóviles tangentes
de transparencia tenáz.

Mártires del trueno o de las mañanas
tendrán la muerte y la vida
en el romance del sol
con sus bellas amalgamas

Gota por gota va
mi reflejo enmudecido
para soltar su rugido
en un gigante de sal

Lento en la bajante siguen su destino
de calma en las grietas,
de vida en las lenguas,
de peine de linos

Comparten camino hermanas surgentes
y el salto en las correderas
eleva el arruyo
del canto simiente.


Gota por gota va
mi reflejo enmudecido
para soltar su rugido
en un gigante de sal

Damián Lemes



3/5/13

puro, incondicional

"Nunca nadie va a mirarte con tanto amor", me había dicho Mariela, delante de su hijo Yamandú, de seis meses en ese entonces. No recuerdo si yo estaba embarazada. Lo cierto es que le creí fervientemente sin saber de qué se trataba.
Hoy puedo dar fue de aquello que me dijo Mariela.
Nada se compara con lo que siento cuando Miguelina me mira.

31/3/13

a Damián

Primero habrá sido tu mirada, como casi siempre sucede. No me costó, a pesar de la música fuerte y la gente alrededor, darme cuenta de que eras un tipo bueno. Y para colmo hiciste eso de bajar el mentón y mantener fijo en mí a ese par de bolillones tan oscuros, tan brillantes. El corazón me latió un poco más fuerte y probablemente se hayan enrojecido y mucho mis cachetes, pero lo disimulé. Cómo podía ser que así como si nada se me moviera de esa manera la estantería.
Siempre fui enamoradiza, está bien, lo admito, pero tarde o temprano (y muchas veces más temprano que tarde) encontraba ese "algo que no me cerraba". Con decirte, Negrito mío, que minutos antes había resuelto quedarme sola, feliz y sola, alejada de cagones inmaduros que-no-saben-lo-que-quieren y de aquellos otros, la mayoría, que sólo tienen espuma de fernet con Coca y entradas free para el boliche en la cabeza.
Me gustaron tus manos. Luego el timbre de tu voz, tu sonrisa con todos tus dientes, y esas cosas que decías que me hacían reír. 
Me tenés encandilau, como  a una vizcacha. 
Percibí de inmediato tu inteligencia, y entonces, estalló un grito de gol de domingo en la Bombonera. Sin embargo hacían falta unas buenas charlas para encontrar lo fundamental, porque hay diferencias que mucho no cuentan, que son divertidas y hasta diría que es saludable que las haya, pero hay otras cuestiones en las que hay que coincidir para caminar juntos.
Como ya te he dicho: la tenés re clara, más que yo. En las reglas ortográficas y en las ideas. Te has equivocado y feo (porque sos imperfecto), y tus miserias te duelen (porque nivelás para arriba). Sabés quererte y así querés a los demás, con la dosis justa: sin egolatría, sin idolatrías, y sin desprecio.
En algún momento de aquellas charlas de calor y cerveza pensé que serías un buen compañero más allá del verano, que tus chistes eran lo suficientemente buenos como para transformar en sonrisa mis duelos, que me llevaría bien con tu familia a pesar de no cantar ni tocar instrumento alguno y que le caerías muy bien a los míos, que podría aprender muchísimas cosas y conocer rincones de verdes y de aguas dulces de por acá cerca porque me dijiste que te gustaba esta ciudad (como a mí), que me acompañarías a rezar sin cuestionar por qué lo necesito tanto, que serías capaz de casarte conmigo y que me ayudarías muy bien a transmitirle valores a los hijos que pudieran llegar.
Tres años desde aquel encuentro entre la música fuerte y el amanecer inminente no son muchos, menos aún los dos de matrimonio, pero bien vale la pena celebrar en el alma el acierto.
Te amo.

