23/6/13

pasos

Fueron tres.
Chiquititos.
Titubeantes primero, decididos después. Firmes un segundo. Débiles al fin.
Nacieron con una canción del negro Aguirre de fondo, entre variopintos objetos indefensos.
Con papá en la largada y mamá en la meta.

19/6/13

La tía

Aparece en las fotos de todos los bautismos, primeras comuniones, recepciones y hasta en un par de vacaciones de todos sus sobrinos. Dicen que a falta de hijos propios fue haciéndose cada vez más tía y al llegar al decimosexto sobrino ya nadie podía ser más tía que ella. Es que María Rosa es un montón de cosas: mujer esbelta de mirada clara, propensa a la lectura de novelas, maestra rural, poeta en la intimidad de sus noches a solas, católica de las que van a misa y saben rezar el rosario, supervisora de enseñanza privada, ahora jubilada, consumidora de excursiones por el mundo y esmaltes para uñas perlados; se enojaba con Menem como ahora con Cristina y con Boudou, usuaria de Facebook y no muy buena cocinera, lectora de diarios, oyente de radio y de las canciones más románticas de Perales y Marco Antonio Solis. Pero por sobre todas las cosas es tía. En mi diccionario la palabra tía se define con su nombre. No se bien cuántos años cumple hoy pero allí estaremos celebrando su vida porque ella siempre ha estado presente en la nuestra.

3/6/13

un Snoopy en Magnasco al norte

 Los bichos no dejan de sorprenderme, y pareciera que en mi nuevo (aún soy nueva en esta parte de la ciudad) barrio, más todavía.
Hace un tiempo y a pocas cuadras de mi casa encontré, sin soporte que lo sostuviera, a un perro sentado sobre sus muslos manteniendo su lomo derecho y en perfecto equilibrio cual maestro de yoga. (Haga click acá para verlo).

Y ahora esto:

22/5/13

del patio a la salsa

Ya lo he dicho: yo de botánica, cero. Distingo apenas un par de especies arbóreas y las flores, a excepción de las más conocidas, se me confunden todas. Creo que de niña no me cultivaron el interés por esta parte de  la creación, sí el respeto, sí el cuidado, pero la instrucción fue poca y nunca nada que estuviera aferrado a la tierra alcanzó a maravillarme.
Una vez plantamos un árbol en el patio del colegio, pero el proyecto fue tan colectivo que se diluyó. Fuimos todos y por lo tanto nadie en particular (y menos yo). No recuerdo de qué especie se trataba y nunca me acordé de observar cómo crecía. No sabría decir exactamente dónde está, si es que aún está. También tuvimos una huerta. Todos los terceros grados cuidaban una durante el año. Yo prefería sacar los yuyos con un cuchillo viejo de mi abuela y abocarme más bien a la confección y mantenimiento del espantapájaros.
Sin embargo ahora, que estoy grande y sentada al lado de la ventana que da al patio, me conmueve ver tres frutos rojos agobiando con su peso los gajos de la planta de morrón que yo misma planté. Sin tener ni la más mínima idea de cuál sería el lugar más apropiado y sin otorgarle mayor cuidado que el de echarle un poco de agua cuando pasaban días sin llover, nacieron morrones. Y son mis morrones, y los puedo cortar en cubitos  chiquititos y ponerlos en la ensalada como hago con los morrones que compro en lo de Chiche.
Es vida y es alimento que se ofrece generoso desde ese rincón de nuestro patio.




18/5/13

palabras encarnadas



Las palabras tienen dueño, por ejemplo: la palabra "epíteto" es de mi madre. Sucede que los dueños de las palabras no son plenamente conscientes de su pertenencia. Con seguridad puedo afirmar que mi madre no sabe que "epíteto" le pertenece. Lo sé yo, y quizás alguien más. Y lo sé porque leyendo una página de un libro encontré esa palabra. Entonces se fue Horacio y el Club y la Maga enfermera de Pola y apareció mi madre pronunciándola. "Epíteto". Sólo esa, ni la que le antecedía y la que proseguía. La dijo, porque era su palabra, y se fue.
Las palabras se les encarnan a sus dueños en la piel de la cara, y cuando esto sucede ya no hay nada que hacer. Todos nos iremos con nuestras palabras encarnadas, en la comisura de los labios, debajo de los ojos, entre la ceja y el párpado. Eso depende de cada palabra. Están a las que les sientan bien los pómulos y a las que no.

13/5/13

anoche

/Silbo en la oscuridad, 
Animal sin reposo; 
Torres de la vigilia, 
Candela de los ojos/

Siempre,
de alguna manera volvés.
Parecías tan real...
Inequívoco,
flagrante.
Si hasta pude escuchar eso que nunca te animaste a decir.
(¿O era lo que yo quería que dijeras?)
Palabra por palabra.
¡Al fin!
entrecortadas,
apuradas,
amontonadas,
susurradas, desesperadas
así.
como una gota detrás de otra
fueron cayendo sobre mí,
golpeándome.
Llevaba años esperando,
generando situaciones oportunas,
arriando agotada el curso de las cosas,
tratando de que fuera tu boca la que hablara y no las otras.
Tu voz.
Desesperé, insistí, lloré,
y finalmente decidí cansarme.
Irme,
y que te fueras.
Que te fueras en serio.
Vos y tus palabras no dichas.

Sin embargo anoche...