11/1/12

por donde lo mires

El "carnaval del país", el que se hace en Gualeguaychú, es grande. Por más que vaya casi todas las noches de todos los años, siempre me deslumbra...


.... desde lejos

y de cerca

4/1/12

apronte... listos... YA!


Cuáles serán los desafíos este año, y cuántas las sorpresas...
Qué razón tendrán las lágrimas la próxima docena de meses; por qué reiremos y qué balance haremos cuando llegue diciembre otra vez.
Quiénes estarán conmigo cuando necesite abrazos; que me escuchen, que me lean; ¿serán los de siempre? ¿Aparecerán caras nuevas, nuevas voces y nuevos contactos en el celular?
Nos espera, en los días que vienen, un mundillo de cosas por conocer. Hay sabores esperando revolucionar tu boca y mi boca. Hay respuestas a nuestras preguntas. Hay textos con palabras seductoras a los que entregarnos como presas de un pulpo. Hay más amor para que des y recibas a la vuelta de los días.
Se vienen 366 amaneceres para ver, uno de yapa (dicen) para que no se te pierda la oportunidad.
2012 me intriga.
Me invita.
Me lleva atrevida a la vida.

3/1/12

estafadores turísticos

¿Cuánto pueden llegar a valer dos sándwiches de jamón y queso y una cerveza de litro?
Supongamos que los sándwiches cuesten 10 cada uno y la cerveza 15, tenemos 35 pesos en total; pero considerando que la cerveza es de las que vienen en botella verde calculemos... 25, y el total llega a 45. A lo sumo 55 si es que los sándwiches valen 15 en lugar de 10, pero más no.
¿Más no?
Depende dónde.
En la costanera de Gualeguaychú, frente a los obeliscos, para comer dos sándwiches de jamón y queso y tomarte una cerveza de litro tenés que pagar 90 pesos: 30 por cada chegusán y otros 30 por la Estela. 
conste la estafa
Como si eso fuera poco, después de pagar no te dan la factura que te corresponde, salvo que la pidas y esperes un buen rato hasta que la misma empleada poco entendida y bastante menos simpática que te atendió, llame a la dueña y le pregunte cómo hacerla.

El Estado municipal no puede imponer precios sino sugerirlos, así como tampoco puede retener a los turistas o pedirle de rodillas que regresen una vez que les hayan arrancado de esta manera la cabeza. 

Me apena que por estos injustos paguen los justos que cobran lo razonable por el servicio que prestan y entienden de qué se trata el turismo, porque el que llegó de otra ciudad y se sentó donde me senté yo y pagó lo que pagué yo, no vuelve (ni a la mesita frente a los obeliscos, ni a la ciudad).

30/12/11

balance bloggero

Comencé el 2011 indignándome con incongruencias que se me hacen inadmisibles y riéndome de la gente que no admite su responsabilidad ante el exceso de peso que refleja la balanza.
En febrero titulé lo imposible; y como ya había avisado que en abril me casaba, en el trabajo fueron preparándome para la boda.
En marzo Gualeguaychú vivió las últimas noches de carnaval, las del carnaval grande, famoso y opulento y las del otro, el carnaval de siempre.
Abril fue maravilloso, tomé la decisión más importante y hermosamente suspensiva de mi vida, y como si eso no alcanzara salimos a la deriva sin reservas ni mapas marcados a darnos muchos besos.
Mayo fue el último mes que tuvimos albahaca, y alcanzó para todos. Después llegó el invierno y se heló.
En junio cayeron dos cosas que tiempo atrás no hubiéramos imaginado ver caer: ceniza volcánica en el litoral y River Plate a la B.
En julio volví al Palmar, llegué a sentarme muy cerca de un carpincho y eso bastó para volver a enamorarme de mi provincia.
En agosto la revolución vino del lado laboral; de golpe y porrazo me encontré conduciendo el programa periodístico de la tarde: Más tarde que nunca, con todo el cagazo de toda primera vez.

En esta parte del mundo septiembre trae consigo la primavera, y supongo que habrá sido ese renacer de las cosas vivas que agudizó mis sentidos aquel jueves.
Y la vida siguió despabilándose en octubre, sobre todo el decimoprimer día de ese mes cuando llegó Yamandú.
Noviembre trajo la lluvia, y cuando paró. ¿Paró?. Hubo cosas que no volvieron a ser iguales que antes. Ese mes sonaron acordeones en el cielo y algo en mí también cambió. Será por eso, no se, que volví a hacer cosas que ya no hacía.
Todo, aunque aveces parezca al revés, tiene que ver con la vida.
Diciembre tiene que ver con la mía. Cumplí 27 en el 2011 y eso ya me sonó a casi 30.