2/4/2011  -  2/4/2013

19/3/13

21 cuadras en 21 oraciones (y media)

1- Desde la ventana que da al oeste la mañana parecía ventosa, sin embargo al salir a la calle no me dio la misma sensación, (quizás el fresno haya exagerado un poco).
2- Miguelina tardó en dormirse lo que las tres ruedas del coche tardaron en pisar la esquina de Cervantes (¿por qué no será así de sencillo cuando yo muero de sueño?).
3- Las veredas en esta parte de la ciudad son un desastre, de manera que no me quedó otra que avanzar por la calle, (me gusta el aire coqueto que les dan los adoquines de hormigón articulado).
4- Hay una cuadra, justo antes de llegar a la sede de la Asociación de Sordos e Hipoacúsicos, en la que siempre me maravillo de escuchar cantar a tantos pájaros; (¿será porque allí encuentran muchos árboles donde posarse, o en alguna de estas casas habrá una enorme pajarera?)
5- Debo estar haciendo un movimiento nuevo, o de mala manera, porque esto de caminar empujando un coche con bolso y nena hace que me duelan partes del cuerpo que no tenía registradas, (entre las axilas y los omóplatos, por ejemplo).
6- Pasan dos, tres, cuatro autos y los conductores ni se percatan de nuestra presencia y necesidad de cruzar hacia la otra esquina; hasta que el quinto frena y con un gesto de sus manos me dice que avance, (y como en un plumazo se me voló la chinche).
7- Acercándonos al centro el tránsito se hace más denso y parecieran estar todos, automovilistas y peatones, más apurados, (se me ocurre que la señora de gris camina así porque quiere llegar a horario al médico, tiene cara de dolor).
8- Miguelina se despertó, (¡ay, cómo la amo!)
9- Al descubrir el coche, dos nenas que venían caminando con su abuela, supongo, se abalanzaron a los cachetes de mi pasajera, (contra todo pronóstico, en lugar de llorar se rió).
10- La abuela de las nenas me quiso vender la rifa de Santa Rita: "Ciento diez pesos por mes, no son nada", me dijo; y yo le contesté que tenía que consultarlo con mi marido (jajajaja).
11- Las nenas parecían mellizas pero no lo eran, se llevaban un año y un mes de diferencia, (quién sabe con qué método anticonceptivo se habrá cuidado esa madre después del parto).
12- Allá está la plaza Urquiza; siempre que la cruzo me acuerdo de mi papá conmigo esperando que mami saliera de la escuela.
13- La plaza está igual que en aquellos años, sólo han agregado cartelitos en cada esquina con el nombre de usuario y la contraseña del WIFI gratuito, (el usuario es "gchu" y la contraseña también).
14- Casi en el centro de la plaza distingo al intendente conversando con un señor mientras una chica les saca fotos con flash, (¿serán periodistas?).
15- La cartera más barata de este negocio cuesta 800 pesos, (si es que no estoy desactualizada).
16- Pienso en el programa de la tarde y me alivio al recordar que ya está casi armado, aunque llegando al mediodía no vendría mal pegarle un llamadito a Alippi, (el productor).
17- En el último bloque voy a entrevistar a un politólogo sobre las influencias que puede llegar a haber en el país tras la asunción como Papa de un argentino.
18- Hablando de Papa, Miguelina dice "papa", o "papá", (le dije a Damián que no estaba segura si era por él o por Bergoglio).
19- Bueno, ya falta menos, (por suerte el dolorcito ridículo ya no se siente).
20-  Las vidrieras exhiben ropa de abrigo en tonalidades rodeando al bordó, (era cierto lo que dijo esa comentarista de modas en la tele la otra vez, y evidentemente la gente que vive de esto se pone rápidamente al día).
21- ¡Qué lindo es llegar a lo de mamá!, la casa está hermosa, como siempre y para mí es como volver un poco a la infancia, (pero renovada).

