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27/12/14

a mis veinte y diez

Cumplí 30 años el viernes 5 de diciembre. Antonia ya llevaba seis meses acá adentro, creciendo sin inconvenientes y haciéndose sentir a pataditas desde temprano; y yo me sentía verdaderamente plena, feliz. Recibí el desayuno en la cama, con las voces más lindas del mundo cantándome el "Feliz cumpleaños"; la imagen no se me borrará en la vida: Damián, parado en el umbral de la puerta de la habitación, sostenía la guitarra con una mano mientras Miguelina rasgueaba como podía con sus deditos gordos.
Desbordé de amor. Quise comérmelos a besos.
A todo esto, el celular vibraba anunciando la llegada de un mensaje tras otro al grupo "Locutores" que tenemos con mis amigos Mario y José en Whats app, me gastaban a más no poder, a sabiendas que había comenzado el día del año en el que me siento una reina y, jactándose de haber estado conmigo en las últimas diez ediciones, me torturaron con recuerdos que me sonrojaban, me irritaban y me también daban mucha risa. Portan una memoria envidiable y de una manera de decir las cosas que hace que los quiera mandar a la mierda y abrazarlos fuerte, todo al mismo tiempo.
Más tarde, pero siendo temprano aún, abrí mi cuenta de Facebook y encontré el mensaje de alguien a quién he visto contadas veces pero que está entre mis contactos por ser alguien a quien mi papá conoció y aconsejó en cuestiones del campo. "Tu viejo te está sonriendo desde el cielo", me dijo. Y eso, exactamente eso fue lo que sentí durante todo el día: su sonrisa y su mirada mancita siempre conmigo.
¿Cómo no eternizar tanta felicidad? ¿Cómo no celebrarlo?
Esa misma mañana tenía turno con mi ginecólogo, y sería otro regalo invaluable ver a mi niña y escuchar cómo su corazón, tan chiquitito, latía con la velocidad de quién se emociona por llegar a la meta. Tenía tiempo, así que antes de ir a la clínica entré a la Catedral donde ya habían armado el pesebre, y me arrodillé agradecida frente al Niño. Pocas veces en mi vida sentí tantas ganas de dar las gracias. Así que eso hice, decir gracias, gracias, gracias. Insistentemente, sí, porque me daba la sensación de estar quedándome corta.
En una de esas tantas charlas de pasillo en la facu alguien observó que la gente se saca fotos en los momentos felices, nunca en los tristes. Será una zoncera, pero es verdad, y supongo que tendrá que ver con cierta necesidad de detener la fugacidad del tiempo alegre (ya que el tiempo triste es demorón en irse). Dejar plasmada la felicidad en un foto es una manera de eternizarla.
Eso fue lo que le pedí a Jerónimo, que es un excelente fotógrafo, y a Natalia, productora de moda y dulce mujer: ayuda para preservar este instante feliz.
Damián me acompañó en la idea, dijo que ese sería su regalo para mis treinta.
Juliana, de Senderos del Monte, me abrió las puertas de esa mágica reserva que es un tesorito del litoral para que sea el entorno.
Florencia se encargó de ocultar defectos y resaltar lo bueno con la técnica y el arte del maquillaje, mientras que Rosario se abocó a crearme rizos de Deméter* en el pelo.



*La asociación con la diosa griega no fue mía, sino de mi profesora de Literatura de la secundaria, Marta Ledri.



19/8/14

luz de luna sumergida




Río marrón,
devolveme sangre abajo de tu paso
el lirio negro que quedó junto a tu orilla.
Río, río marrón,
lleva en un pez esta canción, que alguien me espera
de cara a las estrellas, cauce arriba,
río marrón.



Segmento de "Río marrón", de Jorge Fandermole.

5/5/13

gotas

Una tarde que llovió, desde adentro miró hacia afuera. Por un momento también cerró los ojos. Procuró no pensar en ninguna melodía. El reto consistía en hacerlo después. 
Entonces escribió.


Es un ave extraña o un reptil voraz
que fagocita en picada 
sus inmóviles tangentes
de transparencia tenáz.

Mártires del trueno o de las mañanas
tendrán la muerte y la vida
en el romance del sol
con sus bellas amalgamas

Gota por gota va
mi reflejo enmudecido
para soltar su rugido
en un gigante de sal

Lento en la bajante siguen su destino
de calma en las grietas,
de vida en las lenguas,
de peine de linos

Comparten camino hermanas surgentes
y el salto en las correderas
eleva el arruyo
del canto simiente.