Nadie miente cuando dicen "el año pasó volando", queriendo decir en realidad que pasó (volando) rápido. Esa es la sensación que nos da llegar a los últimos días del almanaque. Mejor así, quiere decir que no nos hemos gastado los días sentados bajo un higuera viendo la vida pasar, sino que hemos hecho cosas. Los anuarios y balances sirven para eso, creo yo. Recordar qué hicimos, pensar qué dejamos para el año que viene, caer en la cuenta de que hay cosas impensadas que finalmente pasan y sin embargo acá seguimos... en pie.

Chin chin por este 2011 y que el 2012 nos suspenda un rato cada día.



26/12/11

El ángel de Sábat

"El ángel de Sabat", así tituló la tía Marga lo que escribió a poquitos días del fallecimiento de mi viejo, y así tituló el correo electrónico en el que me lo mostró.
Empecé a leerlo sin saber de qué se trataba. Marga suele enviar textos deliciosos, suyos o de otros y siempre vale la pena frenar y saborearlos.
Ese que llegó el 15 de noviembre resultó ser suyo, resultó ser bello, espontaneo y puro. Luego de leerlo dos o tres veces y con mis cachetes empapados pensé en pintar ese ángel, no como Sabat, sino como yo podría hacerlo, pero sin embargo no he podido/querido/intentado/sabido...
Y ante la ausencia de valor para el pincel rescaté una foto que le saqué hace poco más de un año en el campo, el lugar donde más era él; y con esa me quedo para hacerle compañía a las palabras que le puso Marga a su recuerdo:




Sentada en la incómoda butaca del ómnibus que la lleva desde La Plata a Retiro, cuando el sueño va ganándole la partida a sus tercos párpados, un golpe de lucidez potente como un rayo, sacude su letargo y le trae desde los meandros de su caprichosa memoria, la presencia casi tangible de ese hombre grandote y buenazo, de mirada profundamente clara y mansa. Escucha, cree escuchar: "Qué suerte que llegaste, negra, sabía que vendrías a tomar unos amargos". Apenas eso decía -recuerda- mientras cebaba despaciosamente sus mates, como parte de un ritual ineludible y compartido, matizado con su charla pausada y parca.
  Piensa, ella piensa que esos ojos claros de mirar hondo y sin dobleces se cerraron hace unos días... ¿para siempre?  Un espejo hecho añicos aún conserva aunque sea en un mínimo trozo algo de lo que ha reflejado, recuerda que leyó algo así, no sabe exactamente dónde... ni siquiera importa. Algún espejo se asemeja a esos ojos, guarda  esa figura de una manera insondable, piensa. 
  Tal vez sea cierto lo que escribió Sabina y en una de ésas hay sonidos de acordeones en el cielo. En una de ésas.... Pero debe ser uno solo ese acordeón. Uno solo. Y acariciado por las manos  de ese hombre altísimo, bello, con cara de bueno, regalando mansedumbre y una calma tan necesaria para los corazones heridos.
  Y quizás existan los ángeles, ¿quién sabe? Ella  necesita  creerlo. ¿Será como una de las  tiernas caricaturas de Sábat?  Seguramente, se dice. Lo más probable es que sea uno de esos  ángeles, con un enorme corazón, profundos ojos claros y abrazado a un acordeón, debajo de un arco de fútbol. Porque, sigue recordando, dicen que fue arquero, que atajaba  hasta las pelotas imposibles. Tal vez por eso, porque  estaba acostumbrado a defender el arco, a atajarlas a todas, se olvidó de una última gambeta.
  El ángel de Sábat detiene su mirada clara en éstos, sus oscuros ojos brillosos, le ofrece un último mate amargo.  Y ella piensa que esos gestos alcanzan para llevar  paz a su corazón un poco destartalado y siempre inquieto.
 

24/12/11

jota, a, jota y a

No hay una carcajada igual a la otra y sin embargo todas son hermosas; las hay mudas, entrecortadas, estridentes y esas terriblemente contagiosas.
Duele la panza, lloran los ojos, se inunda el aire de a, jota y a.
Se salen solas sin permiso... como los estornudos. Y los rostros se vuelven niños. Se embellecen.
Hay sonrisas falsas, pero carcajadas no. 
La resaca de una carcajada es puro placer, porque algo vibró dentro llegando a cada rincón del cuerpo haciendo cosquillas. 
Se siente rico sacarle una carcajada a alguien. 
No hay como el coro de muchas risas a la vez; pero qué decir de las carcajadas bebé, de esas risotadas gordas, ahogadas, mojaditas en baba que nacen del beso ruidoso de mamá en el ombligo.








Se escapa el alma por la boca cuando reímos.