20/11/12

prueba y error

Benja

Dos días antes de su cuarto cumpleaños Benja tuvo una idea, pero no se la dijo a nadie. Benja quería saber algo y sólo la experiencia le daría la respuesta.
En la casa estaban él, su hermana de seis años y sus papás. Ninguno de ellos iba a inhibirlo, pues tenía con todos la confianza suficiente como para hacerlos partícipe del experimento, de arriesgarlo todo sin temor al fracaso. Ellos no iban a quererlo menos si la cosa no salía como la esperaba.
Entonces empezó a saltar. Saltó. Saltó otra vez. Dio un salto cortito, uno hacia adelante y otro con más envión. Saltó lo más alto que sus piernitas delgadas le permitieron y siguió saltando un rato más sin dejarse vencer por la fatiga que la tarea le provocaba.
-¡Qué bien, Benja!, le dijo el papá pensando que quizás el niño buscaba llamar la atención y necesitaba algunos aplausos, ¡qué bien!.
Pero Benja no pretendía recibir halagos.
Con la respiración agitada y en su media lengua se reconoció vencido y lamentó: ¡No puedo volar!

12/11/12

querer ser chica


Para andar en la bici roja. Treparme en el pino inclinado de la plaza Ramírez. Hacer equilibrio con Petra en los alambrados de Sarandí y castillos de arena con Matías y Martín en esos extraños bulevares.
Para tomar mate cocido con la abuela Yiya y el abuelo Paco, sentados en el patio.
Para enterrar monedas con la esperanza de desenterrarlas en algún futuro habiendo recordado a cuántos pasos del árbol y en qué dirección había dispuesto dejar "el tesoro".
Para tomar la leche y comer tostadas con manteca en lo de Caro, mirando a Flavia en la tele.
Para inventar coreografías con las canciones de Los Rodríguez, a pesar de no terminar de entender muy bien las letras.
Para viajar a La Plata con mami a visitar a Claudio. Y para que cuando venga Claudio de La Plata mami haga helado casero.
Para batir un nuevo record saltando a la cuerda.
Para subirme a mi hamaca preferida de la plaza Urquiza y que papá me empuje bien fuerte. Y que después me compre en el kiosco una bananita Dolca y un paquete de pastillitas Yapa.
Para sentir el olor a humedad de la piecita del fondo de la casa de la abuela Adela, donde está lleno de libros, algunas fotos viejas y dentro de una bolsa de tela, las piezas de un juego de ajedrez.
Para escuchar el silbido del señor que afila cuchillos en las siestas sordas de Gualeguaychú en verano.
Para nadar en el río hasta que llegue la tardecita y mis dedos estén arrugados "como los de una vieja".
Querer ser chica.
Para tener ganas (y no miedo) de seguir creciendo.



27/9/12

Miguelina viene llegando

Hay gente, como Marga, que tiene el grandioso don de hacerle honor a nuestra lengua. Gente, como Marga, que conoce las palabras, les sabe su peso, su color, y las pone en el lugar adecuado.
Allí donde va una, no va otra. Así escribe Marga, sencillamente hermoso. Orgullosas están ellas, las palabras, porque las usa con amor. Como si vistiera a una muñeca y al finalizar la perfumara.

Hoy Marga le regaló un texto a Sabimamá, y a Sabimamá se le llenaron los ojos de lágrimas y el corazón de emoción.


Vida entre tu vida, 
remolino de luz 
viene llegando tu niña, 
ajena al tiempo, 
 a tus tiempos... 
Soles y lunas 
acunaron tus desvelos 
alargando la espera 
fogoneando el deseo 
de tenerla entre tus brazos
en tu pecho de luna llena, 
Sabi, 
Miguelina viene llegando...