Gota por gota va
mi reflejo enmudecido
para soltar su rugido
en un gigante de sal

Damián Lemes



31/3/13

a Damián

Primero habrá sido tu mirada, como casi siempre sucede. No me costó, a pesar de la música fuerte y la gente alrededor, darme cuenta de que eras un tipo bueno. Y para colmo hiciste eso de bajar el mentón y mantener fijo en mí a ese par de bolillones tan oscuros, tan brillantes. El corazón me latió un poco más fuerte y probablemente se hayan enrojecido y mucho mis cachetes, pero lo disimulé. Cómo podía ser que así como si nada se me moviera de esa manera la estantería.
Siempre fui enamoradiza, está bien, lo admito, pero tarde o temprano (y muchas veces más temprano que tarde) encontraba ese "algo que no me cerraba". Con decirte, Negrito mío, que minutos antes había resuelto quedarme sola, feliz y sola, alejada de cagones inmaduros que-no-saben-lo-que-quieren y de aquellos otros, la mayoría, que sólo tienen espuma de fernet con Coca y entradas free para el boliche en la cabeza.
Me gustaron tus manos. Luego el timbre de tu voz, tu sonrisa con todos tus dientes, y esas cosas que decías que me hacían reír. 
Me tenés encandilau, como  a una vizcacha. 
Percibí de inmediato tu inteligencia, y entonces, estalló un grito de gol de domingo en la Bombonera. Sin embargo hacían falta unas buenas charlas para encontrar lo fundamental, porque hay diferencias que mucho no cuentan, que son divertidas y hasta diría que es saludable que las haya, pero hay otras cuestiones en las que hay que coincidir para caminar juntos.
Como ya te he dicho: la tenés re clara, más que yo. En las reglas ortográficas y en las ideas. Te has equivocado y feo (porque sos imperfecto), y tus miserias te duelen (porque nivelás para arriba). Sabés quererte y así querés a los demás, con la dosis justa: sin egolatría, sin idolatrías, y sin desprecio.
En algún momento de aquellas charlas de calor y cerveza pensé que serías un buen compañero más allá del verano, que tus chistes eran lo suficientemente buenos como para transformar en sonrisa mis duelos, que me llevaría bien con tu familia a pesar de no cantar ni tocar instrumento alguno y que le caerías muy bien a los míos, que podría aprender muchísimas cosas y conocer rincones de verdes y de aguas dulces de por acá cerca porque me dijiste que te gustaba esta ciudad (como a mí), que me acompañarías a rezar sin cuestionar por qué lo necesito tanto, que serías capaz de casarte conmigo y que me ayudarías muy bien a transmitirle valores a los hijos que pudieran llegar.
Tres años desde aquel encuentro entre la música fuerte y el amanecer inminente no son muchos, menos aún los dos de matrimonio, pero bien vale la pena celebrar en el alma el acierto.
Te amo.

2/4/2011  -  2/4/2013

23/3/13

extremo inferior derecho





Hoy encontré esta foto en Facebook y como quien juega a buscar a Wally me entretuve reconociendo gente. No esperaba encontrarme a mí a pesar de que esa posibilidad existía, de manera que cuando me vi fue suspensivo. De repente vinieron muchos recuerdos. La foto fue tomada durante la marcha al puente internacional General San Martín del 2008. Fue de las más concurridas a pesar del mal tiempo. En ese entonces trabajaba para un programa de la tele local, por eso voy caminando junto a un camarógrafo. Jorge se llama. Me gustaba grabar informes y luego participar de la edición. Disfrutaba mucho de mi trabajo. Ahora también. Bueno, en realidad siepre disfruté y eso me alegra y mucho. En este oficio una se va reinventando cada día, es imposible dejar de aprender. Los temas del día de a poco van quedando atrás mientras nacen nuevos. Y ahora los testimonios son otros, otras las voces, otros los reclamos y las historias que se convertirán en noticias de  tapa. Hoy podemos hablar del hombre accidentado en la ruta y familiarizarnos con términos médicos y mañana hablaremos del aumento de salario escalonado que el gobierno ofrece a los estatales. 
Bienvenido al periodismo todo aquel que se aburre en la monotonía.
Ayer la foto me mostraba en medio de un reclamo ambiental. Mañana no sé dónde. ¿Acaso no es fascinante?

25/1/13

city tour


La costanera estaba llena. De gente, de risas, de música, de perfumes, de plumas, de ojotas, de cerveza, de sol. En el puerto, frente a la plaza Colón se ofrecían paseos en lancha por el río Gualeguaychú y Uruguay. A un costado, interrumpiendo el tránsito de calle Del Valle se instaló la feria de artesanías, y los turistas pasaban de maravillarse con las prolijísimas pulseras de macramé, a preguntar los precios de los cuchillos y luego de los mates y más allá una señora de caderas anchas se probaba un pareo. Ahí cerquita, el bus que nos llevaría a recorrer la ciudad estaba todavía estacionado a la espera de más pasajeros, cuando un matrimonio de unos treinta años (de casados) se sumó al tour. Y entonces el chofer puso primera y arrancó:


Lento pero ininterrumpido. Había mucho para ver y también eran muchos los autos cuyos pasajeros, al igual que nosotros, paseaban por Avenida Morrogh Bernad. Fuimos bordeando el río Gualeguaychú  pasando por los obeliscos, la heladería, el hotel, la parrilla, el casino, el balneario y la piscina pública hasta llegar al puente naranja, el puente Méndez Casariego. Mientras lo cruzábamos muchos hubiéramos preferido que se detuviese en el medio, porque desde allí la vista era fantástica. A ambos lados. El sol reflejaba fuerte sobre el agua y el río parecía de plata. Y dispersos entre costa y costa flotaban veleros, kayaks, lanchas, piraguas, canoas, un catamarán y muchos de esos coloridos bicibotes. Allá a lo lejos las playas se veían abarrotadas de gente. Como hormigueros. Chiquititos, uno pegadito al otro.

Se terminó el puente y nos zambullimos en el verde del parque. Ceibos. Talas. Espinillos. Tipas. Eucaliptos. Un papá atajando penales. Una nena en bici con rueditas. Unos novios tomando mate. Bajo la sombra, una familia numerosa ocupaba una de las mesas de madera, y unos pasos más allá los restos de la leña yacían sobre una parrilla. Pocas ciudades tienen un parque tan hermoso. ¿Pensarían lo mismo el resto de los pasajeros?

El matrimonio resultó ser de Villa Libertador San Martín. Habían pasado más de diez años desde la última vez que visitaron Gualeguaychú. Para ellos el recorrido fue como conocerla de nuevo. Le sacaron fotos a la plaza y a la Catedral, descubrieron la casa más antigua de la ciudad, ponderaron el aspecto del teatro remodelado y al llegar a la avenida Rocamora extendieron la vista hasta la copa de las viejas palmeras. Él recordó que “antes los corsos se hacían acá”. Hablaron de las comparsas, de las majestuosas carrozas y de los laboriosos detalles de los trajes. La noche anterior habían estado en el carnaval, pero esta vez el corsódromo los sorprendió desnudo; como un gigante echado al sol.

El colectivo bordeó el corsódromo y tomó por Avenida Parque hasta reencontrarse con el puerto, el paseo Nicaragua primero y el muelle de los pescadores después. A la izquierda los galpones y allá enfrente, en la isla, ese extraño castillo. Y nuevamente los artesanos. Y el guía del catamarán. Y un señor ofreciendo departamento para alquilar. Y las ojotas. Y los helados. Y  los turistas probándose espaldares y tocados. Y la música. Y el sol ya más bajo.

6/8/12

los excesos de Botnia

La planta de UPM (ex Botnia) tiene una producción anual por encima del millón de toneladas que es el máximo autorizado por la Corte Internacional de La Haya.
Esto no sólo significa una violación a los acuerdos bilaterales, significa algo peor: contaminación desmedida al río Uruguay, a la tierra, al aire y a todos los seres que vivimos en los alrededores de esta inmundicia ilegal.

De acuerdo con los propios registros aduaneros de Uruguay la planta de la ex Botnia viene superando este límite prácticamente desde su inicio y a un ritmo creciente: entre noviembre de 2008 y noviembre de 2009 lo superó en 50.597 toneladas, al otro año lo hizo en 97.407 toneladas, en tanto que entre noviembre de 2010 y octubre de 2011 se excedió en 98.855 toneladas.

De tratarse, como tanto se jactan, de una prestigiosa empresa finlandesa líder en el mercado de la celulosa, no debería haberse excedido en su producción. Los Estados y las empresas que se portan bien no incumplen los tratados.
Estamos diciendo que esta planta está autorizada para producir un millón de toneladas de pasta de celulosa, utilizando gratuitamente como materia prima y fundamental el agua del río Uruguay. Ni siquiera eso debería estar pasando.
Esta empresa toma agua del río SIN PAGAR NI UN CENTAVO, se lleva el dinero y deja la contaminación y la pobreza.
No conforme con semejantes beneficios esta empresa además, excede los límites que le fueron permitidos.
Lo que ocurre con las mineras no es mera coincidencia, es lo mismo.
Llora América Latina, se desangra, se desagua.

29/5/12

con las piernas a prueba

Nadie nos creía capaces de poder viajar como mochileras al noroeste argentino. Nadie. El apoyo que recibíamos se limitaba a no poner resistencia porque en definitiva ya teníamos edad de decidir por nuestra cuenta. Mi amiga y yo ya habíamos hecho una viaje juntas cuando éramos adolescentes; un viaje del tipo convencional con agencia de turismo de por medio y paquete completo. Comodidad y seguridad garantizadas. Esta vez en cambio, todo era azar. A excepción del rumbo que tomaríamos y de ciertos lugares que nos propusimos conocer, el resto era aventura. Palabra excitante como pocas en el extenso glosario castellano. Y para nosotras aún algo más que eso: la oportunidad de que cada una se ponga a prueba con su propio espíritu y con su par de piernas, el desafío de enfrentar lo inesperado sea bueno o sea malo, las ganas de comernos al mundo y la certeza de que podíamos hacerlo.

La primera de las casi mil fotos que terminaron completando la memoria de ambas cámaras nos la tomaron nuestras madres el 3 de enero por la mañana en la terminal de ómnibus de Gualeguaychú, un rato antes de subir al colectivo que nos llevaría a Córdoba. A pesar de la mala luz de la imagen es de mis fotos preferidas, al verla recuerdo el orgullo de mí misma que sentí en ese momento.

Teniendo como objetivo destinos tan lejanos, cruzar el litoral hasta llegar al centro del país pareció un trayecto corto. En Córdoba el viaje recién empezaba, sus sierras no serían más que un trampolín hasta la puna y su “no se qué” me dejarían por siempre las ganas de volver. De todos modos, fue allí donde cumplimos el primer desafío y salimos a caminar la ruta. Sabíamos que nos deparaban esfuerzos mayores, por eso no nos quejamos demasiado durante los primeros siete kilómetros entre Villa General Belgrano y Santa Rosa de Calamuchita. Más fuerza todavía me dio recordar la socarrona carcajada de mi hermana cuando me probé por primera vez la mochila y caminé del comedor a la cocina a la velocidad que lo hizo Armstrong en la luna. Ni en ese cortísimo trayecto de la casa de mis padres, ni en toda la ciudad donde crecí hay ondulaciones en el terreno como las que en ese momento aliviaban o mortificaban mis cuádriceps, según si nos tocaba avanzar en bajada o en subida. Lo sospechábamos, pero no sabíamos a ciencia cierta que eso era apenas una entrada en calor.

Desde Córdoba capital atravesamos de sur a norte, y de noche, la provincia de Santiago del Estero hasta llegar a San Miguel de Tucumán una mañana que acababa de llover y el apático sol no lograba a secar la humedad. Desconocíamos la infantil rivalidad entre tucumanos y salteños hasta que mantuvimos la primera charla con el dueño del hostel donde pasamos la noche, un señor morocho que bien habría podido disimular su prominente vientre y sus tetillas deprimidas de no haber andado con la camisa desprendida todo el tiempo. Olvidamos sus comentarios localistas pero aceptamos una sugerencia, y al día siguiente viajamos a Tafí del Valle. Si hay algo de lo que puedan alardear los tucumanos frente a los salteños y a cuanto argentino tengan enfrente, es sin duda este lugar. Flores, muchas flores; abundante verde, aire fresco, ríos serpenteantes que vienen bajando de las montañas que rodean la ciudad, cabañas de madera, niños ricos paseando en cuatriciclos por las tranquilas calles, caballos de crines largas que parecieran haberse olvidado los príncipes azules; y para nosotras, el mejor almuerzo de todos los tiempos: queso de cabra y ciruelas disecadas sobre las gigantescas piedras que costeaban el río.

Eso también fue un precalentamiento, los lugares que nos faltaban conocer eran iguales o más hermosos. En general, el avasallante paisaje del oeste norteño vivido de la manera que elegimos me hizo sentir pequeña, me enseñó a discriminar lo esencial de lo intrascendente, a entender que también es argentina esa mujer de sobrero y trenzas largas que carga a un niño en una wawa, al fin llegué a conocerme lo suficiente como para saber de lo que soy y de lo que no soy capaz de hacer y me acercó a Dios de tantas ganas que tuve de aplaudir al autor de todo aquello; lo más impensado, quizás, es que le agregó valor a mi paisaje litoraleño de todos los días y a los inmensos ríos que allá arriba no veía.

 Polvo, cerros secos, rojos, naranjas y amarillos; cabras, llamas, alpacas, vicuñas y vacas flacas. Cardones, adobe, miradas profundas, silencios, erkes, faldas amplias, aliento a coca, viento, salinas, noches frías, vino, ají, orégano, tunas, historias de batallas, carnavales, madretierra, procesiones. Da lo mismo si es Maimará, Purmamarca, Humahuaca o Tilcara. Toda la puna llora a los Quilmes, y le reza tanto a la Pacha como a la Virgencita de Copacabana del Abra de Punta Corral; y como ocurre en todos lados, nadie entiende muy bien qué les fascina del lugar a los que llegan de visita: “Acá vienen a pasear médicos y abogados desde Buenos Aires”, me dijo sorprendida ante el permanente paso de turistas la mujer que por cinco pesos argentinos nos dejó dormir en la entrada de su casa y usar su baño.



18/5/12

te siento



Como un pececito de color, o como una patadita de rana.

Como el aleteo de una mariposa, como la que sienten los enamorados pero un poco más abajo, unos tres centímetros debajo del ombligo.
O como burbujas.
Me equivoqué cuando dije que ya había vivido lo más suspensivo.
Y quizás ahora me esté equivocando también y sean los ojos o la voz de ese pececito lo que más me llene el alma.

1/5/12

la marcha que no se detiene


El joven de la bandera, el que va de la mano con una chica rubia, tenía diez años cuando se realizó la primera marcha; sus padres le habían llevado la bicicleta y una pelota para que no se le hiciera aburrida la caminata y para que jugara con los demás chicos. Hace dos meses empezó a cursar la carrera de Abogacía porque quiere defender los derechos de los ciudadanos.
Las marchas sobre el puente internacional que une Gualeguaychú y Fray Bentos se vienen realizando desde hace ocho años el último fin de semana de abril, y el propósito de quienes participan es reclamar que la fábrica de pasta de celulosa UPM – Botnia, de capitales finlandeses, sea desinstalada; pues aseguran que su producción es altamente contaminante.
La primera fue el 30 de abril de 2005. En ese entonces Botnia era una inmensa explanada rodeada de obradores al lado del puente, lo que auguraba una fábrica de dimensiones nunca antes vistas en la zona, ni de uno ni del otro lado del río.
A pesar de los cánticos, las banderas, los cortes de ruta, los muchachos de Greenpeace jugando a salvar el mundo, los brillosos caireles de la reina del carnaval en la cumbre de presidentes en Viena, los estudios científicos y los escalofriantes testimonios de los vecinos de Valdivia y Pontevedra, la construcción concluyó y la fábrica comenzó su producción de pasta blanca para papel a fines de 2006.
Sin embargo, el siguiente abril la gente volvió a marchar.
Y el siguiente.
Y el siguiente.
Y el siguiente.
Y el siguiente.
Y hoy, el más frío de los ocho últimos domingos de fines de abril, también marchan.
En los casi cuarenta kilómetros de recorrido entre la ciudad y el puente los autos de los manifestantes se diferencian del resto por las banderas argentinas que flamean amarradas de las ventanillas; algunos muestran su asistencia perfecta a las marchas con las calcomanías que identifican a cada una de las ediciones pegadas en la luneta.
Octava marcha. Puente Gral San Martín. 29 de abril de 2012. (Foto: Gustavo Rivollier)
Cada tanto, carteles pintados a mano y colocados más allá de la banquina impactan con frases como “Salvemos al río Uruguay”, “Sí a la vida”, “Vamos al puente” y “Gobierno uruguayo violador”.
A mitad de camino, en el kilómetro 28, aún permanece el refugio de Arroyo Verde; un pequeño salón levantado al lado del arroyo donde los asambleístas se reunían, y que en los tiempos de mayor euforia fue declarado paraje histórico cultural por la Legislatura entrerriana. Ahí mismo, un acoplado y una tranquera mantuvieron cortado el tránsito durante tres años y medio.
Con tanto para ver el recorrido se hace corto. Al llegar al lugar de la protesta, los agentes de Tránsito de la Municipalidad de Gualeguaychú ordenan a los autos. También llegan los micros de larga distancia con vecinos de diferentes barrios de la ciudad, a los que las empresas trasladaron sin cobrarles un centavo.
Familias enteras cargando canastos de mimbre y reposeras van llegando a la cabecera del puente. Se ubican y empiezan el mate mientras otros van encendiendo las brasas para asar chorizos, y más allá unas señoras derriten grasa para hacer -y vender- tortas fritas. Colores, saludos y olores son traídos y llevados por el viento frío.
Los periodistas, en su mayoría de medios de comunicación de Gualeguaychú, caminan ansiosos entre la gente perpetuando testimonios en sus grabadores y blocs de notas. También está esta vez el puesto de venta que tiene la Asamblea para recaudar fondos; todo objeto al que se le pueda estampar una frase tiene escrito “No a las papeleras” o una segunda opción un tanto más amplia: “Sí a la vida”. Y como cada año, tampoco faltan los dirigentes políticos incapaces de perderse la oportunidad de quedar bien con el pueblo.
Una vez realizada la oración ecuménica a cargo de representantes de todos los credos, empieza la marcha. Al frente de la multitud van los más chicos, los integrantes de la Asamblea Juvenil, que sostienen un cartel tan ancho como la ruta, que dice: “Salvemos nuestro futuro, paremos la contaminación”. Más allá, los ambientalistas uruguayos que llegaron hace dos días desde Montevideo y La Paloma levantan la bandera oriental. Entre todos ellos camina un padre con su gurí sentado en sus hombros, el chico se saca la campera y la madre se acerca por detrás e intenta volver a ponérsela. Es en vano, más allá vuelve a quitársela y esta vez la tira al piso. Una pareja de novios comparte besos y mates, dos amigas se fotografían y una nena vestida de rosado pasa esquivando gente arriba de sus patines.
La protesta tiene poco grito y puño en alto, más bien se parece a una tarde de otoño en el parque de la ciudad.
Este es su modo. Así fue en el abril de 2005 y así fue el siguiente, y el siguiente, y el siguiente; y así dicen que seguirá siendo hasta que cumplan su objetivo.


8/2/12

la visita que trajo la lluvia

Después del período de sequía finalmente llovió. Como soy una mujer del asfalto, todo lo que ocurrió después de la lluvia en los escasos metros cuadrados de césped que ahora tengo, me deslumbró.
La mañana siguiente a la primera lluvia apareció apostado en el umbral de la puerta del patio un bicho palo y se quedó allí tres o cuatro días. Casi ni se movía, y si lo hacía era cuando nadie lo veía. Ese bicho me encanta, era la segunda vez en mi vida que veía uno, me parece fantástico cómo puede confundirse con una ramita de árbol, y como no es asqueroso ni agresivo, con el bicho palo todo bien.
Lo que hacía años no veía y posterior a la lluvia vi, fue una repulsiva y rechoncha babosa. Algún repugnante instinto torturador debe haber en mí, porque sin dudarlo corrí en busca de la sal y me entretuve un buen rato viendo cómo la bicha se comprimía pizquita a pizquita. Allí quedó (porque todavía está) dura y seca, totalmente muerta.
Sigamos... la albahaca, el orégano y sobre todo el morrón que fue la última adquisición están hermosos, y lo estarían aún más de no ser por los cuatro hongos que no sé que tienen que venir a hacer a mi patio. Como si hubiera lugar para todos. Esos me joden a medias, no me agradan como el bicho palo pero tampoco me asquean tanto como la babosa.
Cuando ya creía que nada nuevo traería la humedad escuché a Damián a los gritos desde abajo preguntándome si quería ver una víbora...

¿Se ve?

Damián esperó a que yo termine de sacar fotos para empujar la víbora hasta la vereda


19/11/11

encontré restos de una vasija indígena

Es apenas una parte de algo más

Los decoraban con las uñas o con puntitas de huesos o palitos

El borde curvo indica que se trataba de un recipiente redondeado

Bueno, no fui yo sino Damián, pero "tus hallazgos son míos y los míos son tuyos", además yo tengo un blog para contarlo y él no.
En el lugar donde encontramos este pedacito de vasija de barro cocido vivieron alrededor de ocho mil chanaes, los habitantes originarios de esta costa del río Uuruguay. Del otro lado estaban los charrúas.
Los chanaes comercializaban con los guaraníes, que venían navegando desde el norte en sus canoas de timbó y por eso también en esta zona hay restos de objetos de ellos.


30/9/11

cinco oraciones a la hora de la siesta

Té de de manzanilla con anís, dulce de membrillo, la ventana de la sala abierta y generosa al viento que trae la lluvia.

El árbol del patio de al lado ya muestra unos tentadores ramilletes de nísperos y el otro de más acá una rosa china rosada.

Cierro los ojos para ejercitar mis oídos y escucho el motor de un auto, el trino de los pájaros y el aviso de un mensaje nuevo en mi celular.

No llueve más.

Estoy lista para lo que viene (que venga lo que venga, acá esto yo).


3/7/11

te elijo Entre Ríos

He tenido la suerte y la decisión de asomarme a ver otros paisajes, y sin embargo me quedo con los entrerrianos.



Me quedo con el verde. 
                  Me quedo con lo llano.               Con la modesta altura de las cuchillas. 
      Con los montes de espinillos chaparritos. 


Con las barrancas de un lado 
                                                        y las playas mansas del otro. 


Me quedo con los ríos anchos donde aprendí a nadar, donde quiero que mis hijos naden. 


              Me quedo con el misterio Chaná             
              que late en la tierra que piso,           
              que también pisaron los abuelos de mis abuelos. 
                                                                                    Y como ellos, 
                                                                                     que eligieron esta provincia, 
                                                                                     también la elijo yo.



Canción a Entre Ríos, Jaime Dávalos
   
Yo se que algún día te volveré a ver mi dulce Entre Ríos
Cerrando los ojos veo tus celajes y el linar azul
Y en el arrozal que a lo lejos tiembla fragante a rocío
La tierra fecunda se va imaginando llanuras de luz

Adentro de mi alma navega la luna tus lentas cuchillas
Dorando trigales las siestas ondulan soflamas de sol
Y un relincho rojo rodea en las nubes tus ganaderías
Maduros de polen convoco los días en esta canción

Te canto Entre Ríos ramaje del agua
Luceros de sangre fijaron tu rumbo en la eternidad
Y una lanza verde parada en las venas de cada entrerriano
Nos recuerda hermanos que es flor de la tierra nuestra libertad

Trabajan tu suelo las razas de todos los climas del mundo
Por eso la suma del amor humano tus hijos serán
Llevan en la sangre praderas jugosas de limo profundo
Y la generosa fuerza de la tierra que cruje en el pan

Guárdame en las ramas del alba una espiga de arroz cristalino
Lágrimas cuajadas de tu pueblo heroico sufrido y leal
Vuélveme los ojos de Pancho Ramírez hacia su Delfina   -----> esta es la parte que más me gusta
Y que en mi guitarra florezca cantando tu ancho litoral




Damián cantó a Entre Ríos en el lanzamiento de la temporada turística 2011:



Las chicas que bailan son del grupo RETUMBO.

22/4/11

recuerdos para turistas

De cada lugar que conocimos durante el viaje que hicimos después de casarnos me traje y dejé algo.

De Bahía Blanca me traje los caracoles del suelo y dejé el mar contaminado por las industrias. De Chole Choel me traje el río y dejé la siesta polvorienta. En Neuquén dejé tantos autos y me quedé con las calles. En Junín de los Andes dejé la apatía y me traje los ginkgos amarillos. De San Martín me traje el Lacar, y dejé la promesa de regresar con alguien más. De Villa La Angostura traje truchas y dejé el mal tiempo. En Temuco dejé una multa y traje respeto. De Santiago me traje el orden de lo público y dejé un piropo inoportuno. De Valparaíso traje sopaipilla y dejé el olor a pis de un baldío. En Viña del Mar dejé huellas en la arena y me traje azul y me traje sal. En Con Con dejé a Sabina sonando en un bar y me traje camarones con queso y una Canada Ginger Ale. En Mendoza dejé las horas de sueño que hacía días no tenía, y me traje la tonada que escuchaba un sereno. En Merlo dejé todas las ventas de artesanías y me traje el mejor atardecer, digno de un cóndor. En Rosario dejé un dolor de estómago y me traje, impregnado, el olor portuario a marihuana.




25/2/11

los títulos que nunca serán


Gioja le pidio perdón a los sanjuaninos por la contaminación

El intendente de Colón, Hugo Marsó, propone cortar el puente a Uruguay en apoyo al reclamo de los asambleístas


Por tercer año consecutivo, no hubo paro de docentes en Entre Ríos

Telecom abrió su oficina de atención al cliente en Gualeguaychú y cesan los reclamos

Ganó Kamarr y Marí Marí se quedó con el último lugar en el Carnaval del País

Gran Bretaña devolvió las Islas Malvinas a Argentina

Asambleístas de Gualeguaychú festejan en Arroyo Verde la erradicación de la pastera Botnia

"El kirchnerismo fue lo mejor que le pasó al país", expresó De Angeli, de rodillas

11/2/11

las aguas frescas del Chavo

Mata la sed, la ves y ya no querés beber


No es cerveza sin espuma, no es jugo de manzana, no es muestra de orina. Se parece también al jugo de tamarindo que el Chavo del 8 vendía en la entrada de la vecindad, pero tampoco lo es. Es agua de red que brotó de la canilla de un vecino de la plaza San Martín este viernes por la mañana.

9/12/10

el viaje

El post anterior le recordó a Marga esta poesía. Yo la desconocía pero si la recomendó Marga no podía ser menos que estupenda, pensé. Es de esas cosas que una debería leer durante el desayuno de cada mañana para recordar, entre otras cosas, que lo hermoso de llegar no es llegar sino haber ido, y que el ir es lo que cuenta. Cada cual elige cómo, a qué velocidad, con quiénes, dónde detenerse y qué fotografías tomar.
Kavafis propone un modo:


Itaca

Cuando partas hacia Itaca
pide que tu camino sea largo
y rico en aventuras y conocimiento.
A Lestrigones, Cíclopes
y furioso Poseidón no temas,
en tu camino no los encontrarás
mientras en alto mantengas tu pensamiento,
mientras una extraña sensación
invada tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes
y fiero Poseidón no encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si no es tu alma que ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que muchas mañanas de verano hayan en tu ruta
cuando con placer, con alegría
arribes a puertos nunca vistos.
Detente en los mercados fenicios
para comprar finos objetos:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
sensuales perfumes, -tantos como puedas-
y visita numerosas ciudades egipcias
para aprender de sus sabios.
Lleva a Itaca siempre en tu pensamiento,
llegar a ella es tu destino.
No apresures el viaje,
mejor que dure muchos años
y viejo seas cuando a ella llegues,
rico con lo que has ganado en el camino
sin esperar que Itaca te recompense.

A Itaca debes el maravilloso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino
y ahora nada tiene para ofrecerte.
Si pobre la encuentras, Itaca no te engañó.
Hoy que eres sabio, y en experiencias rico,
comprendes qué significan las Itacas.


Konstantinos Kavafis (1863-1933), poeta griego.


16/11/10

entre el río y el vaso

Potabilizar mil litros de agua en mi ciudad cuesta 60 centavos.
Por hora se potabilizan un millón de litros.
Por regla de tres simple deducimos entonces que cada hora se gastan 600 pesos para que el agua del río Gualeguaychú pueda beberse. 
Multiplicado por 24, que son las horas de un día, nos da 14.400 pesos.
Si seguimos multiplicando llegamos al resultado de 432.000 pesos invertidos en potabilización en un mes de 30 días, y 446.400 pesos en un mes de 31.

¿Qué hace esa doña refrescando las baldosas de la vereda todos los días?