8/9/12

una noche como esta II

Tanta lluvia me ha vuelto memoriosa, no tanto como Funes pero sí más de lo que habitualmente soy. El 3 de septiembre no esperaba acordarme que se cumplían nueve años de la primera vez que sentí el vértigo del aire de radio y sin embargo pude revivir y dejar escritas en este blog aquellas primigenias sensaciones.
Hoy, que de casualidad me di cuenta que es ocho de septiembre, me acordé que hace tres años estaba en una de las aulas de la U.C.U defendiendo mi tesina de periodismo. Pelo planchado, brillo en los labios, pollera negra y medias can can del mismo color; camisa, tacos y sobretodo. Nervios, satisfacción y frío. Había olvidado por completo las indicaciones de la profesora de Oratoria y no dejé de mover las manos mientras explicaba el desarrollo de la investigación que me había tenido en vilo un año entero: la construcción de las noticias relativas al conflicto entre Argentina y Uruguay por la instalación de fábricas de pasta de celulosa en el río Uruguay. 
De público, además del tribunal evaluador, había un grupo de estudiantes de la carrera que probablemente hayan querido ver lo que en algún momento les llegaría; la tía Marga y el mayor de sus hijos, el inevitablemente querible Martín Ignacio. En primera fila y cerca de la puerta estaban Mariela, José y la Chula que no paraban de sacar fotos y grabar. También Jes y Clau; y en el centro del aula y con mirada expectante, mis viejos, los dos. Regalo de Dios. Les dediqué cada palabra esa noche, porque fue gracias a ellos que pude estudiar lo que quería. Vaya si se merecían verme recibida después de los esfuerzos que hicieron.
Defendí el trabajo y me aprobaron con un ocho. Volvimos a Gualeguaychú y escondidos detrás de un auto me esperaban Darío, la Glon y Rocío sacudiendo una botella de sidra que terminó toda en mi sobretodo y mi pelo planchado. En la puerta de casa habían pegado globos y un cartel que decía "felicitaciones amiga periodista". Comimos empanadas y brindamos.

28/7/12

te estamos esperando

Detalles que nos hacen caer en la cuenta de que cada vez falta menos para el momento más soñado.


7/6/12

periodismo

Estamos condenados a este oficio del diablo.

29/5/12

con las piernas a prueba

Nadie nos creía capaces de poder viajar como mochileras al noroeste argentino. Nadie. El apoyo que recibíamos se limitaba a no poner resistencia porque en definitiva ya teníamos edad de decidir por nuestra cuenta. Mi amiga y yo ya habíamos hecho una viaje juntas cuando éramos adolescentes; un viaje del tipo convencional con agencia de turismo de por medio y paquete completo. Comodidad y seguridad garantizadas. Esta vez en cambio, todo era azar. A excepción del rumbo que tomaríamos y de ciertos lugares que nos propusimos conocer, el resto era aventura. Palabra excitante como pocas en el extenso glosario castellano. Y para nosotras aún algo más que eso: la oportunidad de que cada una se ponga a prueba con su propio espíritu y con su par de piernas, el desafío de enfrentar lo inesperado sea bueno o sea malo, las ganas de comernos al mundo y la certeza de que podíamos hacerlo.

La primera de las casi mil fotos que terminaron completando la memoria de ambas cámaras nos la tomaron nuestras madres el 3 de enero por la mañana en la terminal de ómnibus de Gualeguaychú, un rato antes de subir al colectivo que nos llevaría a Córdoba. A pesar de la mala luz de la imagen es de mis fotos preferidas, al verla recuerdo el orgullo de mí misma que sentí en ese momento.

Teniendo como objetivo destinos tan lejanos, cruzar el litoral hasta llegar al centro del país pareció un trayecto corto. En Córdoba el viaje recién empezaba, sus sierras no serían más que un trampolín hasta la puna y su “no se qué” me dejarían por siempre las ganas de volver. De todos modos, fue allí donde cumplimos el primer desafío y salimos a caminar la ruta. Sabíamos que nos deparaban esfuerzos mayores, por eso no nos quejamos demasiado durante los primeros siete kilómetros entre Villa General Belgrano y Santa Rosa de Calamuchita. Más fuerza todavía me dio recordar la socarrona carcajada de mi hermana cuando me probé por primera vez la mochila y caminé del comedor a la cocina a la velocidad que lo hizo Armstrong en la luna. Ni en ese cortísimo trayecto de la casa de mis padres, ni en toda la ciudad donde crecí hay ondulaciones en el terreno como las que en ese momento aliviaban o mortificaban mis cuádriceps, según si nos tocaba avanzar en bajada o en subida. Lo sospechábamos, pero no sabíamos a ciencia cierta que eso era apenas una entrada en calor.

Desde Córdoba capital atravesamos de sur a norte, y de noche, la provincia de Santiago del Estero hasta llegar a San Miguel de Tucumán una mañana que acababa de llover y el apático sol no lograba a secar la humedad. Desconocíamos la infantil rivalidad entre tucumanos y salteños hasta que mantuvimos la primera charla con el dueño del hostel donde pasamos la noche, un señor morocho que bien habría podido disimular su prominente vientre y sus tetillas deprimidas de no haber andado con la camisa desprendida todo el tiempo. Olvidamos sus comentarios localistas pero aceptamos una sugerencia, y al día siguiente viajamos a Tafí del Valle. Si hay algo de lo que puedan alardear los tucumanos frente a los salteños y a cuanto argentino tengan enfrente, es sin duda este lugar. Flores, muchas flores; abundante verde, aire fresco, ríos serpenteantes que vienen bajando de las montañas que rodean la ciudad, cabañas de madera, niños ricos paseando en cuatriciclos por las tranquilas calles, caballos de crines largas que parecieran haberse olvidado los príncipes azules; y para nosotras, el mejor almuerzo de todos los tiempos: queso de cabra y ciruelas disecadas sobre las gigantescas piedras que costeaban el río.

Eso también fue un precalentamiento, los lugares que nos faltaban conocer eran iguales o más hermosos. En general, el avasallante paisaje del oeste norteño vivido de la manera que elegimos me hizo sentir pequeña, me enseñó a discriminar lo esencial de lo intrascendente, a entender que también es argentina esa mujer de sobrero y trenzas largas que carga a un niño en una wawa, al fin llegué a conocerme lo suficiente como para saber de lo que soy y de lo que no soy capaz de hacer y me acercó a Dios de tantas ganas que tuve de aplaudir al autor de todo aquello; lo más impensado, quizás, es que le agregó valor a mi paisaje litoraleño de todos los días y a los inmensos ríos que allá arriba no veía.

 Polvo, cerros secos, rojos, naranjas y amarillos; cabras, llamas, alpacas, vicuñas y vacas flacas. Cardones, adobe, miradas profundas, silencios, erkes, faldas amplias, aliento a coca, viento, salinas, noches frías, vino, ají, orégano, tunas, historias de batallas, carnavales, madretierra, procesiones. Da lo mismo si es Maimará, Purmamarca, Humahuaca o Tilcara. Toda la puna llora a los Quilmes, y le reza tanto a la Pacha como a la Virgencita de Copacabana del Abra de Punta Corral; y como ocurre en todos lados, nadie entiende muy bien qué les fascina del lugar a los que llegan de visita: “Acá vienen a pasear médicos y abogados desde Buenos Aires”, me dijo sorprendida ante el permanente paso de turistas la mujer que por cinco pesos argentinos nos dejó dormir en la entrada de su casa y usar su baño.



21/4/12

en el tercer escalón

La escalera de casa, además de servirnos para acceder a la planta alta, suele ser utilizada para dejar en sus escalones cualquier objeto (y cuando digo cualquier, es cualquier) que deberá aguardar allí hasta que alguno de los dos le de una respetable ubicación.
En este momento, sobre el cuarto escalón hay un cd de Damián y mis gotas de Reliverán. En el quinto una cámara de fotos, una billetera, un juego de llaves y mi nuevo pañuelo para el cuello. A excepción de las llaves, que no quedan tan desubicadas, el resto de los objetos debería estar en otro lado.
Sin embargo, más fuera de lugar que éstos es lo que encontré esta mañana de viento y hojas secas: